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Estos camiones urbanos circulan desde las más alejadas colonias, y de las comunidades rurales, hacia el centro, congestionando las angostas calles y convergiendo la mayor parte de ellos en Insurgentes, frente al Oratorio. |
Es común ver uno o varios camiones parando el tráfico mientras los pasajeros se suben o se bajan.
Las autoridades locales están tratando de resolver los problemas de tráfico y contaminación al exigir a los concesionarios del transporte público que reemplacen las viejas unidades de 10 metros por unidades nuevas de 8.5 metros.
Larga vida a los urbanos
| “Según la ley de tránsito municipal, los urbanos pueden tener una vida productiva de 10 años más cinco años de prórroga”, dijo Samuel Mercadillo, director de Transito Municipal. |

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“Sin embargo, si la unidad no está en buenas condiciones físicas y mecánicas, no se otorga la extensión.
Mercadillo dijo que cuando la unidad ha terminado su vida útil, el concesionario debe reemplazarla con una nueva. “Estamos exigiendo unidades con no más de 8.5 metros de largo”, dijo. Actualmente, el 37 por ciento de los camiones ya han sido cambiados por los más cortos. “Es imposible que se exija a los concesionarios que cambien todas las unidades a la vez, puesto que es una inversión de cuando menos 800 mil pesos por unidad, además de que muchos de los autobuses viejos están aún dentro de su vida productiva”.
Según Mercadillo, la capacidad de los nuevos camiones es de 29 pasajeros parados más 12 personas de pié, mientras que los viejos tienen capacidad de 35 o 40 personas sentadas más 14 0 16 de pié.
“Algunas personas dicen que hay muchos camiones circulando por Insurgentes, pero deben de entender que casi todos ellos convergen en esta calle. Nuestra meta es reducir su paso a través del centro para reducir el impacto ambiental y vial en la medida de lo posible, introduciendo las nuevas unidades más pequeñas y probablemente modificando las rutas en un futuro. Estamos realizando estudios viales al respecto”.
Todos los urbanos que circulan por la ciudad requieren someterse a una revisión física y mecánica dos veces por año, en enero y julio, lo que según Mercadillo ha reducido la incidencia de accidentes con el transporte público. “Hace varios años, hubo un accidente en el que un urbano chocó contra una pared en Hernández Macías; otro más chocó con una casa en Quebrada porque se quedó sin frenos Durante la pasada administración y lo que va de ésta, no ha habido accidentes con el transporte público,” dijo.
Todas las unidades del transporte público deben de pasar la verificación vehicular para control de emisiones en el Centro de Verificación No. 1, ubicado en la Salida a Dolores. Fidel González, empleado del centro de verificación, señaló que todas las unidades deben pasar la verificación cuatro veces al año, enero y febrero; abril y mayo; julio y agosto; y octubre y noviembre. La calcomanía de la verificación se encuentra pegada en el parabrisas de los urbanos.
Checando los urbanos
Todas las rutas pasan por las paradas cada 10 o 12 minutos, dependiendo de la ruta y de la hora. En horas pico, la frecuencia se cierra a 4 o 5 minutos. En promedio un camión completa su recorrido en 45 minutos.
Según Mercadillo, el personal de la dirección de Tránsito está constantemente checando las condiciones físicas y mecánicas de los autobuses así como la condición física de los conductores. “Si se detecta a algún conductor que haya consumido droga o alcohol, se le suspende inmediatamente del servicio público”, dijo. “Los martes, día del tianguis, se tiene una supervisión más estricta. Hay más usuarios por lo que las frecuencias de paso se cierran y los conductores compiten por el pasaje. Tenemos que ser más estrictos para evitar excesos de velocidad”.
Según Mercadillo, el transporte público da servicio a 50 colonias y 540 comunidades. “No todas las comunidades tienen un servicio para ellas solas. Las comunidades cercanas comparten rutas”, dijo.
Alejandro y José Manuel, oficiales de tránsito asignados al área de transporte público, dijeron que los urbanos generalmente cumplen con los horarios y frecuencias establecidas. “Los conductores generalmente cumplen con las reglas. Están uniformados, cumplen los horarios y tienen documentos en orden”, dijo José Manuel. “Sus respectivas empresas los están checando constantemente. El principal problema que tenemos con ellos es que a veces hay competencia entre los choferes por ganar el pasaje”, dijo Alejandro.
Hablan los usuarios del transporte
Los sanmiguelenses tienen diferentes opiniones sobre el servicio de transporte público. La mayor parte de ellos no se han dado cuenta de los nuevos camiones más pequeños.
María del Carmen, ama de casa de 35 años, piensa que el servicio es bueno y que los conductores son amables. Usa constantemente el servicio, principalmente la ruta de la Calzada de la Estación. No se había dado cuenta de los nuevos camiones.
José Luis, herrero de 30 años, piensa que los conductores son atrabancados y el servicio es irregular. Usa el servicio dos o tres veces al día, principalmente la ruta de Calzada de la Estación.
Alma, empleada de 19 años, dijo que el servicio es irregular. “Los choferes no son tan amables”, dijo.
Patty, que trabaja por su cuenta, dijo que los conductores más jóvenes son irresponsables y sólo están jugando y platicando con otros choferes, y que generalmente ponen la música a todo volumen. Considera que las unidades son muy grandes para las calles de San Miguel. No se había dado cuenta de los camiones más pequeños.
Hugo, estudiante de 23 años, dijo que los conductores no son amables. “Cuando uno les da las gracias, ni siquiera contestan”, dijo. No había notado las unidades nuevas.
Balbino, plomero y electricista de 45 años, usa el transporte público cinco o seis veces al día. “Como voy de casa en casa haciendo trabajos, lo uso mucho: Sería muy caro moverme en taxi. El servicio es bueno y los conductores amables”, dijo. Considera que el tamaño de las unidades es adecuado. “Somos muchos usuarios y con camiones más pequeños no sería suficiente. La gente que se opone a los camiones debería pensar en todas las personas que necesitamos el servicio”.
Rafaela, ama de casa de 50 años dijo que los conductores de los urbanos son muy cuidadosos al manejar. “En efecto hay mucho camiones, pero son necesarios. Hay muchos usuarios que no podemos gastar en taxis”.
Teresa, ama de casa de 60 años, comentó que los choferes a veces usan palabras altisonantes con otros compañeros y que los camiones son muy grandes para San Miguel.
Gerald, residente norteamericano de 67 años, usa el servicio por lo menos una vez por semana. “Es bastante rápido y bueno” dijo. “Pero algunas unidades están en malas condiciones y son demasiado grandes para la ciudad. Aún los nuevos no son lo suficientemente pequeños. Morelia es una ciudad más grande y tiene camiones más pequeños”.
Jean, residente norteamericana de 75 años, piensa que el servicio es bueno pero los camiones son demasiado grande para calles tan angostas. “Usar combies sería mejor”, dijo.
Los concesionarios
Cuatro cooperativas tienen actualmente la concesión del transporte público y cada una se distingue por una línea de color en sus camiones. El 70 por ciento de los autobuses de la ciudad pertenecen a la Unión de Permisionarios de Transporte Urbano y Suburbano, que se distingue con una línea azul y está formada por 29 socios.
“Antes de contratar a un chofer, tiene que someterse a un examen anti-doping”, dijo Fidel Corona, secretario de la cooperativa, quien explicó que los conductores tienen que ser mayores de 21 años y tienen que tener la licencia tipo B que les permite conducir un transporte público de pasajeros. “Cada conductor y su asistente tienen que usar un uniforme (camisa azul), y tener una credencial expedida por la cooperativa, que tiene que estar a la vista del público”, dijo Corona.
Antes de comenzar a trabajar, el conductor debe tomar un curso de 18 horas. “Desgraciadamente no podemos forzar a los choferes a tomar más capacitación puesto que como trabajan por comisión no pueden perder un día de trabajo. El día que no trabajan no ganan”, dijo Corona. Según él, los conductores de los urbanos ganan un 20 por ciento de comisión del número de pasaje que suben. “Su salario diario sería alrededor de 250 y 300 pesos”, dijo. Añadió que es muy difícil controlas el número de pasajeros. “La mayor parte de las veces tenemos que aceptar la cantidad que declara el conductor. Aunque les exigimos que entreguen el boleto al pasajero, no siempre lo hacen y el dinero correspondiente a esos pasajes no se declara. Les pedimos a los usuarios que nos ayuden y exijan su boleto, ya que además incluya un seguro contra accidentes para el pasajero”.
Los propietarios de camiones se quejan también de los malos modales de algunos pasajeros. “Los usuarios se quejan del mal trato por parte del conductor, pero a veces los pasajeros son aún más groseros que el propios chofer”, dijo Corona, quien explicó que algunos pasajeros exigen al conductor que los baje en determinado lugar y si el chofer se niega, el pasajero lo insulta. “Los usuarios tienen que entender que el chofer sólo se puede detener en las paradas autorizadas. De hacerlo en otro lugar puede ser sancionado por la autoridad”.
Hay algunos otros usuarios, principalmente estudiantes, que dañan la unidad. “Rompen el asiento o pintan las ventanas. Las autoridades nos exigen que mantengamos las unidades en excelentes condiciones. Si ven algún daño en ellas nos exigen repararlo y eso significa un gasto”, dijo Corona.
Según él, cerca del 30 por ciento de las unidades en la ciudad son modelos 1994 o 1995, por lo que en dos o tres años serán reemplazadas por los nuevos vehículos más cortos.
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