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Vistazo a la “pobreza” en algunas comunidades

Doña Pilar

Tierra Blanca de Abajo

Antorcha Campesina

Comunidad San Damián

Mueblería después del fuego

Mujeres protestan por falta de agua

Por Jesús Aguado

Fue justo antes del mediodía cuando los gritos de protesta se escucharon a unos metros de la presidencia municipal. No fue difícil identificarlos, bastaba escuchar sus consignas llenas de enojo.

Los funcionarios públicos los conocen, y cuando los ven venir “hacen lo que deben hacer”,  cerrar las puertas del edificio de presidencia municipal “y protegerse.” Más tarde, hablan con los manifestantes, se forma una comisión, y cuando “tranquilizan a los inconformes” sólo se escuchan los pasos de los que se van—de ambos lados—sabiendo que libraron una batalla más.

Pero las protestas ¿por qué son? Los temas son variados, y van desde la falta de agua potable, drenaje, electricidad, caminos, y muertes “sin respuesta”.

La más reciente protesta

Antorcha Campesina (AC) es una asociación nacional—y tiene algunos diputados en congresos estatales—el objetivo de la organización es “erradicar la pobreza en el país”. En San Miguel de Allende, tiene alguna presencia en comunidades rurales—40—hay 520 comunidades en la ciudad. El miércoles 28 de junio, alrededor de 200 personas caminaron sobre el Paseo de los Conspiradores hacia la presidencia municipal.

“Si no hay solución, seguirá la manifestación”, “Obras y servicios para la gente pobre”, gritaban los manifestantes. Al frente cargaban sobre palos letras grandes con la leyenda Antorcha Campesina, luego una manta en la que demandaban respuesta a sus peticiones. Los inconformes gritaron sus consignas, luego Gualberto Maldonado (representante de AC) dijo a la prensa que estaban allí porque en febrero de este año entregaron un documento al gobierno local demandando servicios básicos para las comunidades rurales.

“Recurrimos a la manifestación porque no nos han dado respuesta” indicó. Maldonado exigía que los atendiera—si no el presidente municipal, Ricardo Villarreal—el Secretario del Ayuntamiento, Gonzalo González. “Ya iniciamos la lucha, no nos detendremos. Y si no nos dan respuesta, regresaremos en unos veinte días con el quíntuple de personas” indicó.

Un documento—entregado a la administración local—fue mostrado a la prensa, el documento fue recibido el 17 de febrero de 2017. En éste, se presenta un listado de 10 comunidades: San Damián, Presa Allende, Ciénega de Juana Ruiz, San Juan Juvenal, Los Toriles, Rancho Nuevo de Banda, La Tinaja, entre otros. En estas comunidades, las demandas son casi las mismas: ampliación de electricidad y red de agua potable, becas, pavimentación de calles, techos, pisos, calentadores, despensas…

Antorcha Campesina

La recepción

Representantes del gobierno local, pidieron que se reuniera una comisión, con cinco personas, y serían atendidas por Gonzalo González, secretario del Ayuntamiento. La reunión no duró más de cinco minutos. Gualberto indicó que no se llegó a acuerdos porque el secretario le dijo que él trataría con los delegados. Por no tener respuesta, dijo Gualberto,  seguirán regresando e incluso podrían plantarse afuera del edificio administrativo.

González habló con la prensa, indicó que la organización Antorcha Campesina “se dedican a extosionar a los gobiernos. Viene gente de otros municipios a manifestarse, quieren ser intermediarios en los programas sociales” índico González, asegurando que muchos de los manifestantes no son de San Miguel. Además aseguró que las peticiones listadas se están atendiendo en las comunidades “las obras, en muchas comunidades están en proceso”.

 

Como ejemplo, mencionó que en comunidad de San Lucas, se entregaron 100 equipamientos para baños—completos y además se está trabajando en obra por cooperación con los habitantes, brindaron otros ejemplos.  También González indicó que los apoyos—aunque se entregan individuales en las comunidades—más de las veces se busca que beneficien al colectivo.

Somos muy pobres

De la lista de diez comunidades que mencionaba Antorcha, Atención visitó tres para conocer de cerca las necesidades y platicar con la gente que allí vive. Una de las comunidades fue aquella en donde supuestamente, la gente muere de cáncer, Tierra Blanca de Abajo. La lista de los requerimientos incluye: Puente peatonal, casa de salud, aulas para preescolar y secundaria, empedrado de calles, becas, ampliaciones de vivienda, techos, calentadores solares, pisos, aplanados, baños, despensas.

Cruzamos el río—tiene agua cristalina que fluye despacio—también hay un puente colgante. Después de pasar por una calle empedrada, encontramos a Doña Pilar—pastando cuatro chivas flacas. “Tenía más, pero se murieron, se les infló la cabeza, sabe qué les pasaría”. Doña Pilar indica que ahora tienen una plaza, cancha de fútbol, calles empedradas, que hizo el gobierno del estado y el municipio, un comedor comunitario también, pero “necesitamos el puente” dijo.

Recuerda que “un presidente muy joven, de ojo claro, no recuerdo el nombre, nos puso el puente colgante. Pero nos da miedo cruzarlo, nos vaya a arrastrar el río. Hay gente que prefiere quedarse aquí cunado está enferma, también porque no pueden salir los carros”. Si tuvieran un puente para cruzar “con carro” serían felices. Reconoce Pilar que el gobierno ha hecho cosas, pero se necesita el puente.

En una casa hecha con adobe, buscábamos a Petra, pero se había ido al centro de la ciudad. En la casita, platicamos con doña María de Jesús, una señora de la tercera edad que dijo era de Don Francisco, pero se casó y se fue a Tierra Blanca “hace muchos años”. El “piso” es lodo, aún con encharcamientos de lluvia, ahora ya la casa tiene baño, con calentador solar, porque su hija Petra vendió un “terrenito”. Doña Chuy también reconoce que un puente no existe porque “no hay terreno del otro lado para hacerlo. El viejo de la hacienda no ha querido donar una parte. Mi hija, ya donó un espacio muy grande de este lado del río, pero ahora el gobierno tiene que darnos respuesta” y concluyó diciendo “ojalá nos ayuden, porque aquí somos muy pobres”.

Doña Pilar

Olor a humo

En la comunidad Ciénega de Juana Ruiz, entramos por una calle de terracería, pedregosa y algo lodosa, aunque no imposible para entrar en un auto—es evidente que se requiere mejorar esa entrada. Sin embargo, al adentrarnos, vemos que la comunidad tiene agua potable, electricidad y calles empedradas—recientemente introducidos estos servicios.

Según una ficha técnica entregada por la Dirección de Desarrollo Social para este medio, en el lugar se han entregado también: tres techos, seis fogones, una cisterna y 24 calentadores solares. La información anterior (en una casa a la que se llega por un callejón sin pavimento, en el que las heces de perro abundan) fue confirmada por Cipriana Ramírez. La tercera comunidad visitada fue Presa Allende, en la que se amplió la red eléctrica y de agua potable y además, se mejoró el área de usos múltiples en la que se toman clases de lectura.  zumba, y otros deportes. También hay una iglesia.

En el pasado

Las protestas continuarán, así lo amenaza por ejemplo Antorcha Campesina, además, en breve iniciarán campañas electorales—federales y estatales—con miras a la presidencia de la República y gubernatura del estado. Sin embargo, las protestas en San Miguel, por este grupo y otros, no son nuevas, siempre han existido, e incluso aquellas que no han sido pacíficas:

“Agua, agua” (1979)

Manuel Martínez Maldonado, era el presidente de la ciudad. Cuando había agua sólo en algunos lugares del Centro Histórico. En el barrio de San Juan de Dios vivían unos siete mil habitantes y el agua no llegaba a sus casas; tampoco al Valle del Maíz, Caracol, Guadiana, San Antonio, Guadalupe ni San Juan de Dios. En una protesta pacífica, un grupo de mujeres se plantó frente a presidencia municipal con cubetas vacías para pedir que les surtieran el agua, y además para quejarse de que el trabajador que llevaba el líquido en una pipa, no la vaciaba en la fuente, sino que la repartía casa por casa “incluso a las personas que no pagaba impuestos”. Ahora el agua llega a toda la zona urbana.

Mujeres protestan por falta de agua

Tortura y muerte

El martes 21 de abril de 1981, la muerte tras la tortura que recibió un joven de 26 años—por parte de la policía judicial—produjo una manifestación que reunió a dos mil personas. La protesta, en la que se pedía justicia, dejó como resultado: ventanas rotas en la presidencia municipal, tres patrullas incendiadas y varios trabajadores municipales heridos.

Ignacio Yáñez García, había regresado de Estados Unidos, y era jefe de mantenimiento en fábrica de telas La Aurora. Junto a otros amigos, fue arrestado por los judiciales por estar bebiendo. Uno de los arrestados, indicó que la policía judicial los torturó con toques eléctricos y golpes; para que confesaran si vendían drogas o habían robado un auto. Yáñez murió en el hospital. Después del sepelio, la muchedumbre se reunió en el jardín en lunes y al día siguiente a las 3pm; a pesar de los toletes y gases de los policías estatales, los manifestantes que pedían justicia, forzaron y entraron a la presidencia municipal, llegaron hasta la oficina de Pedro Gerez—presidente municipal. Varios empleados, tras las piedras que rompieron las ventanas y vidrios, fueron llevados a un hospital. Gerez se deslindó de los hechos, pues fue la autoridad estatal la que era responsable por ese crimen.

Una mueblería incendiada

La mueblería del entonces presidente, Luis Ferro de la Sota, terminó con muebles destruidos, otros robados y más tarde en llamas.

En abril de 1984, unos 30 hombres tuvieron una reunión en el jardín principal—era sábado—después de lanzar rocas contra el edificio de presidencia y romper vidrios y ventanas, se dirigieron hacia la esquina de Relox y Mesones. Allí, abrieron la puerta del inmueble, extrajeron muebles, unos los destruyeron en la calle, otros fueron robados y el resto incendiados.

Archivos de Atención, indican que hubo dos hombres arrestados por el “alboroto”; Juan Gabriel Torres Landa—hijo de un exgobernador del estado—y José Guadalupe Pérez Madrigal. Luis Ferro de la Sota dijo que los daños al edificio de presidencia fueron mínimos y los de la mueblería eran cercanos a cuatro millones de pesos.

Mueblería después del fuego

No más armas para policías

En febrero de 1986, en calle Sollano, cerca del parque Juárez, hubo un enfrentamiento entre dos bandas “Los Chacales” y jóvenes de la Cuesta de San José. Al enfrentamiento llegó la policía municipal, entre ellos el oficial de 18 años, Javier González quien forcejeó con Jesús Vázquez Elías; el arma de González disparó y dio en el abdomen de Elías, estudiante de tercer grado en la secundaria Fuego Nuevo.

El 18 de febrero, unos 70 estudiantes protestaron en el Jardín Principal, cargando piedras y palos. Oficiales de seguridad los enfrentaron, incluso uno disparó su arma. El expresidente municipal, Luis Ferro de la Sota, apareció en escena y pidió a los alumnos que se retiraran a sus casas.

Ante las preguntas de la prensa al entonces alcalde Ernesto Villagómez, sobre el control de armas, dijo que a partir de ese mes dio la instrucción  para que los policías, trabajaran sin pistolas.

 

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