Un viaje al pasado a través de los negocios de San Miguel, segunda parte

Por Karla Ortiz

Esperamos que hayas disfrutado la primera parte de esta recopilación de historias que han marcado el ritmo en la ciudad.

En esta segunda parte, queremos que viajes con nosotros a la época en donde surgieron negocios como la Cantina de Don Vidargas, que abrió sus puertas en el año de 1955 en la calle de Insurgentes, era y seguirá siendo la preferída de muchos. Anteriormente fue una tienda de granos, donde los niños corrían entre los costales de maíz, frijol o harinas, pero desde que la tienda cerró, el establecimiento se convirtió en cantina. El lugar ahora lo atiende el hijo de Don Jorge Vidargas, Francisco. Mucha gente aún llega preguntando por su papá y platicándole historias viejas de peleas dentro de la cantina, de rodajes de películas o videos musicales. Francisco, sin reconocer a ninguno, sabe que mucha gente llegó a pisar el lugar y que tienen grandes historias guardadas, como la de una pareja que vio florecer su amor en la cantina, y el día de su boda, para calmar los nervios, antes de la misa, fueron a tomarse una cerveza ahí.

En realidad la cantina siempre se ha llamado El Cucú, aunque muchos la conocen por  “La Cantina de Don Vidargas”. El Cucú es el nombre que Don Jorge, originario de la Ciudad de México, usó ya que era el nombre de una cantina en la ciudad, donde los hombres después de marchar en el servicio militar, asistían a ese salón para relajarse un rato, y así fue como Don Jorge decidió usar el mismo nombre, para recordar los viejos tiempos.

Cerca de ahí, en la calle Hidalgo, se encuentra la Cerrajería y Ferretería Lara, que han estado en ese mismo local desde su inicio en 1960, pero que oficialmente empezó a operar en 1978. Esto debido a que en 1960 hacer llaves no era considerado un negocio, pues muchas casas tenían llaves gigantes que fabricaban solo los herreros o la gente dejaba sus casas abiertas ya que no había delincuencia. Pero gracias a la llegada de turismo, los hoteles empezaron a llegar, mismos que solicitaban que se les hicieran llaves de los cuartos. En ese entonces José Refugio Lara, dueño del negocio, trabajaba en la Fábrica la Aurora y para él hacer llaves solo era un hobbie, pues había días en los que solo hacía una llave, en compañía de uno de sus amigos. Después, el conocimiento se lo cedió a su hijo, quien también trabajaba en la fábrica, pero debido a que notó que la cerrajería empezaba a ser negocio, decidió formalizar la cerrajería y en los 80’s empezó a tomar cursos mediante revistas en inglés que su esposa le traducía, y así fue como su negocio de 2×4 metros pasó a ser un negocio con pasillos y miles de productos que ofrecer.

Sin duda, la belleza no pasaba desapercibida en estas épocas, tanto para hombres como mujeres. Salir a la calle a dar un paseo o ir por una malteada tomaba menos tiempo del que la gente pasaba arreglándose el cabello o la barba. Para esto Estética Carmen, ayudó a muchas jóvenes a encontrar el look perfecto y lucir sensacional en la noches dando vueltas por el jardín principal. El negocio inició en 1977, en su misma ubicación en Canal 9. Carmen aprendió las técnicas de estilismo y cosmetología con un instructor en Celaya y por obvias razones, con el paso de los años, fue tomando cursos para actualizarse en las tendencias de moda. En la estética siempre han ofrecido los mismo servicios: peinados, maquillaje, manicure y pedicura, y a diferencia de muchos otros negocios que han decaído, este negocio ha salido a flote, gracias a los grandes eventos que se organizan en la ciudad, como lo son bodas y otros eventos sociales, en lo que la gente los busca para contratarlos. Desafortunadamente la señora Carmen falleció hace 20 años y a raíz de eso, su hijo Isaac continuó a cargo del salón, principalmente por no fallar a sus clientes y por continuar la tradición, una manera de honrar la memoria de su madre. Isaac creció en el salón, a los 17 años se hizo cargo de la administración, pero con la falta de alguien al mando, se metió de lleno al negocio.

Dentro de la estética, aún conservan las maquinas viejas que usaban antes para secar el pelo o fijar los rizos, aunque estas aún sirven y algunas clientas piden que las usen en ellas, incluso también tienen macanas de madera que anteriormente la gente utilizaba para hacer caireles, hoy es muy raro que las utilicen en su clientela, ya solo las usan para peinar a las mojigangas de las bodas.

Los hombres en cambio, solo ocupaban de una buena rasurada y un buen corte a la moda. Ellos preferían dejar su look en manos de Don Jorge Trujillo, dueño de la Barbería “El Pípila”. Su negocio lo inició en 1972, junto con un maestro quien le enseñó todas las técnicas de la barbería y posteriormente Don Jorge se quedó al mando de ésta. Siendo este negocio el pionero en barbería especializada en hombres, Don Jorge nos mencionó que nunca le ha cortado el cabello a una mujer y también nos contó que tristemente ya no llegan tantos clientes como antes en sus primeros años, cuando la gente se abarrotaba para entrar. Hoy el corte de pelo cuesta 30 pesos, pero hace más de 30 años, el corte costaba únicamente 1 peso. A pesar de la gran cantidad de clientela que tenía antes, Don Jorge nunca necesitó de un ayudante, y hasta la fecha sigue al frente del negocio él solo.

Este recorrido por los negocios más antiguos de San Miguel, aún no termina. Quédate pendiente y continua disfrutando de este viaje en la siguiente edición.

 

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