Valentín Miranda Luna

Yo soy la Biblioteca
Por Karla Ortiz

Los jóvenes becados por la Biblioteca están motivados a perseguir sus sueños por un mismo objetivo: crecer personal y profesionalmente, así como contribuir al desarrollo de su comunidad.

Uno de estos ejemplos es el joven Valentín Luna, quien a sus 19 años sueña en grande y se plantea metas por cumplir, aunque no fue fácil. Como todo niño dedicado a los estudios, también tuvo algunos obstáculos que afrontar.

Desde niño fue el mejor de la clase, sus maestros y papás los felicitaban, de primero a sexto de primaria siempre recibió el reconocimiento más alto por calificaciones, pero para él, no todo era la escuela. Le encantaba jugar al fútbol (y meterse en problemas), muchas veces lanzó el balón en dirección equivocada y lastimaba a sus compañeros, nunca fue intencionalmente, aún así, nunca dejó de jugar o hacer de las suyas, pero tampoco descuidó la escuela. Su madre siempre lo apoyó y le decía que primero las responsabilidades y luego a jugar. Y ella no fue la única, sus hermanos constantemente lo han alentado a seguir adelante; una de sus hermanas lo sentaba y lo ponía a leer, pronunciar o escribir, y hasta la fecha, varios de sus hermanos lo animan a continuar estudiando y llegar muy lejos. Ya que sus calificaciones eran buenas, su madre lo ayudó a encontrar una beca para apoyarse económicamente. Obtuvo una beca del gobierno, la cual mantuvo por algún tiempo pero después le fue removida. Ante esta situación empezaron a buscar otra beca, hasta que un día alguien les comentó que la Biblioteca otorgaba becas a estudiantes, así que fueron a preguntar por los requisitos, la solicitaron y fácilmente le fue otorgada. Desde entonces y hasta ahora, ha mantenido la beca.

Valentín tiene cinco hermanos y tres hermanas, todos ellos con mucha diferencia de edad, el más grande de 45 años, su mamá de 62 y su papá de 70 años. Sus padres, a pesar de ser grandes, nunca han dejado de trabajar y siempre han visto por que nunca le falte nada a Valentín y lo han apoyado a perseguir sus sueños.

Su carrera le empezó a interesar, principalmente porque sus papás trabajan mucho en el campo, le encantaba observar como era que crecían las plantas, como se daban las semillas, hasta como era que participaban los insectos en el crecimiento de las hortalizas. En la primaria le encantaba leer sobre el tema, sus libros favoritos eran sobre la naturaleza, ciencias naturales, animales y plantas. A partir de ahí, se interesó mucho por los cultivos y la tierra. En la preparatoria, su profesor de biología era un Ingeniero Agrónomo, con él se la pasaba platicando por horas, hablaban sobre todo el mundo de la agronomía, desde ahí le nació la curiosidad por aprender más sobre esa carrera y decidió convertirse en un Ingeniero Agrónomo, tan pronto se lo contó a sus padres, comenzaron a ofrecerle otras carreras que podrían traerle mayor beneficio económico, pero Valentín al expresarles su sentimiento y amor por la carrera, accedieron y lo apoyaron en su nuevo camino. “Yo creo que lo principal es que te guste y que estés convencido de que eso es lo que quieres”, comentó Valentín.

Llegar tan lejos fue un gran reto para Valentín, ya que en su casa toda su familia lo más lejos que habían llegado fue a terminar la escuela secundaria, incluso pasar a preparatoria fue un gran desafío para él; tener que llegar a casa a hacer las tareas y no contar con asesoría de nadie, sentir poca confianza en si mismo por no poder lograrlo. “Nadie en mi familia nunca había logrado pasar de la secundaria, tal vez por falta de oportunidades o por que ya no quisieron. Pero mírame no soy una persona con dinero, pero tengo las ganas y aquí estoy, si tu quieres puedes lograrlo, la verdad desconozco las razones de mis hermanos, eran otros tiempos. Pero de algo sí estoy seguro: Yo soy el primero con esta meta y sé voy que poder, lo tengo que hacer por mi”, expreso Valentín.

Otro gran reto fue empezar de cero. Su carrera se encuentra en el Tecnológico de San Roque, en Celaya y tuvo que aprender por su cuenta a vivir en una ciudad completamente diferente a lo que conocía. “Nadie nunca me dijo como sería la universidad o como sería tratado. Entre a un mundo desconocido, incluso me volví un poco más platicador, empecé a desenvolverme más con la gente, aprendí a moverme por Celaya por mi cuenta y son todas estas experiencias las que me han hecho crecer”, agregó Valentín.

Una de las metas de Valentín es terminar la universidad y cumplir uno de sus sueños: conocer Suiza y tal vez trabajar por allá, es tanto su interés por conocer este país que incluso tiene un cuadro en su cuarto con paisajes suecos para que cada día ese sea su mas grande motivo, además, siempre ha soñado con tener su propio negocio: una granja.

“Agradezco a todos aquellos que con sus palabras y acciones me impulsaron para seguir creciendo tanto personal como profesionalmente; a mis amigos, maestros, hermanos y papás. Principalmente a mi mamá que ha sido mi mayor motor, ha estado conmigo en todo momento, a ella le agradezco todo lo que ha hecho por mi y por mis hermanos, es una mujer fuerte a la que admiro bastante, nunca se ha dejado vencer y quiero ser como ella, es mi más grande ejemplo. También estoy muy agradecido con la biblioteca, yo sé que no es fácil apoyar a tantos jóvenes, son una institución muy amable al esforzarse por darnos a todos un gran soporte. Los jóvenes en mi posición, con ganas de sobresalir, a veces no contamos con el dinero y el que nos brinden esta beca es una motivación enorme para nosotros. Es cierto que se necesitan varios requisitos, pero a veces los requisitos son lo de menos, cuando se trata de salir adelante, le echas ganas por que le echas ganas”, concluyó Valentín Luna.

 

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