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Festejando a la Santa Cruz para que no se caigan las casas

Arq. Cristina Agundis y constructores

Gabriel y su maistro

Ricardo Luna

Por Jesús Aguado

El 3 de mayo es un día de celebración en nuestro país, de importancia religiosa y comunitaria. Los católicos lo celebran como el Día de la Santa Cruz, pero también los trabajadores de la construcción festejan su día “el Día del Albañil,” con las infantables “carnitas,” fuegos pirotécnicos, música, danzas, adornos en barrios y comunidades no únicamente de San Miguel sino en todo el país.

Para los católicos, este día marca el momento en que se supone que Santa Elena, madre del emperador Constantino encontró la cruz en donde Jesús fue crucificado.

Sin embargo, el 3 de mayo cobra mayor importancia pues tradicionalmente ese día es dedicado a festejar los trabajadores de la construcción: albañiles, chalanes, electricistas, fontaneros, carpinteros, pintores, en fin, a todos aquellos que de alguna forma contribuyen a la construcción sin perder el sentido religioso pues ese día se instala una cruz de madera a la que se encomiendan para que el edificio esté bien.

San Miguel de Allende es conocido por su oferta de bienes raíces. La venta y renta de casas se da al por mayor y también la construcción. Aquí hay una comunidad que es semillero de constructores: Alcocer.

Alcocer, semillero de constructores

Ricardo Luna tiene 28 años, y es de Alcocer, una comunidad en la parte alta de la ciudad. Tiene unos 1,200 habitantes y la población mayormente joven se dedica a la construcción, pintura, herrería y carpintería.

Para Luna, la obra en que ahora está trabajando es mediana, pues ha participado en otras en que hay hasta 120 trabajadores—por día—recordó una obra en Marroquín.

Luna sí reconoce que las obras medianas son las más interesantes porque todos se conocen, conviven y se crean lazos de amistad. Y es que como en el mundo profesional, en el mundo de la construcción todo se trata de conexiones “estamos todos conectados, si alguien se queda sin trabajo siempre conocemos a alguien que está necesitando ayuda en alguna construcción” mencionó.

Luna que preparaba la instalación hidráulica de la fuente central en calle Quebrada 121B donde se construye un condo de tres niveles, dijo que ha aprendido “de todo” dentro de las construcciones, le han dado la oportunidad y eso le gusta. Sin embargo, trabajó en algún momento en Hacienda Picachos, allí construyó un invernadero en el que además se quedó a trabajar cultivando productos orgánicos. Su idea es en algún momento retirarse de la construcción y dedicarse al cultivo de orgánicos. Por ahora, espera la fiesta del 3 de mayo.

La celebración

Aunque la fiesta de la Santa Cruz y del Día del Albañil pudiera ser mera coincidencia, podemos encontrar sus raíces en los tiempos de la conquista donde entre las comunidades campesinas se daba culto a la Santa Cruz, a la que se le pedían milagros y se le daban las gracias después de la cosecha. Con el tiempo los campesinos de esas comunidades cambiaron de trabajo y se convirtieron en albañiles, quienes no perdieron la costumbre de celebrar a la Cruz.

En este día, el maestrero o responsable de obra toma la iniciativa, construye una “Santa Cruz” de madera que es llevada a misa, la bendice el padre, y luego los mismos constructores la llevarán a la obra y la colocan en la parte más alta o en la fachada del edificio o cualquiera que sea la obra en progreso. Después la fiesta comienza: hay comida, hay bebida, hay convivencia, fiesta y diversión, es que es un día de descanso.

Las celebraciones son variadas y la pompa de la fiesta dependerá no sólo del tamaño de la obra sino del número de trabajadores. Hay desde aquellos que rentan un balneario para llevar a los albañiles y su familia, hasta aquellos que en la misma construcción—lo clásico—ofrecen la comida y lo indispensable para que los albañiles convivan. También hay aquellos arquitectos que, ni dan el día de descanso a los trabajadores, ni les hacen fiesta, pero todo depende de la empatía, creencia, costumbre y tradición de “los de arriba”, y los de abajo.

Albañiles construyendo sueños

En calle Quebrada 121B donde se construye un condo de tres niveles, el pent-house ya está vendido y de hecho se entrega la siguiente semana, allí (en la terraza) platicamos no sólo con la arquitecta Cristi Agundis, sino con aquellos que han trabajado en la obra desde el inicio. Ellos se cuestionaban: “¿irá a quedar bonito?¿Irá a parecerse al diseño o a lo que vemos en fotografías?” También platicaban con incertidumbre sobre su fiesta porque “no sabemos qué nos va a preparar la arquitecta o Ramiro—el maestrero,” nos dijeron.

Desde la terraza podíamos ver el patio común de la primera planta, allí trabajaban Rodrigo, Carlos, Jacinto, Juan, Carlos, Julio; allí se diseñaba el piso y también se instalaba el sistema hidráulico de la fuente. Un trabajador que vestía sudadera verde llamó la atención por su entusiasmo el trabajo.

José Gabriel Hernández tiene 20 años, y no carga un lápiz en la oreja derecha, gorra—usa la de la sudadera—o un flexómetro en la cintura, pero sí sus zapatos con protección al frente para la caída de cualquier material. Es también originario de Alcocer, y al terminar la secundaria decidió que ya no quería seguir en la escuela, “no se me dio” dijo entre risas. Allí en la terraza nos compartió que trabajó en un rancho productor de uva y vino a los 16 años, pero luego se dio cuenta que la paga no era suficiente. Así un día salió a buscar trabajo como ayudante de albañil y lo encontró en Mexiquito. La experiencia fue extraña pues “ni sabía cómo hacer mezcla, pero poco a poco te vas acostumbrando no madamas al cansancio de la noche, la rutina” dijo.

Este trabajo, continuó Gabriel “está cansado, pero ya después se acostumbra el cuerpo” además dijo, lo que más le gusta del oficio y que lo hace sentir contento es que poco a poco, con un equipo tan grande y tan diverso los sueños del papel se van construyendo.

Gabriel sueña alto, dice, pues no querría quedarse como ayudante toda su vida más bien le gustaría ascender a maestro y luego a maestrero para supervisar e ir de obra en obra. ¿Y los sueños del norte? Para Gabriel es distinto, probablemente quiera ir a Estados Unidos, porque es lo que todos quieren, pero con permiso “ir por el monte es complicado”, compartió.

De 1,600 a 2,800 pesos

En la segunda planta de la construcción con lápiz rojo sobre la oreja derecha—para marcar el piso—y un flexómetro en el lado derecho de la cintura—para medir la cantera laminada—trabajaba Daniel Alberto Aguilar. Pegaba loza de unos 50×50 centímetros. El atuendo es el clásico de un maestro, camisa con mangas largas, pantalón de mezclilla, botín café cuarteados por el agua y el cemento.

Él tiene 32 años y también es oriundo de la comunidad de Alcocer. La mitad de su vida la ha dedicado a la construcción de edificios en San Miguel, es un albañil completo; conoce de pintura, electricidad, fontanería, y claro el pegado de ladrillos, bloques, pisos y aplanados.

Comenzó como ayudante de albañil cuando tenía 14 años.  A los 18 cruzó para el norte y trabajó en lo que sabía, la construcción, en Austin Texas. Después de dos años recibió el llamado, la familia ya lo esperaba. Regresó, se casó y ahora tiene dos hijos.

Aunque es un trabajo que ama y ha aprendido a mejorar con el tiempo, sí dice que si tiene la posibilidad de proveer educación más alta para sus hijos lo hará para que no se dediquen a este oficio que, aunque es duro, y pesado, sí es el más noble y honesto que puede existir.

Ninguno de los trabajadores tomaba un descanso durante las tres horas de visita a la obra, y cuando platicaba con Daniel por ejemplo, llegó alguien más a suplirlo en la pegada de la cantera.

Algo sí tiene claro Daniel, y es que prefiere más trabajar por día que por destajo y es que “cuando trabajas por tarea estás presionado, estresado y las cosas no quedan bien. Cuando trabajas por día lo haces a tu ritmo y hay mayor perfección” comentó.

“Siempre debe uno superarse” nos dijo Aguilar. Y es que cuando se casó, decidió que necesitaba aprender más, y pasar de ayudante a maestro “necesitaba más dinero, un ayudante gana en promedio 1600-1800 pesos por semana, y un albañil que tiene toda la responsabilidad de que la obra esté perfecta, hace por semana unos tres mil pesos”.

La Santa Cruz

La construcción visitada está bajo el diseño y construcción de la arquitecta y agente de bienes raíces Cristi Agundis. Ella coincidió con el sitio católico ACI prensa en el origen de la celebración de la Santa Cruz. Dijo que es una tradición europea, y se celebra porque los españoles la trajeron y durante la colonia creció el día del constructor por el innumerable número de construcciones que existieron.

ACI prensa indica que el 3 de mayo de 326 Santa Elena encontró el madero en que Jesucristo fue crucificado “pudo identificar la Cruz del Señor colocando sobre ella el cadáver de un trabajador, que resucitó. Luego del hallazgo varios trozos de la Cruz se repartieron por todo el mundo”.

Sobre la celebración y la construcción, hay otra versión en México, ésta indica que

La fiesta se remonta al siglo XVI cuando el capitán Juan de Grijalva nombró Isla de la Santa Cruz a la Isla de Cozumel de Quintana Roo, los albañiles tomaron la celebración como propia debido a una leyenda que cuenta que en un poblado de Tabasco realizaban una procesión con una cruz, pero al final la cruz siempre regresaba a su lugar de origen”.

 

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