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Una mujer afortunada

Sara Hoch

Sara Hoch

“Si me va mal en algo nunca pienso que fue porque soy mujer. Pienso que algo hice mal o no era mi momento, pero jamás pienso que es por ser mujer; probablemente lo sea, sin embargo no lo veo así”.

Por Jesús Aguado

Si su vida pudiera definirse en una película, tendría que ser aquella en la que una rubia llega a un país que no es el suyo, sin conocer las razones. Una película en la que ella se enamora de la nueva nación pero en la que desconoce su misión; sin embargo, más tarde descubre por qué le tocó estar ahí.

Sarah Hoch es una rubia “despampanante”, tiene 52 años. Cuando tenía seis años, sus padres la trajeron de visita a San Miguel, desde Nebraska. Recuerda que construyeron una casa en los Balcones y cada época vacacional visitaban San Miguel. Sarah, esa mañana en la que platicamos por más de una hora—bebiendo café—recordó que San Miguel era seguro, una niña de ocho años podía caminar desde Balcones hasta el atascadero para ir a montar a caballo con el amanecer.

Creció entre ambos países, rodeada de actividades artísticas. Ahora conocemos esa faceta de artista, le gusta tocar el piano, aunque nunca se le verá tocar públicamente. Siendo una extranjera en México Hoch tenía mucha atención “era muy exótica” pero en San Miguel estaban acostumbrados y no se le asediaba tanto como en Celaya. “San Miguel es una ciudad que acoge a sus extranjeros, los cuidan y los quieren” dijo.

Hoch es una mujer afortunada porque nunca ha sufrido algún tipo de abuso “y sé que esa no es la norma. Mi vida como extranjera fue y ha sido de mucho respeto, he tenido ese privilegio, pero creo que mi carácter me ha protegido”. También considera que el ser extranjera en México le ha abierto muchas puertas, sin embargo al estar dentro de un proyecto ha sabido demostrar de qué está hecha y las ideas que puede ofrecer.

Por coincidencia o por accidente, Sarah participó como actriz en una película “Eclipse, es el título en español. Era la historia de tres mujeres, aunque al final de la edición, quedó sólo una. Aparezco en algunas partes, pero me di cuenta que yo no era para el cine, sino para administrar” indicó. Más tarde apoyó a un festival de cine que al poco tiempo desapareció. Formó la Comisión Fílmica en el estado, y luego el “monstruo internacional, el GIFF (Festival Internacional de Cine de Guanajuato) el más grande del país y el segundo más longevo—20 años”. Ahora producen largometrajes, y seis cortometrajes al año sobre identidad guanajuatense que, se proyectan alrededor del mundo.

Inició la primera organización en Latinoamérica Mujeres en el Cine y la Televisión. “Tenía 30 años cuando entré al cine y aún no sabía qué quería hacer de grande” confesó la directora del festival. Concluyó asegurando que ve un mundo en el que los proyectos no son cuestión de género, sino de seres humanos con talento.

 

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