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El Santo Encuentro y el Paso del Sacerdote

El acto comienza alrededor de las 11am con una representación del juicio de Cristo ante Poncio Pilatos, en la entrada de la Santa Escuela (a la izquierda de la Parroquia).

Enseguida empieza la procesión, encabezada por el estandarte original del padre Alfaro, y la imagen del siglo XVIII de San Roque. Penitentes descalzos llevando coronas de espinas y silicios (túnicas de tela áspera) y portando calaveras (significando la muerte, el paso de la vida terrenal a la vida eterna) o cruces son seguidos por los soldados romanos y cuatro hombres llevando en andas a la imagen del siglo XVIII del Señor de Ecce Homo (el latín de “He aquí al Hombre”). El párroco actual, el Padre Primitivo, sigue la procesión con una cruz a cuestas, como lo hacía el Padre Alfaro en la procesión original. A su lado caminan los dos ladrones, Dimas y Gestas, crucificados a los lados de Cristo. Después viene la imagen de Jesús Nazareno, con un mecanismo especial que le permite levantar la cabeza. La imagen es llevada en andas por 22 hombres. Cierran la procesión otras cuatro imágenes: San Juan, la Magdalena, María Cleofás y la Verónica, llevando el paño con que limpió el sudor y la sangre del rostro de Cristo. 

La procesión fue iniciada por el Padre Luis Felipe Neri de Alfaro, fundador del Santuario de Atotonilco. Una maravillosa pintura de Antonio Martínez de Pocasangre que retrata la procesión original del Padre Alfaro, puede ser vista en la Capilla del Calvario en el Santuario. Esta procesión se llevó a cabo por primera vez alrededor de 1756. Era originalmente un Via Crucis completo, con 14 cruces que aun pueden ser vistas en las paredes de las calles de Correo, Corregidora, Juárez, Mesones y San Francisco, marcaban las 14 estaciones. 

Rubén Villasana, organizador del Santo Encuentro dijo que “actualmente sólo vemos representadas tres estaciones: la primera, que es la sentencia, la segunda que es Jesús cargando la cruz, y la cuarta que es el punto principal de la procesión: el encuentro de Jesús con su madre”. Villasana explicó también que a lo largo de los siglos la procesión se vio muy reducida, y sólo iba de la Santa Escuela a la Parroquia. En la década de los 70 salió a las calles que rodean la Parroquia: Cuna de Allende, Cuadrante y Sollano. Actualmente recorre Correo, Corregidora, San Francisco, y rodeando el Jardín regresa a la Parroquia en donde tiene lugar el Santo Encuentro. Otras cosas que han cambiado en los últimos 50 años son la representación de las figuras religiosas. “Actualmente las imágenes lucen más elegantes y dignificadas, y tienen sus propias andas”. Según Villasana, los penitentes fueron rescatados de la procesión original, pues anteriormente no aparecían. 

La Procesión del Santo Entierro

La más solmene y larga procesión de Semana Santa es indudablemente el Santo Entierro, que sale del Oratorio el Viernes Santo a las 5pm

El Santo Entierro comenzó en 1712, cuando la Congregación del Oratorio fue fundada por el Padre Antonio Pérez de Espinosa. Manuel Tomás de la Canal instituyó la Procesión que recuerda la tradición española que venera a la Virgen de la Soledad. 

Un crucifijo llamado el Señor de la Inspiración encabeza la procesión; es llevado en andas por seis jóvenes y seguido por un grupo de 24 soldados romanos. En seguida pasan las niñas vestidas de blanco llevando angelitos. Seis grupos de mujeres vestidas de negro con velo de encaje y peineta, llevan las imágenes de los arcángeles, mientras otras mujeres también de negro, llevan las farolas que rodean la procesión. Luego sigue la urna de cristal que contiene el cuerpo de Cristo, llevada en andas por 36 hombres vestidos de traje. El cortejo es seguido por tres sacerdotes, que caminan bajo un palio de color dorado y morado. Otro grupo de mujeres de negro llevan a la Virgen de la Soledad y finalmente vienen las imágenes del Apóstol Juan, María Magdalena, Nicodemo y José de Arimatea. 

Según María Eugenia Cerroblanco, que participa en la procesión desde hace más de 40 años, hace algunos años la procesión era más corta de lo que es actualmente. Salía del Oratorio y avanzaba por Pepe Llanos, Mesones, Reloj e Insurgentes para regresar de nuevo al Oratorio.

 “Alrededor de 1976, la procesión empezó a seguir un recorrido más largo –que se mantiene hasta ahora –por las calles de Pepe Llanos, Juárez, San Francisco, Jardín, Hidalgo y Mesones,” dijo Cerroblanco. 

Entre otras cosas que han cambiado en la procesión, mencionó la introducción de las imágenes de los arcángeles y de los santos varones, Nicodemo y José de Arimatea, que antes no salían. “También se agregaron en 1976”, recuerda. Dijo también que igualmente los romanos fueron introducidos en 1976. 

La imagen de Jesús originalmente usada en la procesión no es original. La original se encuentra en el Altar de las Almas en el Oratorio. La imagen actualmente usada data de 1967 y fue hecha por el artesano Jesús Vidargas. Hace años, la urna de cristal con el cuerpo de Cristo era más sencilla y ligera. La actual, que data de 1970, incluye tallados dorados más elaborados, y pesa cerca de tres toneladas. 

Cerroblanco ha participado en la procesión desde que tenía siete años, primero como ángel con su vestido de primera comunión. Cuando fue una mujer soltera llevó el manto de la Virgen y actualmente es una de las mujeres de negro que llevan a la Virgen. Sus hijas actualmente llevan el manto de la Virgen. “Desde que tengo siete años, nunca he fallado a la Procesión del Santo Entierro, cada año”, dijo. 

Don Inés Granados

Don Inés Granados era el viejecito que por muchos años encabezó las procesiones del Santo Encuentro y el Santo Entierro, tocando su chirimía, una especie de flauta. Según María Eugenia Cerroblanco, Don Inés producía con su flauta un sonido muy especial de su propia inspiración. 

“Parecía que salía de su alma”, comenta Cerroblanco. Don Inés también participaba en diversos actos religiosos durante el año. Podía vérsele sentado frente a alguna iglesia tocando su instrumento. “Era un arriero y a veces trabajaba como albañil. Murió como hace ocho años”, recordó María Eugenia. 

 



Sentido Adiós a Don Félix Luna
Por Gabriela Blanco

Tras una larga enfermedad, el pasado jueves 6 de marzo falleció en esta ciudad Don Félix Luna Romero, artesano, historiador y gran promotor de las costumbres, raíces y cultura de este pueblo. He aquí el testimonio de la gente que lo conoció y que como él luchan por la preservación de las tradiciones sanmiguelenses.

Don Félix Luna tuvo un papel medular en el rescate de las tradiciones autenticas y la conciencia histórica sobre la personalidad de de nuestra ciudad. Fue un hombre dinámico y entregado a su ciudad y a su gente. Obviamente su partida es lamentable, y precisamente ahora que San Miguel de Allende vive momentos tan importantes como el ser nombrado patrimonio cultural de la humanidad.

Don Félix Luna deja una huella profunda en la memoria de todos lo que lo conocieron y en toda la gente que, como él, han trabajado en el rescate del verdadero valor de esta ciudad y contribuyen para que San Miguel se de a conocer en el mundo.

Graciela Cruz, historiadora a cargo de la creación del archivo para la lista del patrimonio mundial de San Miguel


Don Félix Luna fue un personaje importante en San Miguel de Allende por que una era una persona comprometida que servía sin egoísmos, sin dobleces, con entrega, una persona útil a su comunidad. Por que el artista, el artesano y el conservador de las tradiciones puede morir pero que las costumbres y las tradiciones no mueran.

Don Félix dejo una profunda huella en su paso por esta vida y su herencia debe de ser que los que continúen en este camino defiendan, preserven las costumbres y tradiciones que hacen de nuestro pueblo lo que es. Un pueblo rico en cultura y que defiende lo suyo.

Don Genaro Almanza, artesano y miembro del grupo de artistas religiosos.


Don Félix Luna era un conocedor de lo que son nuestras raíces, lo ubico como un fiel representante de las etnias y una persona sumamente preocupada por que se preserven estas etnias. Siempre estaba muy fijo de que se empataran las fiestas paganas con las religiosas, que se mezclaran las culturas que habitan en San Miguel. Era una persona que trataba bien a toda la gente por que tenía mucho tacto y eso le ayudaba mucho a la hora de organizar los eventos, que realizaba.

Quedan muchos recuerdos de él, lástima que no quede constancia escrita y documentada de todo aquello que Don Félix sabía acerca de San Miguel. Queda un libro que escribió Luna pero todos los demás conocimientos se van con él y es debería de preocuparnos por que como Don Félix hay mucha gente conocedora de las tradiciones que se nos está yendo y se lleva a la tumba todas sus experiencias y sus testimonios históricos, esto es muy lamentable y alarmante por que no se debe perder el patrimonio intangible de nuestro pueblo.

Jesús Ledesma, jefe de educación de la Dirección de Educación y Cultura de San Miguel de Allende


Don Félix Luna era una persona que trabajó desinteresadamente por su pueblo a través de sus tradiciones que siempre trató de conservar. Su única motivación era que todos los sanmiguelenses conocieran y pusieran en práctica esas tradiciones. En estas actividades y por el trabajo de rescatar las tradiciones uno invierte tiempo se aleja de la familia y gasta dinero de su bolsillo, dinero que a veces no se tiene tan sólo por el cariño que uno le tiene a sus tradiciones.

Rubén Villasana organizador del Santo Encuentro.


Don Félix fue un gran colaborador, desde que yo llegué al Museo, hace más de diez años, el se presentó con toda la disposición, trabajo y buena voluntad que le caracterizaba. El me ayudó mucho con la celebración de las tradiciones como el Viernes de Dolores, las ofrendas del Día de Muertos, el Jueves de Corpus Christi, colocando en las ofrendas los elementos reales y tradicionales de aquí, de San Miguel. Fue un excelente amigo, siempre acudió a ayudarme en todo lo que necesitara, una persona entrañable, hice una buena amistad con él, un gran asesor, siempre dispuesto a colaborar.

Matilde González Directora del Museo Allende

 



Mi amigo Don Félix
Por Tania Noriz

Cuando empecé a trabajar en el Atención nuca imaginé a toda la gente maravillosa que estaba apunto de conocer. Una de esas personas fue Don Félix Luna, a quien conocí gracias a Susana quien me asignó una nota sobre las festividades del Señor de La Conquista que preceden a las fiestas de la Semana Santa allá por marzo de 2004. 

Susana me pidió que fuera a ver a Don Félix a quien se refirió como “un señor que sabe mucho y es descendiente de chichimecas.” Yo pensé “¡ahhhh!” y me fui caminando a su casa que está en la esquina de Hernández Macías con la Calzada de la Luz.

Me recibió en la sala de su casa, rodeada de imágenes barrocas de cartón, libros y mucha historia. Durante tres horas, Don Félix, quien yo no sabía que era un importante y reconocido historiador de San Miguel, me contó la raíz de la festividad, mientras me abría los ojos a un mundo, hasta entonces, desconocido para mí, de tradiciones y festejos, religiosos y no tan religiosos del municipio y la región. 

A través de él aprendí a querer esta tierra sin haber nacido en ella y aprendí historias, leyendas y usos y costumbres de San Miguel que seguramente le transmitiré a mi hijo en las diferentes etapas de su vida. Después de todo, así es como uno hace que la historia y memorias de un pueblo no mueran, y estoy segura de que Don Félix ha contribuido enormemente a que eso no suceda.

Por lo menos en lo que a mí toca, nunca borraré de mi mente las imágenes que se crearon en ella cuando Don Félix me contaba a cerca de los Hortelanos, los padres de lo que se conoce ahora como Los Locos, y como éstos lanzaban peras y frutos de las hortalizas que había allá por donde ahora es la Colonia San Antonio, dando gracias por la cosecha del año y pidiendo bendiciones para sus familias. O me imaginaba a Doña Josefa Lina de La Canal supervisando con todo y las “mariposas que le salían por la nariz,” las obras del Templo y Convento de la Concepción ahora conocidos como Las Monjas y Bellas Artes.

Me gustaba que me platicara de los carnavales de Semana Santa, de las tradiciones religiosas que iniciaron o tuvieron auge allá por el siglo XVIII; del significado de las piñatas en las posadas navideñas o de las raíces del Día de Muertos y la historia de los altares en las fuentes de la ciudad y de las paletas y nieves que se obsequian en las casas de San Miguel durante el Viernes de Dolores, tradición que simboliza un “esfuerzo de los del pueblo por que las lágrimas de la Virgen no caigan al suelo.”

Don Félix nació aquí en San Miguel un 25 de abril de 1941. Hijo de artesano, se hizo artesano también. “Mis antepasados, mi padre, eran artesanos del tejido de rebozos, un negocio muy prolífero desde el siglo XVIII,” me contó la última vez que nos vimos y aunque él se inclinó por la cartonería y la composición de imágenes religiosas que lo llevaron a ser reconocido por todo el mundo a través del programa de televisión México, Magia y Encuentro en 1971, también incursionó un poco en la hechura de rebozos. “Era muy pequeño y lo único que aprendí era echarle a perder a mi papá sus rebozos, pero de alguna manera heredé el arte de hacer algo con mis manos.”

Don Félix fue un artesano muy prolífico, de 1978 a 2005 creó piezas ganadoras de concursos artesanales. Su trabajo de vírgenes, ángeles, cruces y rosetones fue conocido en Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia y España. También se encuentra en capillas personales de importantes políticos mexicanos.

También tenía proyectos interesantes. La última vez que platiqué con él me contó de a cerca de la creación de un museo de arte popular para los que elaboró piezas en cartonería con escenas de fiestas y tradiciones de San Miguel, para contribuir precisamente a acercar a al pueblo a la historia de la ciudad. 

Y es que para él era igual de importante transmitir las historia de su tierra que contribuir al arte popular regional que según él debe ser “una herencia importante que se debe trasmitir de familia a familia.”

Yo no era de su familia, pero aprendí mucho de él. En mi dejó sembrada una importante semilla de amor por este lugar que mi hijo heredará al igual que los hijos de mis hijos. Don Félix se fue sin que supiera lo importante que era para mí y el gran respeto y afecto que aún y después de su partida le sigo teniendo.

Para mi fue un maestro y un amigo al que le encontrado ya un lugar muy especial en mi corazón, y seguramente le visitaré de vez en cuando, cuando cuente o escriba de las historias que él tan cariñosamente me enseñó.