La Ausencia como afirmación en la obra de William Fares

Por Viridiana Gutiérrez Tejeda

El arte de William Fares opera como un registro de inmanencia dentro de una abstracción constructiva, que pierde la objetividad de la realidad apelando por la renuncia, por el vacío.

Inauguración de Arte
“Presencia de Ausencia”
Trabajo de William Fares
Sáb, Jul 1, 5pm
Skot Foreman Fine Art
Fábrica La Aurora

Con el suprematismo la representación se abandona y la abstracción conquista, el quehacer artístico se ve liberado de ideas y conceptos para ser pura “sensibilidad” hecha forma. En esta exposición, William Fares recurre inapelablemente a esta búsqueda formal y estética la cual no desea ocultarnos, es de hecho un homenaje, una referencia e influencia que le ha servido como guía en su proceso creativo como artista hasta llegar a una aún mayor depuración, que se acerca a aquellos preceptos de anhelo por acercarse al misterio inexplicable del universo.

Encontramos en su obra a la línea recta como forma elemental desde el soporte, hasta las composiciones geométricas interiores, a manera de símbolo del ascendiente del hombre sobre el caos de la naturaleza. El cuadrado como el elemento básico en rechazo del mundo de las apariencias y la recuperación del color puro como una entidad autónoma e independiente; el cual será siempre distinto, en una experimentación que va más sobre las cualidades formales del color, que por una intención simbólica que pudiese ejerce en tal o cual en la obra. Y el fondo blanco, impoluto, sobre un soporte igual de perfecto que no deja espacio a errores. Es la belleza de lo más simple, lo más puro, la representación de la sensibilidad a manera de Malevich.

Fares, va a lo concreto, hacia una figuración sin referencia a lo externo. Es geometría por geometría. La forma se ve liberada desde el contenedor y el contenido, yendo aún más allá al ser capaz de modular el vacío. Del plano bidimensional crea oquedades, quita materia, crea espacios negativos, vacío. Construye el espacio vacío con la intención de mostrar que ese espacio ha estado anteriormente ocupado. Es la presencia de una ausencia que por medio del vaciamiento formal recibe su energía. Este vacío, esta nada, se comprende como límite de la creación, preexistiendo y posibilitando que la voz estalle. Lleno de la ausencia de objeto alguno; está henchido de sentido, el vacío está lleno, rompiendo la neutralidad y la indeterminación del espacio real.

Es ausencia como Nada, a propósito. Un espacio carente de contenido. Es preexistencia y energía sin materializar, es la aniquilación del “yo”  dentro de una construcción racional. La Nada como resultado de esos procesos de negación. Negaciones de realidad, incluido el propio sujeto, que avanza hacia la abstracción y el silencio, pero concluyen de forma afirmativa, son salvación.

Lo que estéticamente nace como desocupación del espacio, como libertad, trasciende como un sitio fuera de la muerte. El papel del espectador se activa, lo receptivo ha de convertirse en la obra de arte. El espacio desocupado se habita en libertad, es una desocupación activa del espacio. En la actitud contemplativa, se le obliga al espectador a una reacción activa de su intimidad personal.

 

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