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El Beaterio y
Colegio de Nuestra Señora Santa Ana en la Villa de San Miguel el Grande
II PARTE: Sobre sus ideales, gobierno y geografías.
...El enunciado recogimiento... es obra muy del servicio de Dios Nuestro Señor, porque aviendo en tierra adentro en donde esta la referida Villa de San Miguel, y en toda aquella Comarca mucha pobreza, por conservarse toda la gente labrando sus pedazos de tierra, o propia, o arrendada, no salen sus moradores de una misera sustentacion, de donde viene el general desamparo de los hijos, que en las mugeres es de mayor lastima, por las malas consecuencias que resultan...y teniendo el refugio de este Recogimiento, aunque su primera intencion en recurrir a el, no sea mas que por solo subsistir, resultara que como la continuacion de los actos virtuosos prende en el animo piadoso femenil con mucha facilidad abrazan el servicio de Dios, mayormente teniendo el cultivo de los sacerdotes operarios, que con la persuasion de su predicacion y con la frecuencia de Sacramentos que les administran, aprovechan las Recogidas, y estan bien conceptuadas en el camino de la virtud, siendo muy competentes los fondos para su manutencio
n, los que ha dado el Licenciado Juan Ypolito Aguado, Congregante del referido Oratorio, pues se componen de dos buenas Haciendas en el distrito de aquella Villa, con todos los respectos para su laborio... y reconocidose... no se encuentra seguirse perjuicio a mi Real Hacienda, ni a mis Reales Regalias, sino antes bien conocidas utilidades, la Casa de Recogimiento de las Matronas y Doncellas honestas, y virtuosas, que siendo pobres, y retirandose a el, se libran de los trabajos, y ocasiones a que las puede exponer la necesidad, cuya circunstancia es digna de atencion, y por esta razon se fundan cada dia Recogimientos para evitar los perjuicios que ocasiona el desamparo en las mugeres... Por tanto, por la presente mi Real Cedula, doy, y concedo licencia a los referidos Padres Prepositos y Congregantes del Oratorio de San Phelipe Neri de la Villa de San Miguel el Grande, en el Obispado de Valladolid, Provincia de Mechoacan, para que en el sitio que ya queda expresado, puedan hacer la mencionada fundacion de la
Casa de Recogimiento con la advocacion de Sra. Santa Ana, para Matronas y Doncellas honestas, y virtuosas, que quieran retirarse a el: pero con las calidades de que precisamente haya de ser privado, y sin campana, ni iglesia publica que tenga puerta a la calle...
(Real Cédula de fundación del Recogimiento de Santa Ana de la villa de San Miguel el Grande, Madrid, Palacio del Buen Retiro, 8 de abril de 1753)
El establecimiento formal de Santa Ana fue una realidad, después de varios años de que la comunidad filipense y particularmente Juan Hipólito de Aguado, comenzaran las diligencias en las que manifestaron sus pretensiones a las distintas instancias del gobierno religioso y civil, refiriendo incluso que algunas mujeres se habían ya congregado para tal fin en una casa inmediata al Oratorio. Desde el cual los eclesiásticos acudían para fortalecer con su propio ejemplo, los verdaderos ideales y las decisiones que se habían tomado con la fundación del recogimiento: fomentar el fervor y las virtudes cristianas, la pureza espiritual y la perfección en el servicio de Dios, esto a través de la celebración de oficios religiosos, la administración de sacramentos, la predicación y la práctica de ejercicios espirituales.
Fue así como el beaterio se materializó gracias a una fuerte inversión, en la que se cuentan los más de 40,000 de pesos de oro común que se aplicaron del patrimonio de Juan Hipólito de Aguado, para hacer realidad la capilla (techada con vigas y tejamanil, ante coro, coro alto, altar mayor, colaterales, sacristía y campanario), las habitaciones en altos y bajos (portería con su reja, sala y vivienda rectoral, cocina, refectorio, celdas, salones de labor y estudio, escaleras), tanque, fuentes o pilas con su sistema de cañería, además de huertas y corrales, todo ello distribuido sobre los solares que ocupaban un par de propiedades que fueron adquiridas en las cercanías de la congregación oratoriana, entre las antiguas calles de San Joaquín (Reloj) y Santa Ana (Insurgentes); y en frontera con las calles de San Felipe Neri (Zaragoza), Santiago (Hidalgo), el barrio y callejón de Nuestra Señora de Loreto.
Como bien sabemos, esta fundación dio nombre a la calle de Nuestra Señora Santa Ana, uno de los principales ejes urbanos de San Miguel, habitado en sus cinco tramos o cuadras por aproximadamente 250 vecinos, entre los que se encontraban en 1793 las familias de Ramón Mendiola y Josefa Carranco, Vicente Torres, Ignacio Espinosa, Ascencio Martínez y Dolores Rodríguez, Matiana Guerrero, Francisco Moncada y Josefa Araiza, Dolores Navarro, Ventura Vázquez, Fermín Perales y Margarita Rivera, Juana Álvarez, José María de Lanzagorta y Rosalía de Inchaurregui, Guadalupe Villar, Vicente Nieto y Juan García, entre otros.
Lo cierto es que la vecindad de la calle de Santa Ana (incluyendo a las mujeres del recogimiento) tenía una cotidianidad dinámica, por situarse geográficamente en una de las principales entradas de la villa “que hacen camino real para afuera”, en concreto, en la quinta entrada o salida que partía desde la loma del Calvario, pasando por la Plaza de la Soledad, la calle de Santa Ana y al llegar a los límites del panteón del Hospital Real del Señor San Raphael y San Juan de Dios, doblaba a mano derecha, y después de cruzar el arroyo, podía tomarse la salida que hacía camino real para Atotonilco, San Luis Potosí, Zacatecas y toda la Tierra Adentro.
El beaterio y colegio de Santa Ana, situado en la misma calle del Hospital Real de San Rafael y San Juan de Dios, separado tan solo en un tramo del Oratorio y la Plaza de la Soledad, otro tanto más de la Plaza de Armas, el Templo Parroquial, la Casa Cural y las Casas Consistoriales, era referido en el siglo XVIII en relación a su importancia social y espiritual, a las virtudes cristianas y talentos de sus moradoras, así como por las características, estructura y belleza de su fábrica arquitectónica:
“…En esta villa bajando de Oriente a Poniente por la calle que esta mas inclinada al Norte y ultima de la Villa pasada la Yglesia de la Soledad que es el Oratorio de los R. R. P. P. Felipenses a la otra cuadra caminando al Poniente a la mano derecha esta el Colegio de Niñas de Santa Ana es una capilla techada de vigas con puerta interior esta con mucha limpieza y aseo, hay sagrario y colateral de la Santa que es muy linda hay alli coro alto y bajo, viven muchas niñas doncellas recogidas con gran virtud, hay muy buenas musicas de todos los instrumentos…”
Continuará…
Graciela Cruz López conserva en su totalidad los derechos de autor según la Ley de los Derechos de Autor. No se puede reproducir total o parcialmente sin la autorización previa de la autora.
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