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Frida en San Miguel, ¿auténtica o falsa?
Por Jesús Ibarra
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Frida Kahlo ha despertado siempre un gran interés tanto en México como en el extranjero, no sólo por su arte sino por su tormentosa y apasionada vida, trágicamente retratada en sus cuadros. Es considerada prácticamente un símbolo nacional, puesto que su imagen aparece hoy en día en playeras y bolsas.
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Se han escrito varios libros sobre ella e incluso se han hecho dos películas sobre su vida. En 1984, su obra fue declarada monumento nacional artístico e histórico, y es la pintora mexicana más cotizada internacionalmente (la primera de sus pinturas que se vendió internacionalmente fue subastada en Sothesby’s, vendidad en 44,000 dólares y después vendida a la estrella del popo, Madonna, por un millón).
Hoy, 50 años después de su muerte, es de nuevo foco de controversia, a partir del hallazgo de una colección de objetos (dibujos, pinturas, cuadernos, cartas y otros objetos personales) que pudieran haber sido de su propiedad, y de la publicación del libro Finding Frida Kahlo, de la escritora y curadora de arte, residente en San Miguel, Bárbara Levine, que narra la historia de esta colección, y de un segundo libro titulado El Laberinto de Frida. La colección, descubierta por el anticuario residente en San Miguel, Carlos Loyola y por su esposa Leticia, actuales dueños de la misma, fue certificada como auténtica por algunos de los discípulos de Frida, conocidos como Los Fridos, pero es considerada falsa por algunos críticos de arte y por el Fideicomiso de los museos Diego Rivera Anahuacalli y Frida Kahlo, que tiene en custodia la obra de ambos artistas. Parte de esta colección, que fue vendida a los estadounidenses Graeme y Joanne Howard, fue exhibida en Casa Maxwell, en San Miguel, en el 2007, con el nombre de
El Corazón de Frida.
Después de la publicación del libro de Levine, el Fideicomiso de los museos interpuso una demanda en días pasados “en contra de quien resulte responsable por el probable crimen de reproducir obras de arte y documentos que podrían ser falsos”.
Estos hechos han integrado a San Miguel en la mitología de Frida y lo han puesto en el centro de la atención pública.
¿Auténtica o falsa?
Los Fridos, Arturo García Bustos, su esposa Rina Lazo (no considerada como Frido, pero que fue asistente de mural de Diego y cuya firma aparece en su mural Paseo por la Alameda), y Arturo Estrada Hernández, así como la nieta de Diego, Ruth Alvarado Rivera, revisaron cuidadosamente la colección durante dos años, y concluyeron que era auténtica, firmando incluso un certificado de autenticidad.
García Bustos, reconocido como uno de los grandes litógrafos mexicanos y el mejor pintor y muralista, dijo al periódico La Jornada (julio 22, 2007), que los parámetros en que se basó para determinar que las cartas eran auténticas, fue su contenido. “A veces la letra es garabateada pues ella estaba recostada en su cama, la tinta se le tira, o la tira a propósito; también se reconoce su temperamento, su modo, su pensamiento… Son escritos auténticos de mi maestra Frida Kahlo, que reflejan una escritura libre, su dolor emanado del corazón”.
Rina Lazo dijo que “conocemos a la maestra, su temperamento, su manera de ser y expresarse. En esas cartas aparecen muchos nombres de amigos comunes que son referencias que no podría mencionar un falsificador. En el caso de los dibujos, conocemos lo que hacía Frida; no necesitamos hacerle análisis.”
Noyola también ordenó un análisis químico de las pinturas al óleo, que fue realizado por Javier Vázquez Negrete, ingeniero químico y profesor a cargo del laboratorio de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Musoegrafía, y que también trabaja en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA)
“Vázquez Negrete nos ha entregado hasta ahora 12 análisis y todos han resultado positivos de más de 60 años de polimerización en los pigmentos y soportes, además de estar integradas las firmas dentro de las capas pictóricas. Aún sigue trabajando en el resto de las pinturas al óleo de nuestra colección. Estos análisis son tardados y costosos, por lo tanto aún no concluimos con los estudios de todas las obras, que hasta ahora ninguna ha sido diagnosticada como falsa.”
El anticuario dijo que los estudios de grafología de los escritos fueron realizados por el reconocido grafólogo Juan R. Abraham Jergal, quien trabaja para la Procuraduría General de la República, y es experto en documentos antiguos.
Sin embargo, algunos críticos y el Fideicomiso de los Museos Kahlo y Rivera, encabezado por Carlos Phillips Olmedo, hijo de Dolores Olmedo, depositaria original de la obra de Frida y Diego, consideran la colección como falsa. Después de la aparición del libro de Levine, los detractores se intensificaron.
Francisco Vidargas, ex –director de Bellas Artes en San Miguel de Allende, dijo que el matrimonio Howard le ofrecieron su parte de la colección que compraron a Noyola, para ser exhibida en el centro cultural que Vidargas dirigía. Dijo que le mostraron una carpeta con copias de las cartas, pinturas y dibujos, incluyendo certificados de autenticidad. “Cuando vi la carpeta me entró una razonable duda sobre la autenticidad de las obras; el origen de las piezas me resultaba extraño y las obras burdas,” dijo Vidargas. “Hablé con la crítica de arte Raquel Tibol, acerca de mis sospechas y pensó también que eran falsas. Después confirmó sus sospechas cuando tuvo acceso a algunas fotos de las cartas. Como responsable de un espacio del INBA, no podía autorizar la exposición de tales piezas”. Vidargas trabajó de 1997 a 2001 con la colección de Diego Rivera del Gobierno de Veracruz y publicó un libro sobre esta colección, con la hija de Rivera, Guadalupe Riera Marín.
Tibol, con más de 65 años de experiencia como crítica de arte y quien conoció a Frida durante el último año de su vida, dijo que la colección de Loyola es una vergüenza pública y una burda falsificación. “Vi reproducciones de dicho material en los periódicos y no entiendo como García Bustos y Rina Lazo pudieron haberla certificado. No he visto el libro, pues no me interesan las falsificaciones. Esas cartas están escritas en un lenguaje vulgar que no debe confundirse con el popular y picaresco que usaba Frida”.
Sin embargo, Tibol consideró como falso el “Retrato de Alejandro Gómez Arias”, pintado por Frida, el cual, más tarde, fue analizado por Javier Vázquez Negrete (el químico que analizara la colección de Noyola) y resultó auténtico y fue oficialmente aceptado por el INBA.
“Frida produce más muerta que viva”, dijo Carlos Phillips Olmedo, quien encabeza el Fideicomiso de Frida y Diego (La Jornada, Julio 9, 2009). “Y no sólo produce pinturas sino cartas, diarios, maletas, y libros decorados. No reconocemos estos objetos y por lo tanto pasan a ser falsos.”
Mary-Anne Martin, corredora de arte especialista en Frida desde 1979, dijo al Herald Scotland (septiembre 13, 2009) sobre la colección de Noyola que “el contenido fue hecho, trabajando con el apoyo de datos biográficos conocidos. La palabra “bisexual” no está empleada correctamente. En los 40s bisexual significaba hermafrodita. No creemos que el término existiera cuando estos diarios fueron supuestamente escritos. Están llenos de errores curiosos como este… El más asombroso es un autorretrato en el Kahlo sostiene una piernas amputadas, que está claramente tomado de una fotografía tomada 20 años antes de la operación”.
Según el periódico en línea The Art Newspaper (agosto 20, 2009) “otros expertos señalan que los antiguos amigos de Frida, los llamados Fridos, son artistas, no estudiosos de su obra”.
El artículo Fighting over Frida Kahlo, escrito por el crítico de arte Christopher Knight (6 de septiembre, 2009) señala que “Tibol, Phillips Olmedo y Martin nunca han puesto los ojos en el material que no obstante insisten en considerar una evidente falsificación”.
La demanda
A principios de agosto se envió una carta a la prensa y a las autoridades culturales de México, declarando que “todos los documentos y obras en la colección son falsos”. La carta exige “poner un alto a este tipo de fraude y clarificar la situación”. |
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Fue firmada por Mary-Anne Martin, por el nieto de Diego y hermano de Ruth, Pedro Diego Alvarado Rivera; por el biógrafo de Frida, Hayden Herrera, y por otros críticos de arte y propietarios de galerías.
El martes 22 de septiembre, el Fideicomiso de los museos de Rivera y Kahlo interpuso una demanda legal “contra quien resulte responsable del probable crimen de reproducir obras de arte y documentos que pudieran ser falsos”. La demanda fue interpuesta ante la PGR por los abogados representantes del Fideicomiso, José Luis Pérez Arredondo y Fabián Ortega.
Pérez Arredondo dijo que “la demanda responde al hecho de los libros atribuyen a Kahlo la autoría de obras que nosotros en el Fideicomiso no sabemos si son o no de ella”.
Alvarado Rivera manifestó que debería prohibirse oficialmente que ambas publicaciones circularan en México y Estados Unidos.
Noyola responde a las acusaciones
“Quien ha encabezado todos los ataques en contra del libro, de la colección y de nosotros mismos es Carlos Phillips Olmedo,” dijo Noyola. “El Fideicomiso no es herencia de la familia Olmedo, sino un legado que Diego Rivera dejó al pueblo de México. Ellos no tienen los derechos de autor de la obra de Frida y menos de sus objetos personales. Dichos derechos son propiedad de los familiares sobrevivientes. Tampoco es su derecho exclusivo el determinar si un trabajo es auténtico o no. Sólo el INBA puede hacerlo”.
Respecto a la declaración del grupo de Phillips Olmedo, de que los Fridos son sólo artistas y no expertos en la obra de Frida, Noyola dijo que el propio Phillips Olmedo dijo anteriormente que Arturo García Bustos había hecho estudios sobre Frida, y su madre, Dolores Olmedo, solía acudir a García Bustos y a su esposa Rina Lazo, en cuestiones de autenticidad.
“Es increíble la exagerada arrogancia y necesidad que muestra esta mafia que encabeza Phillips Olmedo, de controlar el mercado de Frida Kahlo,” dijo Noyola. Sus intereses no son históricos ni culturales, sino sólo económicos; los nuestros son todo lo contrario. Debo decir que ninguna de las personas que firmaron la carta, o los que han dicho que la colección es falsa, han acudido a nosotros para ver el material.”
Con respecto a la declaración de Mary-Anne Martin, sobre el uso de la palabra “bisexual” en los 40s, Noyola dijo que “efectivamente no era usada antes de los 40s por personas comunes, pero sí la usó un grupo de feministas entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, para diferenciarla del término hermafrodita, y ese fue el caso de Frida, quien conocía las diferencias entre homosexualidad (lesbianismo en su casi) y bisexualidad, en la que ella se ubicaba, pues como dijo, “disfrutó el sexo en todas sus dimensiones. Sí usó también el término hermafrodita pero sólo pare referirse a personas non-gratas”.
Sobre el autorretrato mencionado por Martin, Noyola dijo que todos los pintores recurren a una fotografía para autorretratarse.
Señaló que trató de compara su material con el archivo de la Casa Azul (el museo de Frida en la ciudad de México), que fue abierto en 2007 y vuelto a cerrar posteriormente. “Se me negó el acceso a dicho archivo,” comentó. “Sin embargo, algunas cartas de Frida a su médico, el doctor Leo Eloesser, que estaban en esos archivos, fueron publicadas en el libro Querido Doctorcito y, a primera vista, se podría decir que es la misma caligrafía que la que hay en nuestro material.”
“Finalmente hemos determinado que el material tiene un valor histórico que excede el valor material que es lo que preocupa a ese grupo de custodios mercantilistas. Sabemos que el 100 por ciento de autenticidad sólo podría ser confirmado por la propia Frida, y eso es imposible, por lo que concluimos que el término atribución es el más apropiado. Nosotros no tenemos el poder de Phillips Olmedo y su grupo, pero dejaremos que los hechos hablen por sí solos y que los lectores formen su propio juicio”.
Próxima edición: la historia de cómo la Noyola encontraron a Frida.
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