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El hombre detrás del bien y el mal

Por Jesús Aguado

Demonios, vírgenes, cristos y tótems conviven en el taller de Cruz Centeno, artista original del Valle del Maíz, quien por más de 35 años ha dado rostro al demonio y personajes celestiales que danzan gustosos en las festividades de San Miguel.

Ver los movimientos de los danzantes en el Valle del Maíz, es un placer. En este barrio, que es de los más antiguos de San Miguel, hay unas seis danzas de rayados (apaches), esos danzantes que se coronan con cráneos “humanos” y crines de caballos, los que cargan replicas de lanzas, y armas precolombinas. Las danzas de rayados recrean batallas en donde nunca falta el elemento principal: el demonio, ése personaje que junto a la muerte rodea a los guerreros y al final—siempre—será al rayado a quien se llevará; después de que sea “partido” por la aguzada y afilada guadaña de la muerte.

Don Cruz Centeno asegura que ya desde niño “uno está envuelto en la cultura” que identifica al barrio, si no es danzante, es el diablo o la muerte, o participa en el coloquio y se involucran en tejer el súchil u otras actividades.

Su llegada al arte fue sin quererlo ni pensarlo, Centeno trabajaba como albañil a los 17 años, y fortuitamente trabajó con el santero Francisco Almanza, quien en su taller lo introdujo al arte durante 14 años. En ese taller Centeno fue modelo para la talla de un Señor de la Columna “está en Celaya en un mercado”, y allí talló su primer Cristo que está en Aguascalientes.

Luego se independizó, y ahora al unir los troncos de madera de sus manos emergen cristos, sagradas familias, ángeles, vírgenes, y santos, pero también uno de los elementos que dan identidad al Valle, las máscaras de muerte y demonio.

“Cuando hago una máscara de diablo sólo hago lo que llega a mi imaginación, nadie sabe cómo es. El cásico sabemos que tiene la lengua de fuera, pero yo trato con diferentes ideas: uno con cara de cerdo y orejas de ratón…depende de mi estado de ánimo” comentó. Su experiencia con las máscaras—talla de colorín—inició hace 20 años, cuando su hijo le dijo que quería ser el diablo en una danza, desde entonces se ha dedicado a hacer las figuras que son parte esencial de los rayados.

En su taller convive el bien y el mal, pero él está más allá de eso porque dice “yo lo veo como trabajo, y nada más, no soy supersticioso”. Para contactar a Don Cruz Centeno llame al 415 133 3599.

 

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