Sobreviviendo a una violacíon
Por Beverly Donofrio (traducción Tania Noriz) June 30, 2006 

Fui violada el 23 de junio pasado, un jueves por la noche. Un amigo y su hermana habían venido a cenar y se fueron alrededor de las 10:30. Al poco rato, una vecina toco a mi puerta para decirme que se estaba metiendo agua a su casa de una construcción cercana. Yo conozco al constructor y ella llamó para ver si podía hablarle y decirle lo que estaba pasando. Subí las escaleras, llamé al constructor y se me pasó regresar para cerrar la puerta con seguro. Después entré a Internet para buscar conventos benedictinos, pues últimamente he sentido el llamado a la vida religiosa y he estado realmente interesada en convertirme en monja, así que investigaba cómo eran las comunidades religiosas y buscaba una adecuada para mí. 

A las 12:10am, admirada pues ya era muy tarde para mí, apagué mi computadora y me fui a dormir. Aproximadamente a la una de la mañana, fui despertada por un violador en mi cama, cuchillo en mano y muy cerca de mí. “Shhhhhhhh, no grites,” dijo en perfecto inglés. “Tengo un cuchillo.” Lo reconocí de inmediato pues es el cuchillo con el que había cortado algunos limones y que había dejado en la plancha de la cocina. “No hagas esto, no está bien. Es enfermizo”. Me dijo que hablaba demasiado y agitó el cuchillo. Le dije “Me voy a vomitar,” y luego puso el cuchillo en un altar que está al lado de mi cama. Después me enseñó que sus manos estaban libres de cualquier arma mortal. “Cálmate,” me dijo, “Todo está bien”.

La violación duró tres minutos y el violador nunca tocó otra parte de mi cuerpo. Después de la pesadilla, quiso platicar. “¿Eres de Inglaterra?” Me preguntó. “¿Cómo te llamas?, ¿Te llamas Penélope? Te he visto en la calle. Te ves bien. ¿Estás casada?, ¿De dónde eres?”.

Tengo la suerte de vivir en una comunidad de mujeres fuertes, cuatro de ellas han sido violadas por este mismo hombre. Ellas no se esconden por pena y han compartido algunos detalles de su violación. Supe que las primeras dos mujeres en ser violadas, pelearon con él y fueron brutalmente golpeadas. Las otras dos decidieron no pelear, escapando a los golpes pero no a la violación. También escuche que el violador se quedaba de cuatro a cinco horas después de haber cometido el asalto sexual, pues le gusta platicar y recordar lo que acababa de hacer, excitándose y queriendo repetir la violación. Así que decidí no contestar ninguna de sus preguntas ni empezar cualquier clase de conversación con él. Lo que hice fue rezar, porque rezo todo el tiempo, todo el día, y eso me calmaría y lo sacaría de sus casillas. Por lo que recé mi primera Ave María en inglés y me di cuenta que debía cambiar al idioma de este hombre pues pensé que debió haber aprendido u oído la oración cuando niño. “Dios te salve María…” Me pidió que dejara de rezar y le dije, “Estoy rezando por ti,” lo que no era cierto, pero tan pronto dije esas palabras, me di cuenta de que rezar por él sería buena idea.

Y cuando ya iba por la segunda Ave María le pedí a Dios, a Jesús, a la Virgen, al Espíritu Santo, a todos los ángeles y santos y a cualquier otra autoridad espiritual que hicieran que este hombre se diera cuenta del daño que estaba haciendo y que se fuera. 

Mientras rezaba me hizo varias preguntas, me dijo que estaba hablando en español, me palmeó el hombro, me dijo que todo iba a estar bien y preguntó que si quería cerveza o vino. Pensé que siempre le había rezado a la Virgen y que le debería rezar fervientemente para que me ayudara en ese momento. Así que luego de haber cambiando al Padre Nuestro y decirlo muy fuerte para que se diera cuenta de que no lo estaba escuchando, regresé al Ave María y dijo mientras me besaba en la mejilla, “Ok, ya me voy,” me tocó el hombro y bajó de la cama. Yo seguía rezando mientras me decía “Adiós, vas a estar bien. No llames a la policía.” Caminó a través de mi cocina-comedor-sala y por las escaleras para salir por la puerta principal. Cuando escuché que la puerta se cerraba, corrí abajo y cerré con seguro la puerta. Traté de llamar al que creí que era el número de emergencia, 611, y sonó ocupado pues el número de emergencia es 066. Llamé a Caren y David Cross, amigos y vecinos que viven a una cuadra de mi casa. Caren llamó a la policía y un grupo grande de agentes llego a mi casa antes de que Caren y David llegaran. Los agentes llegaron a caballo, motocicletas y en una camioneta. Fueron muy amables y se notaban preocupados. Me llevaron al Ministerio Público. Una abogada, profesional y competente, me pidió que le contara toda la historia con detalle. Me ofrecieron un traductor pero me negué. Escribieron mi declaración, me llevaron al médico para que me examinara, quien tomó una muestra para la prueba de ADN para ver si concuerda con el ADN del violador. No tengo duda de que concordará.
De regreso en mi casa, un grupo de agentes juntaban pruebas, huellas digitales, caminaban alrededor de mi propiedad, tratando de formular una teoría sobre cómo este hombre entró en mi casa. Resulta que amarró una cuerda a la reja de mi balcón que da acceso a mi patio. La puerta del balcón estaba cerrada sin seguro y la policía me demostró que cualquiera podía caminar sobre la reja que rodea mi patio, reja que pensé mantendría los intrusos fuera de mi propiedad. 

Fui negligente. No cerré bien la puerta del patio ni la de la entrada. De haberlo hecho es posible que esto no hubiera pasado.

A las ocho de la mañana todo el mundo se había marchado. Recibí una llamada del nuevo cónsul Ed Clancy. El presidente municipal lo había llamado para decirle lo que había pasado y para decirle cuan preocupado y consternado estaba. Ed quería saber si había algo que yo necesitara o algo en lo que él pudiera ayudar.

Hay dos policías encubiertos, asignados por el Ministerio Público del estado a mi caso. Ellos, la policía local y los detectives están hartos de que esto esté ocurriendo, así me lo dijeron. Están haciendo lo que pueden hacer. El violador les ha dicho a las otras víctimas que ha estado en la cárcel en Estados Unidos. El Ministerio Público ha enviado una muestra de ADN a los Estados Unidos y están esperando los resultados.
Los violadores son difíciles de atrapar. Una antigua amiga de la secundaria vino a San Miguel este verano. Ella vive en Charlottesville, Virgina, donde un violador serial ha estado haciendo de las suyas, en tres años ha violado a 17 mujeres. Esto está ocurriendo en Estados Unidos, con su sofisticada tecnología y bases de datos. Es horrible lo que está ocurriendo en San Miguel, pero pienso que es necesario dejar de condenar a nuestra policía.

Los detectives y la psicóloga, quienes fueron enviados por las autoridades para que me asistieran gratuitamente, me han dicho que el violador está siguiendo un patrón. Viola mujeres de entre 50 y 60 años que viven solas. Las sigue y luego las viola dentro de sus casas, por lo general entre la una y dos de la mañana. Creo que esto ocurre durante los jueves y viernes en la noche. Siento no tener tiempo de cotejar este último dato pues ahora voy a salir para pasar un tiempo en retiro espiritual y debo escribir esto antes de irme. Quisiera, en la medida que pueda, disminuir el terror que muchos han de estar sintiendo. Necesitamos ser precavidos y asegurar nuestras casas. Cerrar con seguro todo lo que se pueda cerrar con seguro e instalar alarmas.

Esta experiencia, aunque horrible, no fue tan mala como lo imaginé. Antes cuando mujeres que conozco han sido violadas, me compadecí por ellas y me llené de horror al imaginar que pudiera pasarme a mí. Me imaginé como sería, con todo detalle. Así que cuando desperté con el violador en mi cama, estaba aterrada pero también pensé, “Oh, pues sí, aquí está. Ahora me violará.” Y luego empecé a pensar en cómo no hacer un escándalo y lograr que se fuera. En situaciones como esta, hacemos lo que hacemos. Todos actuamos diferente. Me imagino que hay mujeres quienes simplemente tenía que pelear. Y hay mujeres quienes estarán aterrorizadas. Pero con este violador, la mejor táctica es permanecer en calma y no parecer aterrorizada. El violador necesita dominar y sentir que tiene el poder. Si peleas, lo harás enojar porque has arruinado su fantasía. Y si actúas atemorizada lo harás sentir realizado. Lo mejor que puedes hacer es permanecer en calma y no dejar que el miedo te invada.

No se cómo pude hacer esto. Creo que fue el Espíritu Santo. Primero hice que él terminara rápido con su asunto. Después recé, algo que no fue muy excitante para él.
El amor de ambas, la comunidad mexicana y extranjera ha sido cálido y sanador. Siempre he oído que somos uno pero nunca lo he comprendido tan bien como ahora. Cada vez que escuchaba que otra mujer fue violada me sentía muy enojada. Ahora soy yo la que fue violada y soy un instrumento de sufrimiento. Una persona sufre y todos sufren con ella. Es fácil saberlo porque somos una comunidad. Pero esto se aplica a todo el mundo. En nuestra comunidad hay un miembro que está enfermo. Eso es todo lo que es. Rezo porque atrapen al violador y que esto no vuelva a ocurrir. Pero si despiertas en la noche con un violador en tu cama o en tu casa, reza inmediatamente a la Virgen María, conocida en estos lugares como la Virgen de Guadalupe, y pídele que lo ayude a ayudarte. Eso hará que se vaya, mucho antes de violarte. Y habla sólo en español, pues lo que quiere es oírte hablar en inglés.


La violencia contra la mujer, escondida detrás de un muro de silencio
Por Tania Noriz

Nota del Editor: Este es el primer artículo de una serie sobre violencia doméstica. La siguiente semana algunas mujeres nos contarán sus experiencias.

Empezó con unos empujones, después golpes a puño cerrado, hasta que un día la pareja de Mónica la golpeó con un bat de béisbol. Fue entonces cuando ella decidió pedir ayuda. Sin embargo ante las dificultades que encontró en el Ministerio Público local para denunciar maltrato físico, violación y maltrato económico, Mónica, de 17 años, decidió solamente demandar a su pareja para conseguir la pensión alimenticia para su bebé de un año y medio.

La violencia intrafamiliar ha estado presente en todas partes del mundo. La historia de Mónica forma parte de las estadísticas del municipio sobre violencia en contra de la mujer.

De acuerdo con una encuesta realizada en diciembre de 2005 por el Instituto Municipal de la Mujer a 800 mujeres, 300 de ellas aceptaron haber sido víctimas de violencia económica, psicológica y física. La encuesta, realizada a mujeres de entre 15 y 59 años, reveló que los mayores índices de violencia ocurren contra mujeres de 25 a 44 años, que en su mayoría realizaron solamente estudios de primaria. El 43 por ciento de ellas son casadas. El tipo de violencia que más se manifiesta es la psicológica. La encuesta mostró también que el 73 por ciento de los agresores fueron los esposos de las víctimas y que cerca del 70 por ciento de los casos no fue denunciado a las autoridades.

“La violencia en contra de las mujeres está vinculada las luchas de poder entre ambos sexos”, dijo Araceli Martínez, jefa del Instituto Municipal de la Mujer. “Estamos cayendo en el círculo de la violencia, que no discrimina estado económico o cultural, y es difícil luchar contra ella por las pocas denuncias que hay. La violencia de género es silenciosa y ocurre y se limita a las cuatro paredes del hogar”. 

Para Alejandra Saucillo Romero, psicóloga y jefa del Programa de Prevención de Violencia del Centro para los Adolescentes de San Miguel de Allende (CASA), “La violencia puede ser diversa y depende de quien la ejerce, contra quien la ejerce y de que manera se realiza, físicamente, psicológicamente o económicamente. La violencia de género siempre implica golpes, tortura, gritos, humillación, maltrato, violación y algunas veces la muerte”. 

CASA ha apoyado a mujeres víctimas de la violencia desde 1981. Según Saucillo, la violencia física y psicológica está al el mismo nivel de las denuncias internas que recibe CASA.


Estadísticas de CASA

De acuerdo con estudios de CASA sobre violencia sexual y doméstica de noviembre de 2004, de un total de 506 mujeres maltratadas de entre 15 a 59 años, el 70 por ciento recibió golpes, el 94 por ciento recibió gritos o insultos y el 40 por ciento fueron amenazadas con quitarles a sus hijos. 

CASA tiene varios programas dedicados a prevenir la violencia intrafamiliar pero la tarea ha sido difícil pues las víctimas lo consideran un asunto privado “Las estadísticas no son representativas porque muy pocas mujeres denuncian que están siendo objeto de violencia”, comentó Alejandra Saucillo.

Saucillo tomó el mando del programa en septiembre de 2005. A la fecha, su oficina a recibido 80 denuncias internas, es decir, denuncias que no se reportaron a las autoridades competentes, DIF o Ministerio Público. Según números proporcionados por Saucillo, en San Miguel de Allende, de abril a septiembre de 2005, 206 denuncias fueron hechas ante el DIF estatal.

El miedo es la principal razón por la que las mujeres se niegan a admitir haber sido víctimas de abuso o violencia, miedo y desconfianza en las autoridades, miedo de que no les crean o el miedo que les provoca el sentir que se merecen lo que les ha sucedido, miedo de perder a su pareja, o miedo de perder a sus hijos. 

Este es el caso de Claudia, de 25 años, quien sufrió abuso físico dos veces, primero por parte de su padre y luego de su pareja. “Mi mamá, mi familia y la familia de mi novio sabían lo que estaba pasando y nunca me quisieron ayudar. Una vez fui al Ministerio Público y los trámites son muy largos y hay que hablar con mucha gente. Luego uno denuncia y no pasa nada así que decidí regresarme a mi casa.”

Saucillo explicó que su programa está dividido en dos áreas: prevención y tratamiento. El área de prevención trabaja en la creación de sesiones educativas con las mujeres de comunidades como Cruz de Palmar, Cieneguita y los Rodríguez. El área de tratamiento provee atención psicológica y da apoyo en la denuncia en el Ministerio Público. “De esta manera atacamos las dos áreas que se necesitan para luchar contra el maltrato. La prevención y la denuncia”.

Saucillo comentó que hay más denuncia por violencia en las áreas rurales, pues aunque los números en la zona urbana son similares, “la gente de la ciudad es más reticente a denunciar por el qué dirán”.


El alcohol y drogas, detonantes de violencia

Los números del Instituto Municipal de la Mujer (IMAM) señalan que hay poca denuncia en el área urbana. “Las mujeres de la ciudad no denuncian principalmente por temor a represalias y por pena, sienten que la sociedad las va a señalar”, dijo Martínez.

El Centro para la Atención a la Violencia Intrafamiliar del DIF, (CENAVI), es otro lugar donde se atiende a la mujer violentada. Este centro recibe aproximadamente 400 denuncias al año por violencia de género, la mayoría de ellas por cuestiones económicas. EL CENAVI cuenta con programas de atención al hombre violento y de prevención de adicciones y alcoholismo. Un 70 por ciento de ellas son denuncias de solicitudes de ayuda económica, el otro 30 por ciento es por violencia psicológica y física. Sin embargo el centro es un arma sin filo, pues los directivos, todos varones, sólo intentan negociar acuerdos entre las dos partes y carecen de la autoridad legal para implementar dichos acuerdos, por lo que los derechos de las mujeres y niños permanecen desprotegidos. 

La mayoría de los reportes que se reciben tanto en CASA, como en CENAVI y el Instituto Municipal de la Mujer, son de mujeres cuyos esposos son alcohólicos.

“Aunque la violencia es una forma de relación sentimental con la que se crece (a través de la violencia se demuestra el cariño), es una cuestión cultural que se basa en la lucha de poderes, la falta de educación, falta de soluciones a los problemas y el uso de drogas y alcohol,” dijo Saucillo.

Para Martínez (IMAM), la violencia de género tiene su base en el desconocimiento. “Las mujeres tienen mucho tiempo tratando de cambiar a sus parejas. Piensan que sus esposos y familiares tienen el absoluto derecho de maltratarlas y no saben que existen lugares que ofrecen apoyo gratuito para resolver estos problemas.” El problema también es repetitivo: en la mayoría de los casos, la mujer que ha recibido maltrato sigue el patrón de maltratar a sus hijos y de contraer adicciones y entonces se crea un círculo vicioso de violencia en la familia”.

La importancia de sensibilizar a las autoridades
“Las autoridades, como el Ministerio Público, a veces son cómplices de la violencia contra la mujer”, dijo Araceli. “Hay veces que no toman en serio las denuncias por falta de huellas físicas, como moretones o heridas. También tenemos conocimiento de que culpan a las mujeres por lo que les pasa”.
Saucillo concuerda, “Cuando una mujer llega con golpes, se hace más fácil la detención del agresor”.

El artículo 21 del Código Penal del estado tipifica la violencia verbal y psicológica. Sin embargo, comenta Saucillo, “en el Ministerio Público si no hay golpes visibles no levantan la denuncia”.

“Crecí con la idea de que era una tonta. Cuando me casé mi esposo me lo confirmó. Yo era una buena para nada, una inútil que no sabía hacer nada. Un día me golpeó, yo tuve la culpa, dijo, eso me pasaba por no haber hecho las cosas bien, un buen día me armé de valor y lo dejé, fue la cosa más inteligente que pude hacer,” recordó Sandra.


¿A dónde acudir?

CENAVI 
San Antonio Abad esquina con Insurgentes
De lunes a viernes de 9-4pm
Servicio gratuito
152-3910

Ministerio Público
Esparza Oteo 17, colonia Guadalupe
Todos los días, las 24 horas del día
Servicio gratuito
154-9450

Instituto Municipal de la Mujer
Nuevo edificio administrativo
De lunes a viernes de 8:30am-4pm
Servicio gratuito
120-4328

CASA
Santa Julia 15, colonia Santa Julia
De lunes a viernes de 8am-3pm
Servicio gratuito
154-6060

Derechos Humanos
María Grever 14, colonia Guadalupe
De lunes a viernes de 9am-3pm
152-5434