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El lugar donde se vive de “la tostada”

Raquel Ramírez

Facial oil

Esperanza, Jesús Aguado, Pueblito, Antonio y Verónica

Pueblito

Alicia Ramírez

Alumnos de Guadalupe Victoria

Por Jesús Aguado

En esta comunidad hay un kínder, una iglesia; una escuela unitaria—sustentable—y también un grupo de mujeres que viven, literalmente “de la tostada”.

Más adelante, en la comunidad “de las brujas” vive Alicia Ramírez López, mujer que conoce la herbolaria, que hace limpias y además soba a las personas. “Dicen que soy bruja porque bailo en una danza prehispánica; y sí, soy la bruja mayor” dijo para Atención.

Olor a humo

Cuando llegué a la Cuadrilla, me di cuenta que tenía que caminar unos 20 minutos para llegar a la comunidad del Lindero, por un camino con grietas, en algunas partes empedrado y en otras sólo polvo blanco; el pasaje estaba rodeado de plantas endémicas (cardones, mezquites, huizaches) y algunos restos de cultivo.

La intención era llegar al Lindero pero no se veía en la distancia, entonces recordé aquel relato corto de Juan Rulfo: Nos han dado la tierra: “uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habrá después” y para los que no saben, como en Nos han dado la tierra sí hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente el olor del humo, y se saborea el olor de la gente como si fuera una esperanza, así llegamos a la comunidad.

La primera parada, fue en la escuela primaria rural número seis—dependiente de la Secretaría de Educación Pública—Guadalupe Victoria. El centro educativo es dirigido por la maestra Emma Guerra. Una mujer que por casualidad llegó a San Miguel de Allende cuando el auto en que viajaba sufrió averías. Siempre fue profesora en instituciones particulares entre Ciudad de México, Puebla, Veracruz; sus hijos habían crecido, ella se había divorciado—estaba lista para una nueva vida en un lugar tranquilo. Llegó a San Miguel y trabajó en la escuela Victoria.

Sin realmente desearlo, presentó un examen para trabajar en la SEP y sus resultados fueron óptimos; su plaza estaba en el municipio de San Diego de la Unión. Casualmente, después de un año llegó al Lindero de la Petaca y desde entonces, la escuela ha presentado cambios importantes. Cuenta ahora con huerto orgánico, cocina y desayunos proveídos por el DIF; genera composta, y recientemente el DIF les entregó 45 gallinas y 5 gallos (en un mes se espera que comiencen a recoger huevos para la cocina). Desde la perspectiva de Emma, los niños son felices con ella—tiene grupo de estudiantes que van desde primero hasta sexto grado—y por eso, en una ocasión, durante la aplicación de la prueba ENLACE “a propósito” los estudiantes de sexto grado no se esforzaron en contestar la prueba porque “no querían irse para la secundaria”, la SEP tuvo que repetir el examen. Y es que Emma hace todo lo posible por ayudar a la gente de la comunidad, incluso a una estudiante que deseaba estudiar ingeniería. Emma la ayudó a aplicar para una beca en Jóvenes Adelante y ahora Cecilia, está en segundo semestre de enfermería en Celaya.

“La energía de Emma es contagiosa”, dice Bill Wilkinson, un canadiense que se involucró con la escuela hace un par de años y quiso que los estudiantes tuvieran una biblioteca en forma y por ello, ha trabajado para conseguir los fondos que ayuden a establecer el espacio que se plantea en el futuro como una biblioteca comunitaria—ésta será inaugurada el 20 de febrero con la música de guitarra y voz en español de Bram Morrison.

John Caldwell y su esposa Ann, visitan la ciudad anualmente (durante el invierno), tienen experiencia en bibliotecas y están buscando que la infraestructura sea de una biblioteca real. Con números de serie, clasificación de libros, y trabajar para que los niños lean. Algunos libros fueron donados también por la Biblioteca Pública de San Miguel de Allende, A.C.

Si usted desea apoyar con libros (nuevos) para niños de 6-12años, póngase en contacto con Wilkinson en ellinderobill@gmail.con o johncaldwell@shaw.ca

Las tostadas

La segunda parada fue en casa de la señora Pueblito Ramírez, una mujer que saluda contenta—a los desconocidos—y les da la bienvenida al taller de la cooperativa “Tostadinas del Lindero”. Junto a Esperanza, Antonia y Verónica, reconoce que ellas siempre habían hecho tostadas; y en una ocasión, las llevaron a la cocina de la escuela primaria “la maestra Emma las probó y nos preguntó por qué no las hacíamos para vender—están riquísimas, dijo. Nosotras pensamos ¿quién ha de querer nuestras tostadas? pero ella nos animó y entonces formamos la cooperativa” compartió con Atención doña Pueblito.

Junto a una prensa, estaba Esperanza y en otra Verónica, “echando” tortillas con la delgadez perfecta para hacerlas tostadas más tarde. Mientras tanto, Pueblito indicó que actualmente, cada mujer vende hasta 30 bolsas de tostada “sólo en las tiendas de las comunidades cercanas, a la gente le gustan” y dijo además que en ocasiones “el tiempo no es suficiente, sobre todo en diciembre o cuando hay fiestas, todos quieren tostadas para el pozole”, ello sin contar aquellas bolsas que se van a Vía Orgánica, tienda que creyó en ellas desde el inicio y donde los pedidos han venido creciendo.

Todo el proceso es artesanal, se coce el maíz—nixtamal—se lleva al molino; se prensan las tortillas, deben ponerse a secar al sol por un día y al siguiente se fríen, se embolsan y están listas para vender. Aunque la cooperativa está formada por 16 mujeres únicamente, Pueblito reconoce que muchas señoras de la comunidad hacen tostadas y las venden por su cuenta; cada bolsa, directo de ellas cuesta 20 pesos con 30 tostadas cada una.

Si usted desea un pedido; llamar al 415-1018-840.

La bruja mayor

Sobre el camino de regreso está la Cuadrilla, una comunidad en la que un grupo de mujeres—la fecha es inexacta—por iniciativa propia se organizó para realizar labores comunitarias—limpiar las calles, podar árboles, apoyos emocionales. Eran 120 señoras de 10 comunidades indígenas entre ellas: Lindero de la Petaca, el Salto, La Petaca, Los Galvanes.

La señora Raquel, que atiende una tienda de herbolaria del Grupo Mujeres Unidas del Salto, recuerda que en algún momento “no recuerdo cuándo, pero fue hace varios años” gente de la Comisión Nacional de Pueblos Indígenas llegó al lugar para enseñarles cómo hacer productos medicinales: pomadas, cremas, champú, jabones… con plantas silvestres—sangregado, tatalencho, yerba de perro, cola de caballo.

A Raquel, no le llamó la atención de inicio, sin embargo, luego se unió al grupo y comenzó a aprender “siempre estoy dispuesta a aprender cosas nuevas, pero no sé por qué en esa ocasión no quise. Ahora lo que necesitamos es aprender inglés y ya una organización nos va a enseñar lo básico para vender nuestros productos”.

En la tienda, llena de pequeños frascos y con olor a jabón, la señora Raquel aclara que “nada” de lo que tiene en su pequeño comercio les ha sido dado. “Nadie nos ha dado nada, todo ha sido producto de nuestro trabajo, de la venta de nuestros productos. Lo que usted ve, las sillas, los estantes, la cama de masajes, todo lo compramos en la cooperativa. Ni organizaciones privadas ni públicas nos han dado algo y por eso nos sentimos orgullosas de nuestro logro”, indicó.

En el lugar, también estaba la señora Alicia Ramírez, quien ha diversificado las bendiciones indígenas que hace a los cuatro vientos, para curar a las personas o cuando está a punto de bailar en una danza prehispánica. También es sobandera y ahora ha aprendido cómo dar masajes. Allí en la cama que recién compraron da masajes a las personas y el precio es “lo que nos quieran dar, pero si las hacemos a domicilio entonces ya cobramos cien pesos”. Mientras daba un masaje a una persona, dijo “la gente siempre se compone, y por eso dicen que soy bruja, pero ya no me molesta, simplemente les contesto—sí, soy la bruja mayor”, dijo riendo.

Los productos naturistas de las Mujeres Unidas del Salto, pueden encontrarse cada sábado y domingo en Mesones 57—en la esquina con Relox—de 10:30am-3pm y en la explanada de Atotonilco los domingos durante el día.

Si usted está interesado en los productos indígenas de estas mujeres, contacte a Adriana Ramírez al 415-1196-196 o a Lucía Ramírez al 415-1118-481

 

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