Memorias olvidadas de la Revolución

Telegrama de la paz

Telegrama de la paz

Porfirio Diaz

Juicio promovido por Paula Moya

Feliciano Camargo, responsable de incendio

Revolución mexicana

Jesús Aguado

Era la época del tifo, los perros rabiosos y la lepra en San Miguel; era el tiempo de los bienes mostrencos cuando la Revolución Mexicana iniciaba contra el gobierno “dictatorial” de Don Porfirio Díaz.

En el Distrito de San Miguel Allende, historias de pistoleros, alcohol, fuga de reos e incendios de cárcel y archivo tuvieron lugar. Sin embargo no era el apoyo a la revolución lo que los movía a actuar.

¿Qué era México?

Es la pregunta inicial que el escritor John Keneth Turner planteó para iniciar el texto del libro México Bárbaro. Además, ya en 1909, adelantaba una revolución a favor de la democracia; y es que el general Porfirio Díaz se había mantenido en el poder casi 30 años consecutivos—28 de noviembre de 1876-25 de mayo de 1911; una época en la que se privilegió a los intereses extranjeros y los locales—sobre todo campesinos—fueron usados para la mano de obra barata.

En sus textos, Turner relata que conoció el verdadero México, donde las leyes y la constitución eran justas, pero éstas no se cumplían. Era, escribió, “un país sin libertad política, sin libertad de palabra, sin prensa libre, sin elecciones libres, sin sistema judicial, sin partidos políticos” y remató que era un país “sin libertad para conseguir la felicidad”. Apuntaba Turner—porque visitó y recorrió el país—que México era una tierra donde no había habido elecciones durante más de una generación, donde no había habido lucha electoral para ocupar la presidencia porque el poder ejecutivo gobernaba todo con un ejército y además, los puestos políticos tenían un precio fijo.

A Porfirio Díaz, se le atribuye un gran desarrollo del país—fue quien introdujo el ferrocarril—sin embargo los costos de las vías férreas fueron no sólo colocados, sino pagados por los bajos estratos que nunca se beneficiaron de éste sino que fue para desarrollar un capitalismo que hizo ricos a los ya ricos.

El gobierno de Díaz, fue siempre apoyado por mexicanos aristócratas y capitales de empresas extranjeras. Fue también durante ésta época cuando las haciendas tuvieron su mayor apogeo, pero gracias a peones casi esclavizados a quienes imponían deudas casi interminables en las tiendas de raya; incluso en Yucatán, Turner señalaba que las haciendas eran tan grandes que tenían pequeñas ciudades hasta de 500 a 2,500 habitantes “y los dueños de estas grandes extensiones son los principales propietarios de esclavos”. Entonces, los peones trabajaban la tierra, pero no les pertenecía.

La verdad, es que la revolución fue primeramente para evitar la reelección del presidente Porfirio Díaz y luego, para conseguir la propiedad de la tierra. La presidencia de Díaz, fue sucedida por Francisco I. Madero—quien hizo el llamado a tomar las armas contra el gobierno. Díaz renunció al poder el 26 de mayo de 1911 y se exilió en Francia. Madero fue electo presidente pero debido a inconformidades fue muerto en 1913. Hasta ahora, los historiadores no han logrado ponerse de acuerdo sobre la fecha de término del conflicto. Gracias a la revolución, hoy hay un sistema electoral y surgieron los ejidos pues la tierra fue repartida a quienes la trabajaban, entonces desaparecieron las haciendas.

Memorias

Los archivos religiosos, por lo menos el de la parroquia de San Miguel Arcángel, están casi intactos, de acuerdo a la historiadora Graciela Cruz.

La página electrónica del Archivo General del Municipio de San Miguel de Allende, indica que inició a partir de 1870. Durante la revolución el archivo estuvo a punto de desaparecer y es que el 18 de mayo de 1911 rebeldes—que apoyaban a Madero—entraron al edificio de presidencia municipal y saquearon e incendiaron el archivo.

La historiadora Cruz atribuye también la falta de documentos a la negligencia y malas decisiones que los gobiernos han tomado para conservar la memoria histórica civil que “está perdida”.

Cuando quemaron el archivo, versión oral

María Antonieta Camargo es hija de José Guadalupe Camargo; quien a la vez es sobrino de Fidencio Camargo. En una plática con Antonieta, nos contó la historia que su padre le ha contado varias veces. A inicios de 1900 había tres hermanos: Fidencio, Melesio y Rodrigo Zamora Camargo. Los personajes eran dueños de magueyes en la salida a Querétaro—en el Valle—y se dedicaban a comerciar aguamiel.

Acorde a Antonieta, los Camargo “eran de armas tomar”; Fidencio bajaba al centro a comercializar el aguamiel o pulque, “tenía la costumbre de disparar. Le ponían multas, pero él sólo se reía”. En una ocasión, indicó Antonieta, pasó varios días bebiendo en el centro y cuando disparó, los soldados lo hicieron enojar y lo querían atrapar; él se fue a la casa (como siempre en su caballo), regresó con petróleo y lo arrojó a la puerta de la cárcel; le pegaron un balazo en el hombro derecho”. Camargo dijo que Fidencio se encomendó a la Virgen de Guadalupe y entonces sólo sintió, cuando lo iban siguiendo por incendiar el edificio, una enramada comenzó a crecer a su alrededor y nadie lo encontró. La mujer comentó que nunca fue juzgado.

Versión documentada

En el archivo hay telegramas enviados de Guanajuato al distrito de San Miguel Allende, para asegurar que la paz había sido firmada, sin embargo pide se tomen las medidas necesarias en caso de hostilidades.

El 8 de junio de 1911, un documento fue emitido por el jefe de gobierno del distrito, Jesús García, para poner a disposición de un juez—y en la cárcel—a Feliciano Camargo, Manuel Ramírez, Josué Muñoz, Felipe Ramírez y María Vidal “acusados de haber tenido participación muy directa en el motín, incendio del palacio municipal, evasión de presos y robos cometidos en esta ciudad el 18 de mayo último”.

Todo fue culpa del alcohol

Un juicio de amparo, promovido por Paula Moya, indica en los hechos narrados por el juez de distrito que la jefatura política emitió una circular para controlar la venta de bebidas alcohólicas pues “el principal y quizá único motivo de los desagradables criminales actos perpetrados por el populacho a esta ciudad el 18 de mayo, fue la embriaguez desenfrenada”. Después de emitir ese documento (la circular) “fue conducido a la cárcel, por la policía casi en estado comatoso, un individuo del bajo pueblo quien al ser interrogado expuso que de plano todo el alcohol que habían ingerido le fue proporcionado por Paula Moya”. Durante el juicio, acorde al documento, la acusada agredió al acusador y a ésta se le fue impuesta una multa de cinco pesos que luego “por sus lloros y ruegos” fue reducida a 1.25 pesos.

En éste documento se señala que la revolución había triunfado. “La señora Moya es de las personas que creen de buena o mala fe, o por ignorancia, que con el triunfo de la revolución pasada, ya no hay gobierno, ni leyes, ni respeto sino mucha libertad, y en ese falso supuesto consideró que podía ampliamente obrar a su arbitrio” al vender desconsideradamente bebidas embriagantes.

El Archivo Municipal se encuentra en Plaza Primavera. Está abierto al público general de lunes a viernes de 9am-4pm. El responsable es Juan Antonio Patlán quien, comentó que el documento más antiguo que obra en ese archivo es de 1888.

Patlán no hace búsquedas particulares sino que el interesado debe asistir físicamente. Lo que sí, es que localiza los archivos que el solicitante requiera para hacer su búsqueda.

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