Casa Esperanza: de la calle a la vida
Por Jesús Ibarra

Es frecuente ver niños vendiendo chicles o dulces o sólo pidiendo dinero por las calles de San Miguel. La mayor parte de estos niños han dejado la escuela debido a que su familia no tiene recursos. 

Algunos son enviados por sus propios padres a pedir dinero para ayudar al sostenimiento de la casa. Unos más han dejado su casa por problemas familiares o simplemente por que han encontrado una manera fácil de ganar dinero. La mendicidad expone a los niños a abuso sexual, a la drogas, a la prostitución o los induce a la delincuencia. Al darles dinero los estamos dañando más que ayudarles. 

Casa Esperanza o DIM (Desarrollo Integral del Menor), programa del DIF, tiene la difícil misión de hacer que estos niños regresen a la escuela. El personal de Casa Esperanza hace recorridos periódicos por las calles para detectar a estos niños. Cuando detectan a un niño con problema de calle, lo entrevistan y tratan de obtener información de su familia. Una vez contactada la familia tratan de orientarlos para cambiar su vida. 

Según el psicólogo de Casa Esperanza, José de Jesús Sánchez, una de las colonias de origen de estos niños con problema de calle es el barrio de Las Cuevitas. “La mayor parte de los niños que piden dinero en la estación de autobuses vienen de esta colonia”, dijo. Los niños que trabajan como cerillos en la Mega Comercial vienen de la colonia Pantoja. Peña Blanca es una comunidad rural en donde prácticamente es una tradición enviar a los menores a vender o a pedir a las calles de la ciudad.  
 
 
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