LIBRACHO
Por Iván Trujillo, Dec 8, 2006


El pasado martes 21 de noviembre, Jesús Ibarra, reportero de Atención San Miguel, presentó en el Teatro Santa Ana de la Biblioteca Pública, su libro “Los Bracho: tres generaciones de cine mexicano”, publicado por la UNAM, sobre una de las familias más importantes dentro del la cinematografía mexicana. 

Después de la proyección de un video clip con fragmentos de algunas de las películas más importantes de los Bracho, comentaron el libro la actriz Diana Bracho, su hermano el actor Pablo Bracho, el director y guionista de cine Carlos Pascual, Iván Trujillo, director de la Filmoteca de la UNAM y el propio autor.

Trujillo reseñó de esta manera la investigación realizada por Ibarra. 

Un día me vino a ver Jesús Ibarra para mostrarme el manuscrito sobre un libro de la familia Bracho en el cine mexicano y decirme si nos interesaría publicarlo. No es que le haya tenido confianza ciega al autor. Tampoco que viniese recomendado por Diana Bracho, pues cuando en una de las primeras reuniones entre la Academia y la UNAM nos encontramos, Diana tímidamente me dijo que seguramente me buscaría un muchacho para llevarme un libro sobre su familia. Le contesté “ya vino y lo estamos leyendo”.

El plural era un decir, pues yo simplemente le eche una ojeada y lo pasé a algunos de mis colaboradores, sin contarles nada de mi entrevista con Jesús. Simplemente les pedí que me dieran su opinión.

De mi conversación con Jesús saqué una conclusión, este libro puede ser interesante pues es la visión del otro lado. Es decir, no de la crítica o historiografía cinematográfica formal, sino de alguien que simplemente se sienta en una butaca y se convierte en miembro de ese grupo, a los que los que están en la pantalla o en el escenario suelen referirse como estimable público. 

Normalmente el público aprueba o reprueba un trabajo con aplausos o silbidos, pero pocas veces se llega más allá externando sus opiniones ante el papel. Sin duda Jesús era un gran cinéfilo y asiduo espectador de obras de teatro, se trataba de alguien culto e interesado, pero que no se ganaba la vida, ni pretendía hacerlo, escribiendo sobre las figuras del espectáculo.

Las opiniones sin prejuicios de alguien ajeno a la esfera de la crítica sin duda podrían ser interesantes y un ejercicio de eso que se ha dado en llamar retroalimentación.

Mis sospechas fueron confirmadas cuando me reuní con mi improvisado Comité Editorial. Todos coincidían en que el libro estaba muy bien y que valdría la pena publicarlo. Al final todos coincidimos en que no era un buen libro, era un librazo, es más, literalmente era un liBracho y había que publicarlo. 

Ese fue solo el comienzo pues ya no recuerdo cuanto tiempo pasó para poder ver este proyecto en papel, pero sin duda Jesús le invirtió tanto o más tiempo a estar detrás de la edición como para escribirlo. El que fuese un trabajo por el gusto de hacerlo, no le quita el alto nivel profesional con que se abordó. Quizás precisamente por eso es que nos encontramos ante un texto sin precedentes. 

Jesús constantemente se asume como admirador del talento de estas tres generaciones de cine mexicano y no duda en transmitirnos ese hecho, al hacernos participes del gusto de haber recibido un autógrafo de Andrea Palma, el orgullo por haber conseguido, después de un telefonema, entrevistar a Diana Bracho o haber tenido una amena charla con Julio Bracho Castillo. Esa posición es determinante en el peso de la obra y sin dejar de ser objetivo, pues a través de entrevistas, documentos, notas de prensa o citas de libros, contextualiza situaciones conflictivas de cada uno de los personajes, entrelazando fragmentos de su vida privada con su actividad profesional. 

El resultado es un perfecto balance entre estas dos esferas que hacen que la lectura se vuelva no solo amena sino apasionante. 

Claro que uno está de acuerdo con que “Andrea Palma se transformó en una vampiresa, en la mujer fatal del destino trágico, la primera diva que producía el cine mexicano”; Por supuesto que: “Con Crepúsculo Julio Bracho llevó al límite sus inquietudes estéticas y logró una de las películas más visualmente inquietantes de la época”; Nadie puede poner en duda que “Jesús Bracho fue un hombre muy sencillo y honesto en su vida, que amo su trabajo”; todos coincidimos en que Diana Bracho es: “siempre joven, siempre hermosa, siempre sonriente, siempre amable, actualmente una de las mejores actrices de cine y teatro que hay en México”; y finalmente nadie puede pretender ignorar que “Julio Bracho, nieto y homónimo del ilustre director, está encargado de perpetuar en el cine mexicano el nombre de la dinastía Bracho”.

A través de las singularidades de estos cinco miembros de la familia Bracho, espléndidamente reseñadas por Jesús Ibarra, nos damos cuenta de un común denominador entre ellos que se llama Pasión.

Pasión para amar; pasión para disfrutar el comer o el beber, pasión por correr riesgos, pasión para sobreponerse de las adversidades, pasión por la solidaridad y sobre todo una generosidad apasionada.



Dándole vida a los Santos
Por Jesús Ibarra

ijo predilecto de San Miguel, Genaro Almanza quiere “regresar a su pueblo lo que su pueblo le ha enseñado”. Almanza, nacido en 1928, ha dedicado toda su vida al arte sacro. “Mi padre, Donato Almanza, me empezó a enseñar desde que era yo muy pequeño”, recuerda Almanza. 

Cuando terminó la primaria en 1940, entró a estudiar al seminario del Oratorio, donde estudió durante siete años. “Aprendí Latín, Filosofía, Humanidades y cantos gregorianos,” dijo Almanza.

Cuando su padre se enfermó, tuvo que dejar el seminario para ayudarle en el trabajo de restaurar figuras religiosas. Más tarde, entró a estudiar a Bellas Artes, por el tiempo en que Siqueiros pintó su mural, en donde tomó cursos de escultura con Mario Zamora Alcántara y de dibujo con Antonio Gómez. 

Como resultado de su talento natural y su experiencia, Almanza ha sido comisionado para esculpir o restaurar muchas de las figuras en las distintas iglesias de San Miguel. La imagen de cantera de la Virgen de Guadalupe en la Casa de la Cultura junto a la iglesia de la Santa Cruz del Chorro, es de él. “La hice en 1981 por el 450 aniversario de la aparición de la Virgen a Juan Diego. Una vez le cayó encima la rama de un árbol, pero no la causó gran daño, excepto una pequeña raspadura en el rostro que yo mismo le restauré”, dijo Almanza. El artista también esculpió la Virgen de cantera en el interior del mercado de San Juan de Dios, por pedido de la unión de comerciantes. También hay una pintura de la Guadalupana de Almanza en la iglesia de Cristo Rey en la colonia Guadalupe, y una imagen de madera en la comunidad de Corralejo. 

Otros trabajos de Almanza incluyen las estatuas de madera de El Señor de las Maravillas, San Martín de Porres y Santa Cecilia en el Oratorio; las Tres Aves Marías en la Salud; y la estatua de San Martín de Porres en Las Monjas.

El trabajo de Almanza ha sido reconocido en todo el país. Su primer trabajo fuera de la ciudad fue la restauración de una imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción para la iglesia de Ciudad Mier, Tamaulipas; hizo también la imagen de Santa Cecilia para una iglesia en Reynosa, así como la Virgen de los Dolores en la Iglesia del Santo Niño en Laredo y un Cristo en una iglesia de Saltillo. “También restauré un Cristo de madera para la iglesia de la Virgen de la Soledad de Piedritas en Dolores Hidalgo. Me lo trajeron totalmente destrozado en un costal”, dijo Almanza.

La mayor parte de las esculturas del artista son de cantera o de madera. “La cara es la medida de la figura”, explicó Almanza. “Pego una por una las piezas de madera. Para pintar uso óleo y Blanco de España y hoja de oro de 23 kilates para decorar las figuras. Las herramientas que uso son la gubias, pies de cabra, cinceles y marros”. 

Personaje importante en las tradiciones de San Miguel, Almanza, junto con sus hijos y algunos amigos, instalan cada año el Nacimiento tamaño natural en el kiosco del Jardín. “Hace cerca de 40 años, hicimos las figuras de madera tamaño natural entre José Rodríguez, también santero y discípulo de mi padre, y yo, y los pusimos en el Jardín para Navidad. Ahora es una tradición”, recordó Almanza. Sus hijos se encargan de conseguir en los ranchos los borregos y el burro reales para complementar el nacimiento. “Los animales sólo permanecen del 24 al 27 de diciembre, mientras que las figuras permanecen desde el 24 de diciembre hasta el 7 de enero.”

Las figuras del Nacimiento incluyen a la Virgen María, San José, el Niño Jesús y cuatro ángeles. “Cada año vamos a Xichú para traer el heno, las ramas y todo lo que se necesita para el Nacimiento”, explicó Almanza. “Recibimos apoyo económico de la dirección de Educación y Cultura para poner el Nacimiento, y hasta una camioneta para ir a Xichú”.

La Navidad es una de las temporada de más trabajo para Almanza, puesto que recibe, para restaurar o hacer, varias figuras de yeso o madera del Niño Jesús. Hacer un Niño Jesús de madera de aproximadamente 25 centímetros le lleva entre dos o tres semanas y cobra por ello 1,500 pesos. Sus dos hijos varones han seguido con la tradición y valioso trabajo de su padre. Sus cuatro hijas han seguido carreras relacionadas con el arte y la arquitectura. 

Durante la temporada navideña Almanza enseña a los niños de San Miguel a hacer adornos y faroles de papel de China. Las clases son todos los sábados de 10am a 12pm en Gigante, junto a los cines, y de 6pm a 8pm en la Casa de la Cultura en El Chorro.