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Editorial

Por Tania Noriz

Esta semana se inauguró un camino rural en una comunidad enclavada en medio de la nada. San Agustín del Bordito es un lugar tan pequeño que apenas viven al rededor de 50 familias. Para llegar al Ranchito, como los vecinos le dicen, se deben recorrer siete kilómetros desde la entrada de la Fábrica Champiñones, que está rumbo a Los Rodríguez, o entrar por Toyán y llegar por otra comunidad llamada Cerrito de Los Chávez.

En San Agustín del Bordito, como en casi todas las comunidades rurales en México, se nota la carencia y la desolación que ésta produce, pues ahí no hay nada, solo necesidades, acaso una iglesia, y un preescolar pequeño, por lo que los niños y jóvenes que deseen continuar sus estudios tienen que ir a otra comunidad cercana, Los González, donde hay una primaria, una secundaria, y hasta hace tres años, un telebachillerato adscrito al sistema de la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato, UVEG.

Como parte de la carga de materias que se tienen que cursar en los últimos dos años del Telebachillerato en Los González, se encuentra la materia de Desarrollo Comunitario, con la que se pretende que los alumnos desarrollen proyectos que beneficien a su comunidad y a ellos mismos. Así, los estudiantes deben crear diversos planes para implementar en sus ranchos, que van desde pintar bardas y escuelas, hasta crear eventos deportivos y recreativos a favor de la juventud, pero pocas veces se crean proyectos grandes y ambiciosos, pues todo parte de un simple programa escolar.

El año pasado, los integrantes de uno de los equipos de Desarrollo Comunitario, del 5to semestre de UVEG, todos oriundos de San Agustín del Bordito, tuvieron la idea de empedrar el camino principal que lleva a su comunidad. Cuando propusieron su proyecto al profesor de la materia, lo hicieron entre risas y pena, pues sabían que era un proyecto difícil de concretar; si es difícil para los delegados de las comunidades, llevar el progreso a sus entidades, imaginen a tres estudiantes, llevar desarrollo a una comunidad, tan pequeña que no aparece en el mapa municipal.

Para ellos empedrar el camino era una necesidad apremiante, pues en época de lluvia es muy difícil llegar o salir de la comunidad; la mayoría de los habitantes recorren el camino de terracería a pie para ir a sus trabajos y escuela, y con las lluvias el trayecto se hace imposible. Además de ello, como en todas sociedades, siempre fue difícil que entre los mismos habitantes se pusieran de acuerdo para mejorar la condiciones de la calle o lograr un acceso directo al rancho desde la carretera, pues unos quieren una cosa, otros otra, unos no pueden ayudar y otros simplemente no quieren o no creen que las cosas se puedan realizar.

Pero el entusiasmo, seriedad, compromiso e insistencia de Vicente Espinosa Ramírez, líder del equipo, y orgullosamente, becario de La Biblioteca Pública, y sus compañeros Soledad Gómez Ramírez y Gerardo Chávez Rivera rindió frutos el 20 de junio, con la entrega del empedrado de 230 metros lineales de la calle principal San Agustín por parte del presidente municipal Ricardo Villarreal.

Para los muchachos no fue fácil lograrlo; pues entre sus trabajos (porque todos trabajan por la mañana,) sus estudios, y sus obligaciones familiares, tuvieron que aprender cómo hacer los trámites y peticiones al gobierno, a través del Dr. Osvaldo García, director de Desarrollo Social y luchar para que su proyecto fuera aceptado y entrara dentro del recurso destinado para este año.

Una vez aceptado el proyecto, el gobierno municipal, a través del programa Empleo Temporal, y los habitantes de San Agustín invirtieron 148,000 pesos, de los cuales 60,000 pesos fueron aportados por los habitantes del Ranchito, desde la recolección de piedra donada por vecinos de San Agustín, hasta la cooperación monetaria de 500 pesos por familia, algo muy difícil para la comunidad, pues los jefes de familia apenas reciben hasta 900 pesos, como sueldo semanal en sus lugares de trabajo.

Ante la incredulidad de los habitantes, y después de mucho trabajo y esfuerzo, el camino fue tomando forma, hasta su inauguración esta semana.

Este es el resultado de un proyecto escolar de tres muchachos, provenientes de una comunidad rural, perteneciente a un estado donde los índices de educación son los más bajos a nivel nacional y los de violencia son los más altos; muchachos que viven en un país lleno de contrastes, pues por un lado abundan “ninis,” y niñas de secundaria que se hacen virales en las redes sociales por expresar que la escuela no sirve para nada; y por otro, un país donde viven muchachos como ellos, a quienes les gusta estudiar y que con mucho esfuerzo consiguen la participación social en su comunidad, tan difícil de lograr.

En San Miguel de Allende existen varias asociaciones civiles locales como La Biblioteca Pública, Jóvenes Adelante y Mujeres en Cambio que ayudan con becas escolares a jóvenes entusiastas y generadores de cambio como Soledad, Gerardo y Vicente; también existen instituciones públicas como UVEG que cuentan con profesores que apoyan el desarrollo escolar de los alumnos para cumplir con sus objetivos.

Que este artículo sea un incentivo para ustedes lectores, que están pensando en convertirse en donatarios, que quieren apoyar a la sociedad, pero no tienen claro a qué causa, a ustedes les digo que existe una opción, que es la de apostar por el futuro de San Miguel, que está en manos de jóvenes como Vicente, quien de una idea, de un sueño, logró abrir caminos, no nada más para él sino también para su comunidad.

 

Comité de Becas de La Biblioteca Pública de San Miguel de Allende, A.C.

Rocío García Barrera y Paola Nakamura

Insurgentes 25, 152-0293

 

Jóvenes Adelante

Robin Lovin

Salida Real a Querétaro 189, int. 19A, 415 112 3413, 150 0030

 

Mujeres en Cambio

http://www.mujeresencambio.org

 

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