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Editorial

Por Tania Noriz, editor en jefe

Si esto no es una fuerte llamada de atención al gobierno de esta ciudad y al sistema de justicia estatal, entonces no sé que es. ¿Qué sigue? ¿Toques de queda como en Tijuana? ¿Casas abandonadas? ¿Pérdida de empleos? ¿Fuga de inversiones? ¿Decaimiento económico? ¿Mas daño colateral?

Cuando fui contratada para trabajar como la reportera principal de Atención San Miguel, en 2004, los procesos editoriales y de producción eran despiadados con los empleados del periódico, pues en un solo día, el martes de terror, editábamos, procesábamos y enviábamos la edición a la imprenta. Dependiendo de la carga editorial y de anuncios, la cantidad de correcciones y si la tecnología era benéfica o no con nosotros ese día, podríamos irnos a nuestras casas a las 10 de la noche. Si no, entonces sabíamos que saldríamos de madrugada, una o dos de la mañana, aunque en muchas ocasiones llegamos a salir casi a las 6, cuando la gente madrugadora ya había salido a correr.

Así, al menos, durante tres años, cada martes, caminé sola de Insurgentes a la colonia San Antonio, a cualquier hora de la noche, o de madrugada, sin sentirme angustiada, con miedo o sospechosa de las malas intenciones de quien caminara a mi lado en esos momentos.

Coincidentemente esos eran los días de la primera administración de Luis Alberto Villarreal, cuando como reportera pude constatar se trabajó en el desarrollo de infraestructura, obra y seguridad. Recuerdo que en esos tiempos, la percepción de la ciudadanía era que a los crímenes de alto impacto, al menos a nivel local, se perseguían hasta sus últimas consecuencias. Los reporteros, como yo, teníamos total apertura para entrevistar al sub-procurador, o al procurador cuando era necesario, y los partes policiacos estaban disponibles para los medios de comunicación cada mañana. Fue así como por primera vez en Atención fue publicado nuestro propio parte de acontecimientos semanales, que en la mayoría de las ocasiones coincidía con el de Cruz Roja, y el de Protección Civil, porque en esos entonces todavía se podía hablar de transparencia. Había apertura y se notaba, había seguridad y se notaba. Se notaban las patrullas y los agentes de policía en las calles y colonias, o en las casetas que se empezaron a construir en colonias problemáticas.

Los casos mas sonados de la época como la del violador en serie, y el del ladrón/asesino de la colonia Mexiquito fueron resueltos en pocos meses.

15 años y cuatro administraciones después, con la exposición positiva de la ciudad, y su inminente crecimiento, ¿aumentaron el crimen y la incapacidad de las autoridades para prevenirlo, atacarlo y juzgarlo? Esa es la pregunta con la que me encuentro todos los días y a la que las autoridades siempre responden con un tajante no.

Muchos años han pasado desde que me sentía segura y tranquila al caminar sola por las calles de esta ciudad. Debo confesar que salvo la vez en que se metieron a robar a mi casa hace cuatro años, nunca me sentí insegura; ni siquiera cuando hace dos meses no podía entrar al fraccionamiento donde vivo porque a la entrada estaba un hombre herido de muerte a balazos.

El sábado pasado, no muy noche, mi esposo y yo acabábamos de apagar la luz para dormir. Nos levantó el ruido certero de balazos. Se escucharon claramente afuera de mi casa. Ahí empecé a sentir miedo. A los 20 minutos se volvieron a escuchar, esta vez mas lejos. Al día siguiente los noticieros daban cuenta de lo que había pasado: Una balacera que efectivamente inició en el fraccionamiento donde vivo, continuó hasta la avenida de las Américas, donde el saldo fue de dos personas muertas, un hombre y una mujer; y una mas, muerta en el hospital, una niña de trece años, que estaba por ahí cenando tacos. Después trascendió que el saldo fue de cuatro personas, pues un joven fue ultimado en Palmita de Landeta también a esas horas; de él nadie dice nada…

Me queda claro que San Miguel de Allende no va a volver a ser el mismo que fue hace 15 años. También me queda claro que en prevención y combate al crimen no se están haciendo las cosas bien. No lo digo yo, lo dice una niña, de trece años, que murió por ir a cenar tacos en una noche desafortunada, donde los criminales andaban sueltos, sin que nadie hiciera nada por detenerlos.

La respuesta de las autoridades hasta el momento de terminar de escribir este editorial fue casi igual a nula, un escaso comunicado a manera de condolencias donde se puede leer lo siguiente: “La administración municipal condena estos lamentables hechos y reitera su colaboración con las autoridades de los diversos niveles de gobierno para esclarecer estos acontecimientos. Así mismo reiteramos nuestro compromiso por construir la tranquilidad y La Paz social a la que aspiramos todos los sanmiguelenses.” ¿Me pregunto qué pensarían los papas de esa niña al leerlo?

Y después la nota dolorosamente chistosa, un regidor que campechanamente pedía en su página de Facebook, que no habláramos de lo malo que sucedía en nuestro municipio, para no dañarlo económicamente. Qué bonito, ¿no?

¿Dónde está el llamado inteligente para que gobierno y sociedad trabajemos juntos y así evitar lo que está sucediendo actualmente? Aceptar los hechos, y trabajo, es lo que exigimos, un trabajo de todos. Gobierno municipal, sociedad, ¿cómo podemos ayudar?

 

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