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Un triste regreso a casa
Por Tania Noriz, Sept 22, 2006
¿Cuál es la distancia entre una persona y su sueño? Para cientos de sanmiguelenses que aspiran a una vida mejor en el sueño americano la distancia es de aproximadamente 1,000 kilómetros.
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La ruta San Miguel-Piedras Negras,
Coahuila, es una de las más utilizadas por los sanmiguelenses en su
intento de cruzar la frontera que separa a México de Estados Unidos
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Por autobús o tren, diariamente, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, dejan sus hogares y familias para enfrascarse en un viaje difícil en el que tendrán que sortear desde retenes militares y policíacos en las carreteras mexicanas, bandidos y caciques en la frontera mexicana, hasta estadounidenses en desacuerdo con la migración mexicana a los Estados Unidos.
De acuerdo con datos proporcionados por el área de atención al migrante de la dirección de Relaciones Internacionales, la ruta San Miguel-Piedras Negras, Coahuila, es una de las más utilizadas por los sanmiguelenses en su intento de cruzar la frontera que separa a México de Estados Unidos. “Muy pocos cruzan por Laredo y el desierto de Arizona,” comenta Fernanda Esparza, encargada del área.
Generalmente los mexicanos salen de sus comunidades o ciudades de origen con muy pocas pertenencias, sin identificaciones y con unos cuantos pesos. Aunque la mayoría viaja en grupo cada quien se tiene que hacer cargo de su persona. Al llegar a los estados de la frontera, encuentran a los polleros o coyotes quienes los cruzan ilegalmente al otro lado. Ya en Estados Unidos, otro grupo de polleros está a la espera de guiar a los migrantes hasta las ciudades destino. Estos polleros reciben el pago final, alrededor de 1,500 dólares por persona.
Algunas veces los polleros viajan a sus comunidades en México para convencer a sus vecinos de hacer el viaje con ellos. “Esta es la manera en que estas personas se ganan la vida; traficando con las vidas de todas esas personas,” comentó Esparza.
Si los migrantes tienen suerte, su parada final será Crystal City o Eagle Pass en Texas, donde otra parte del grupo de coyotes o polleros les espera. “Generalmente trabajan en la misma red con polleros en ambos lados de la frontera, quienes en la mayoría de los casos, guían a los mexicanos hasta San Antonio. De ahí cada quien ya viaja a su destino final,” explica Esparza.
| Doña María Delgado |
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Este destino puede ser ciudades como Dallas, San Antonio, Los Ángeles, Chicago, Oklahoma, Florida y Kansas.
Sin embargo, el llegar a la frontera mexicana, cruzar el Río Grande y llegar al lado estadounidense, no es ninguna garantía de una mejor vida o un futuro prometedor. Para muchos la búsqueda del sueño americano termina en un prematuro y triste regreso a casa.
Morir en la frontera
Desde enero de este año, los cuerpos de seis sanmiguelenses que encontraron la muerte en Alabama, Arizona, Nuevo México y Texas en los Estados Unidos, cada uno en distintas circunstancias, han sido repatriados a sus lugares de origen.
Ramón, de 50 años, oriundo de la colonia San Rafael, murió de diabetes. Martina, de la colonia Ignacio Ramírez, murió por enfermedad también, ella tenía 40 años.
Alberto, de 26 años, era originario de la colonia Olimpo, murió en una pelea por arma de fuego. José, de 18 años, era de Rancho Viejo, murió en un accidente automovilístico.
Cirilo, de 63 años, fue asaltado al llegar a su casa, fue herido por arma de fuego. Cirilo fue tío de Ángel, de 23 años, quien falleció el 28 de agosto, por deshidratación, en Zavala, Texas, en su intento por cruzar la frontera. Cirilo y Ángel eran originarios de la comunidad La Cuadrilla, ubicado a unos 20 minutos de San Miguel, cerca de Atotonilco.
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Don Domingo Delgado |
Aunque estos sanmiguelenses murieron lejos de casa, los familiares y las autoridades mexicanas que se encargan del traslado de los restos, concuerdan que es un golpe de suerte el poder ubicarlos. Miles de mexicanos y centroamericanos mueren en ambos lados de la frontera sin nunca ser encontrados o identificados, dejando a las familias en una espera llena de angustia e incertidumbre.
“Localizar personas o identificar los cuerpos y su lugar de procedencia para contactar a sus familiares es un esfuerzo de cooperación entre el gobierno local y de los consulados en los Estados Unidos,” explica Esparza.
La búsqueda de migrantes y la ubicación de sus familias en las comunidades de San Miguel es difícil, pues para evitar ser identificados por las autoridades americanas o la migra, los migrantes se cambian de identidad, viajan sin papeles o con papeles falsos.
“Es muy triste. Muchos mueren en el desierto, en el río, mueren solos y nadie sabe de ellos pues se los comen los animales del desierto. Cuando tenemos suerte y encuentran algún cuerpo, entonces el consulado trabaja con nosotros y localizamos a los familiares y procedemos al traslado. Para las familias es reconfortante, pues por lo menos van a volver a ver a sus familiares aunque estén muertos.”
“Para los mexicanos es importante enterrar a sus muertitos, tener un lugar donde ponerles flores o hablar con ellos,” dijo Esparza, “Y cuando las autoridades encuentran un cuerpo que no se puede identificar, entonces se sepulta en la fosa común.”
Una frontera corrompida
Don Domingo y Doña María Delgado viven en La Cuadrilla, un ranchito, en donde de acuerdo al conteo de tomas de agua de SAPASMA, sólo viven 70 familias.
La familia Delgado, al igual que las otras familias de La Cuadrilla, vive de la cosecha de maíz y frijol. Algunos pocos viven de trabajar en la construcción en San Miguel, y es común que en algunas épocas del año, al menos un miembro de cada familia deje el hogar para ir a trabajar a Estados Unidos.
Este es el caso de los Delgado, quienes en menos de un mes vivieron dos tragedias, la muerte de un hemano, Cirilo y de un hijo, Ángel.
Ángel fue uno de los seis hijos de Don Domingo y Doña María. Trabajaba en el campo pero un día, siguiendo la tradición familiar, cruzó a los Estados Unidos de manera ilegal donde trabajó en la construcción de casas y edificios en Texas. “Siempre fue un buen muchacho, muy trabajador y muy bueno con su familia. Siempre me mandaba dinero y estaba al pendiente de nosotros,” cuenta Doña María. “Todo eso se acabó en un segundo y ahora estamos aquí con la tristeza.”
El viernes 25 de agosto a las 10 de la mañana, Ángel partió de su casa con rumbo a Piedras Negras, Coahuila.
| Lupe Delgado |
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Iba acompañado de otros dos muchachos, también de la Cuadrilla. Sin embargo algo no estaba bien, pues Doña María tenía un mal presentimiento. Aunque Ángel tenía planes de partir 15 días después, fue convencido de viajar antes de lo previsto.
Prometió llamar a su mamá a su llegada, como es la costumbre, pero no lo hizo. El 28 de Agosto a las 6pm, la familia recibió una llamada de un oficial del consulado de Eagle Pass, quien les dio la mala noticia. Habían encontrado el cuerpo de Ángel en la entrada de un rancho en Zavala, Texas y lo habían podido identificar pues en sus bolsillos llevaba su credencial de elector reciente.
De acuerdo con el acta de defunción, la causa de la muerte de Ángel fue la deshidratación. Sin embargo, otros factores pudieron haber contribuido con el deceso del sanmiguelense. Pocos kilómetros antes de llegar al río, las bandas y asaltantes que trabajan en la frontera detuvieron a Ángel y sus amigos para pedirles dinero. Como no traían, los apartaron del camino y se llevaron con ellos a Ángel.
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“Todo eso se acabó en un segundo y ahora estamos aquí con la tristeza” “Todo eso se acabó en un segundo y ahora estamos aquí con la tristeza” |
“Lo confundieron con el pollero, se lo llevaron y lo asustaron. No lo golpearon, le quitaron su dinero y lo asustaron tanto que ya no volvió a hablar hasta llegar a Zavala donde ya las piernas no le respondieron más,” cuenta Lupe, hermano de Ángel, quien se enteró por los amigos de su hermano, quienes le llamaron para informarle lo sucedido.
En la madrugada del 28 de agosto, cuando ya habían pasado la frontera, Ángel se quejó de altas temperaturas y malestar estomacal. “Se alcanzó a detener en una reja y se cayó, pidió agua y fueron a buscársela pero cuando regresaron mi hermano ya había muerto. Murió solo y con sed.”
Para evitar que la migra los agarrara, los amigos de Ángel lo dejaron en la entrada del rancho para que cuando alguien lo viera avisara a las autoridades.
“El dueño del rancho lo encontró, le llamó al sheriff del pueblo y ellos al consulado, nos trajeron a mi hijo muy rápido y lo pudimos ver, siquiera lo enterramos,” dijo Don Domingo.
“Esto es algo que pasa todos los días,” dijo Lupe, “No creo que nadie nos escuche, nadie puede hacer nada, yo me he ido seis veces y tres me han regresado y en todos mis viajes he tenido que enfrentar a los bandidos de la frontera mexicana, que son unos perros, yo he visto como amarran a la gente y la tiran al río namás porque no quieren pagar. Todos ellos cargan con un muertito en sus espaldas. No creo que las autoridades puedan hacer algo, ellos mismos están ahí metidos.”
Para Lupe es más seguro brincar el río, “Prefiero que me maten a tiros los rancheros gringos por estar en su propiedad, a vivir el martirio de los judiciales y bandidos de las fronteras. Ellos son quienes controlan esa zona de la frontera en Ciudad Acuña y Piedras Negras.”
Por complicaciones en el proceso de repatriación, el cuerpo de Cirilo, tío de Ángel, llegó a La Cuadrilla, tres días antes que el de su sobrino, aunque falleció casi un mes antes. “Desde que uno se va, sabe el riesgo. Vamos con un volado junto a la muerte,” finalizó Lupe.
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