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Un lugar para el último hogar

Dr. Gerardo Chávez Saavedra

Penélope

Cuerpos

Steve Islander

Simulador en laboratorio de la Universidad

Linda

Imagen ilustrativa2

Por Jesús Aguado

¿Qué nos sucede al morir? ¿Dejamos de ser personas para convertirnos en objetos, en cosas? Para el abogado César Campos, eso es exactamente lo que ocurre: “al morir, nuestros sentidos desaparecen y entonces, ya no somos considerados seres, y nuestro cuerpo se convierte en objeto.” Pero ¿A quién pertenecen esos cuerpos y cómo se garantiza que las últimas voluntades sobre ellos se cumplan?

En San Miguel de Allende, suman cuatro las personas que han decidido—en vida—donar sus cuerpos a la ciencia y Atención tuvo una conversación con ellas donde conoció sus motivos; además hicimos una visita al lugar donde tendrán su último hogar: el anfiteatro de la Universidad de Guanajuato, que se encuentra en la ciudad de León.

Escuela de Medicina

La Universidad de Guanajuato incluyó en su oferta académica, la carrera de Médico Cirujano en 1945, año en que la universidad recibió el nombre que ostenta hasta la fecha, aunque sus antecedentes históricos van hasta 1732, comentó el Dr. Gerardo Chávez Saavedra, académico de la honorable institución, y médico cirujano.

El edificio para la facultad de medicina fue construido en León; y en ese lugar también se incluyó un anfiteatro, para la preservación y estudio del cuerpo humano.

En nuestra visita a la escuela, nos entrevistamos con Chávez Saavedra, quien nos brindó acceso al laboratorio de la facultad; allí los estudiantes trabajan con modelos tridimensionales de cuerpos, software y réplicas plásticas. En éste espacio se guardan también órganos, huesos y partes de cuerpos que han sido sometidas a alguna técnica de conservación.

A un costado de la escuela, está el hospital general de León, y también el anfiteatro. En el espacio, sobre una mesa de trabajo; pudimos observar fetos, corazones, mamas, cerebros, manos y otras partes del cuerpo con que los estudiantes de medicina realizaban en ese momento sus prácticas.

Otra parte del anfiteatro incluye el área refrigerada, allí hay “planchas” para 16 cuerpos, sin embargo al momento de nuestra visita, sólo dos estaban ocupadas (las visitas en el sitio están permitidas previa autorización.) En una de las puertas, se puede ver el nombre de Dorothea Franziska Stavroudis—así como la causa y fecha de muerte. Ha descansado en el lugar desde hace dos años. Fue originaria de Austria, enfermera retirada, con 91 años al momento de su fallecimiento. En otra plancha, está resguardado y conservado el cuerpo de Faye Blackburn, científica sueca, jubilada. Estas dos mujeres, decidieron donar en vida su cuerpo a la Universidad de Guanajuato, para que sean aprovechados con fines científicos y de aprendizaje.

Dr. Chávez explicó dentro del lugar, que los cuerpos se conservan de dos a tres semanas después de la donación, y poseen dos años de vida útil para fines educativos. Más tarde se emplean varios procesos de conservación (plastinación y osteotecnia) para extender su vida útil hasta por diez años. Los cuerpos con fines de docencia, se resguardan en el anfiteatro y se utilizan para prácticas de los alumnos de las carreras de Médico Cirujano, Enfermería y Nutrición.

“La forma ideal para el aprendizaje de los futuros médicos, aunque existen simuladores, modelos de plástico y software, siempre es, ha sido y será el aprendizaje sobre un cuerpo real, así están preparados más tarde para intervenir pacientes,” indicó Chávez.

Donaciones

El Dr. Chávez indicó que en 1991 la Universidad de Guanajuato firmó un convenio con la Procuraduría de Justicia y la Secretaría de Salud, para que la Universidad pudiera acceder a los cuerpos sin vida “de manera legal”. Desde entonces, se estuvieron recibiendo cuerpos de parte de esas autoridades, sin embargo ahora existe el Programa de Donación de Cuerpos para la Ciencia, para contar con alternativas distintas. “Los cuerpos donados son mejores porque se conservan con características similares a los que una persona tenía en vida”. Así, desde que Chávez llegó a la facultad, se han donado 11 cuerpos “la mayoría de mujeres extranjeras, estadounidenses. También han donado su cuerpo personas mexicanas, sobre todo de León. Incluso una señora que superó un cáncer, vino a conocer las instalaciones para decidir si donar o no su cuerpo, y lo hizo. La persona más joven que ha donado tiene 27 años y el mayor de 91,” mencionó nuestro agente de viajes para los cuerpos sin vida.

A decir de Chávez, cuando alguien decide que su cuerpo será para la Universidad, esa institución se encarga de recoger el cuerpo, en donde se encuentre, y una vez que un médico haya certificado el fallecimiento se inicia el proceso de conservación, se traslada a León—pagando los impuestos que el traslado genera—y allí permanece el tiempo que se requiera con fines educativos.

“No somos más que polvo”: Linda

Linda tiene 71 años; hace 15 años decidió que un día viviría en México, porque se enamoró del país en su primera visita. Hace dos años y medio, resolvió sus situaciones en Carolina del Sur, Estados Unidos, tomó una valija y terminó en San Miguel de Allende, un lugar que tiene un buen número de expatriados, “un lugar maravilloso,” comentó Linda; espacio que eligió a pesar de que su hijo, quería tenerla en Ciudad de México.

“Siempre tuve una conexión espiritual con México, y la encontré cuando vine. Es una vibración que nunca sentí en mi país. Estaba buscando un lugar en el que pudiera crecer espiritualmente, no estaba feliz en los Estados Unidos, encontré esa conexión aquí en México,” dijo la extranjera.

La pregunta, no tan fácil de hacer fue: ¿Por qué decidiste donar tu cuerpo a la Universidad de Guanajuato? Primero, Linda compartió que enviudó—antes de venir a San Miguel—y cuando su esposo falleció, su deseo fue la cremación. “Entonces contraté un servicio funerario para que me cremara si estuviera en Estados Unidos cuando muera, pero no voy a regresar. Además es difícil para los familiares lidiar con la muerte y además los arreglos, así no se tienen que preocupar más que por vivir su duelo.”

En México, Linda estuvo pensando en qué quería hacer con su cuerpo al momento de la muerte, enviarlo de regreso a Estados Unidos y ser cremado o donarlo a la ciencia. “Fue entonces cuando encontré que podía donar mi cuerpo, era perfecto para mí. Considero que enterrar un cuerpo no me haría un honor. Soy profesora retirada y después de que me vaya, los estudiantes seguirán aprendiendo. Estoy muy contenta con la decisión, creo que es maravillosa”.

“No somos nada, sino polvo,” le dijo Linda a su hermana cuando le comunicó su decisión, y ésta la felicitó. Su hijo—en Seattle—le dijo: “mamá, es una excelente obra lo que has hecho”.

“La vida es maravillosa y no me gusta ver a la gente sufrir,” Steve Islander

Es un californiano retirado. Ha vivido en San Miguel los últimos tres años. Vino a San Miguel sólo con dos maletas y con un español para sobrevivir. Llegó a México porque en California creció con influencia mexicana, aprendió acerca de la historia entre ambos territorios y se enamoró de la arquitectura, cultura e historia de éste país.

En una conversación con Steve, muy fácil respondió a la pregunta, “donar mi cuerpo fue una decisión sencilla. Estuve tratando de recordar la última vez que uno de mis familiares fue sepultado y creo que eso fue hace 70 años, los demás han sido cremados pues no creemos en la resurrección del cuerpo.” Islander fue ministro durante 16 años y considera que la mejor forma de resucitar es que otros aprendan a través de su cuerpo. Aunque espera vivir muchos años aún, dice entre bromas que uno se va cansando del cuerpo y sólo quiere deshacerse de él, pero eso sí, no quiere estar allí cuando muera.

Una decisión conjunta

Linda y Steve se conocieron hace unos dos años, y han estado casados por un año y medio. Steve vivía en un pequeño apartamento en Valle del Maíz, y después Linda se mudó al segundo piso. “Un día ella abrió la ventana y me dijo, Steve ¿tomas? Y le contesté, en un momento estoy arriba,” así compartieron la terraza en el tercer piso hasta que se casaron.

Cuando Linda quiso donar su cuerpo, entonces Steve decidió que era lo que él debía hacer y tomaron la decisión conjunta.

Penélope

Es una donadora reciente. Es una mujer de Arizona, tiene 74 años y ha vivido en San Miguel de Allende los últimos 25 años. Recuerda que iba camino a Oaxaca, la primera vez que vino a México, pero conocía gente aquí, los visitó y más tarde rentó una casa. Fue en 1992 cuando decidió mudarse permanentemente.

La extranjera está involucrada en organizaciones sociales como Ojalá Niños, Mujeres en Cambio y recientemente un proyecto que ayuda a los centroamericanos indocumentados en México. Para Atención, indicó que le dio gusto conocer ésta oportunidad (donación de su cuerpo), “porque México ha sido muy bueno conmigo. Creo en un poder superior, pero también creo que cuando uno muere el alma abandona el cuerpo, y si puedo entregarlo para que los estudiantes de medicina sean mejores doctores, agradezco la oportunidad,” dijo.

¿A quién pertenecen los cuerpos?

Una vez sin vida, el abogado César Campos Hernández, dijo para Atención, que el cuerpo pertenece a los familiares, pues, se convierte en un objeto. Por ello, indicó que es importante que, aunque hayan donado su cuerpo a la ciencia, también lo expresen en un testamento para que la familia pueda respetar su última voluntad.

Cualquier persona que desee donar su cuerpo a esta institución, debe comunicarse con el Dr. Chávez Saavedra y él los visitará personalmente para brindar toda la información que requieran. g.chavezsaavedra@ugto.mx

 

 

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