Yo Soy La Biblioteca: Sandy Elías

Por Karla Ortiz

El fruto de tus donaciones y la adquisición de este periódico se ve reflejada en los cientos de adolecentes que se encuentran hoy estudiando la preparatoria y la universidad en las diferentes escuelas que hay en la ciudad, gracias a las becas que provee La Biblioteca Pública. Estos adolecentes todos los días se levantan con el propósito de salir adelante junto con su país. Incluso los más jóvenes ya piensan en cómo será futuro.

Sandy Marlen Elías es una de las más jóvenes becarias. Ella estudia con la beca de Amistad Canadá, y a sus 16 años ya tiene pensada la carrera quiere estudiar en la universidad, aunque claro sabemos que posteriormente puede cambiar de opinión, pues aún tiene el tiempo pensarlo mejor. Sandy, junto con sus hermanos, siempre fueron aventureros; juntos caminaban y exploraban los cerros cercanos a Don Juan Xido Cabras, la comunidad donde actualmente viven. Sandy tiene una hermana mayor que estudia la universidad, un hermano en la secundaria y otro hermano en sexto de primaria, a todos les ha llamado mucho la atención estudiar y todo gracias a sus padres, que les inculcaron el gusto por el estudio. Su papá es jardinero, y algo que agradece Sandy, es que sin importar lo mucho que se esfuerce y trabaje, siempre los ha sacado adelante, tanto a sus hermanos y su mamá. El esfuerzo por parte de su mamá también ha sido considerable, pues en ves de dejarlos pasar tiempo frente a la televisión o mantenerlos ocupados en otras cosas, los traía a la biblioteca para que tomaran clases de inglés, pintura y computación, muchas veces los trajo también para las tradicionales posadas o en verano para algún curso.

Además de jugar y tomar algunos cursos, también le ha interesado el baile, el básquetbol, el fútbol, y su actividad más reciente: porrista en el equipo de la preparatoria. Aunque de niña tuvo un accidente por el cuál tuvo que abandonar el deporte: un día mientras andaba en bicicleta con sus hermanos, tuvo un percance y cayó al suelo, inmediatamente intentó levantarse, pero al momento en que se ponía de pie, se caía y no entendía por qué, hasta que su papá salió por ella y su mamá revisó su pierna, fue entonces que se dieron cuenta que Sandy se había roto la tibia. Tuvo que esperar cuatro meses para poder moverse y dos años más para integrarse por completo a sus actividades normales. Después de ese accidente ya no pertenecía a ningún equipo, hasta que entró a la preparatoria y se integró como porrista en el equipo de su escuela.

Nunca le tomó importancia a estudiar fuera de su comunidad, hasta que un día en su escuela le sugirieron la secundaria de su comunidad y su mamá inmediatamente la rechazó, fueron a las oficinas de USAE (Unidad de Servicio de Apoyo a la Educación) y reclamaron un lugar en una escuela en San Miguel, pero las señoritas que atendieron a su papá le dijeron que eso era imposible, “los de rancho a rancho y los de ciudad a ciudad”, lo cual indigno al padre de Sandy y les exigió igualdad de oportunidades, al final de la discusión, Sandy logró ingresar a la escuela Fuego Nuevo. Fue entonces que su papá le dijo: “si los sigo mandando a la escuela de la comunidad no lograremos un avance, ¿qué puedes comparar de una escuela donde un solo maestro te va dar las ocho materias a una escuela donde vas a tener hasta ocho o 10 maestros que impartan esas materias?”. Aunque ahí no terminó todo, pronto las burlas y la indiferencia de los otros niños vecinos empezaron a notarse, hasta la fecha, Sandy no tiene amigos en su comunidad, pues todos le dejaron de hablar por cambiarse de escuela a una en San Miguel. Algunas de las vecinas le han llegado a comentar que estudiar no sirve, que mejor se meta a trabajar para que de una vez gane su dinero, pero eso a Sandy no le importa, pues ella está viendo por su futuro y sueña con terminar una carrera universitaria para poder apoyar monetariamente a sus padres y que sus hermanos sigan con sus estudios.

Nos contó que en la secundaría conoció a un fotógrafo de National Geographic, que tras ver su documental y platicar con él, una chispa dentro de ella se encendió y su gusto por la fotografía comenzó a crecer, y al entrar al CBTis optó por la especialidad que le ayudara en este tema: Programación, pero desafortunadamente no quedó y la integraron al grupo de Soporte y Mantenimiento de Equipo de Cómputo, donde está aprendiendo a limpiar y cuidar de los aparatos electrónicos tanto interno como externo, lo cual también le ayudará en su carrera, pues planea estudiar Diseño en Medios Digitales. Por el momento se ha dado cuenta que le apasiona su especialidad, hasta ha practicado con la computadora de su casa, aunque casi la descompone pero al final no desesperó y logró echarla a andar.

Como cualquier otra adolescente, Sandy también tiene metas en la vida, una de ellas es terminar de estudiar su licenciatura y apoyar a sus hermanos para que también continúen con sus estudios, otra meta es viajar y conocer varias partes del mundo, quedarse periódicamente en distintos países, siempre regresando a San Miguel, y planea lograrlo creando su propio negocio. Su madre siempre le dice que sueñe y que sueñe en grande, sino, nunca logrará lo que se propone.

Sandy está muy agradecida con la Biblioteca: “Me han apoyado demasiado, ahora mis padres ya no están tan presionados por las colegiaturas de sus cuatro hijos, ya no buscan préstamos ni se endeudan para poder comprar uniformes o útiles escolares. Estoy súper agradecida por que aparte del apoyo monetario, también me han motivado, por que de verdad reconocen el esfuerzo y las ganas de estudiar de todos los que estamos en el programa, muchas gracias.”

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