Se respira desconfianza en autoridades; la esperanza es por justicia

Por Atención San Miguel

Un operativo de la Procuraduría de Justicia del Estado, dejó como saldo a tres menores de edad muertos—Juan Adrián, Gabriel Osvaldo y Mateo; los tres hermanos—y a su padre encarcelado. La PGJ asegura que su padre—Antonio “N”—les dio muerte; su esposa que presenció los hechos desmiente a la Procuraduría e indica que fueron los ministeriales.

En contexto

La madrugada del sábado 14 de enero (2am), vecinos de la carretera a Dolores, reportaron en redes sociales que había “tiroteos en el área” incluso aseguraron que el evento se alargó por más de una hora. Autoridades municipales indicaron desconocer el hecho, sólo sabían que era un operativo de la PGJE. La Procuraduría de Justicia, indicó para este medio (el sábado a las 10am) que la información se estaba procesando.

Nada sobre el hecho, se dio a conocer por las autoridades (locales o estatales). El domingo 15 de enero; El Sol del Bajío publicó que resultado del evento del sábado, tres menores de 8, 4 y 11 años habían perdido la vida; y que su padre, estaba encarcelado injustamente, de acuerdo con versiones de los familiares. La familia de Antonio (padre) y Juana, su esposa, indicaron que él trabajaba como velador en la finca donde ocurrió el hecho, donde no había nada, y a donde él iba a dormir con su familia pues, estaban más protegidos que en su casa. Durante el operativo, Juana y Antonio fueron arrestados. La madrugada del domingo, Juana fue puesta en libertad.

Cuando el rotativo del Bajío publicó la información, alrededor de las 4pm del domingo; la Procuraduría de Justicia indicó para Atención que personas con armas se habían reportado en la comunidad Ampliación Cieneguita; cuando los ministeriales llegaron a un inmueble de la entrada, fueron recibidos con disparos. “La situación se controló, y al entrar los ministeriales, localizaron a tres menores sin vida”. La PGJ también presumió que en el lugar se aseguraron armas y sustancias controladas.

La familia del matrimonio comenzó a publicar en redes sociales y a brindar información a la prensa, indicando que Antonio es de una familia humilde, y era velador del lugar porque en el área hay mucho vandalismo. Indicaron que alguien quiso entrar al lugar y el velador lanzó unos disparos al aire “con una pistola de balines” para ahuyentar, creyendo que alguien quería robar. Los padres quisieron proteger a los niños de las balas, sin embargo, no lo lograron.

Al publicarse la información, después de casi 36 horas del hecho, la Procuraduría de Justicia envió un documento oficial en el que indicaba que en Ampliación de la Cieneguita, se reportaban hombres armados y que había detonaciones de armas de fuego “cuando los elementos policiacos arribaron al lugar, fueron recibidos con disparos de arma de fuego” y entonces solicitaron apoyo de “grupos tácticos”. Según el informe de la PGJE, “el grupo delictivo” se dispersó por el patio trasero del inmueble y al llegar los elementos tácticos, aseguraron el perímetro, entraron “y aún había disparos contra éstos”.

De acuerdo con el informe se logró detener “a la persona que accionaba una de las armas de fuego, que fueron aseguradas y junto a él a una persona del sexo femenino que dijo ser su esposa y señalaba a los elementos que también iba a ser privada de la vida por parte de su esposo y que era él quien había privado de la vida a los tres menores”.

Ese comunicado, encendió aún más a la población sanmiguelense, primero por el hermetismo de la autoridad para compartir información y luego por culpar al padre del asesinato de sus propios hijos. Ahora los familiares, piden justicia, pues aseguran, fueron los ministeriales quienes asesinaron a los niños. Todavía hoy—16 de enero—después de la misa (previa al sepelio de los menores) María (la esposa de Antonio) indicó “él no hizo nada, estuve presente, lo están inculpando de algo que él no hizo. Lo hicieron las personas que entraron allí, creo que eran policías, pero él no hizo nada, es inocente. Violaron todos nuestros derechos, ni siquiera nos permitieron un licenciado, nos separaron. Sólo quiero que se haga justicia.”

Procesión

Los cuerpos de los niños se velaron en colonia San Luis Rey. Uno de ellos, era integrante de la banda de guerra de la escuela Ignacio Allende—donde estudiaba primaria. En carroza, los cuerpos de los menores fueron de la colonia  San Luis Rey a la Calzada de la Aurora, afuera de la escuela donde la banda de guerra y cientos de personas se unieron al cortejo fúnebre que llegó al templo del Oratorio para la ceremonia religiosa. Más tarde Juan Adrián, Gabriel Osvaldo y Mateo, fueron sepultados en Jardines.

Audiencia

El padre de los menores tuvo hoy una audiencia en las salas de oralidad del Poder Judicial, sin embargo, ésta fue catalogada como reservada (por involucrar a menores) y el paso a la prensa fue restringido. Hasta ahora, la PGJE sólo ha indicado que el caso está en investigación.

Carlos Zamarripa Aguirre

Hoy también, el procurador del estado, Carlos Zamarripa Aguirre, indicó que la primera audiencia se había llevado a cabo “para terminar con las retóricas”. Dijo que era lamentable el hallazgo de los tres menores en el caso. Aseguró que la evidencia es contundente; y que entregaron la información tarde a la sociedad porque a esa hora tenían todos los datos forenses y de balística.

Aseguró que los ministeriales “sí dispararon”, los del grupo táctico. Agregó que el inmueble está asegurado y se harán todas las pruebas que sean necesarias para “corroborar todas las versiones”. Aseguraron cuatro armas de fuego. Se le cuestionó si los ministeriales que participaron serán investigados y éste dijo que “la carpeta estará abierta a escrutinio”.

Finalmente, indicó que el padre de los niños se ha reservado su derecho a declarar.

 

Un vecino de la casa donde ocurrió la balacera dio a Atención su versión de lo que pasó esa noche. Esta persona prefirió mantener el anonimato por protección

“Esto sobrepasa cualquier balacera. Oíamos perfectamente lo que sucedió. A las 12:15am comenzamos a escuchar detonaciones, llamamos en tres ocasiones al 911 y tres veces a Seguridad Pública.

A las 3am llamamos por última ocasión porque escuchábamos las balas muy cerca—ya están ahí—nos decían de Seguridad Pública y—van en camino—nos decían del 911. Pésima atención, y las operadoras no están capacitadas para atender este tipo de llamadas, ni siquiera saben darte instrucciones de auto-protección.

Las primeras detonaciones sonaban como cuando algo choca contra una puerta de metal.

Los balazos eran seguidos. Hubo varias detonaciones. Yo pienso que fue un enfrentamiento entre dos grupos, eran profesionales, tenían muchas armas y muchísimas municiones. Fueron cinco horas de balacera, muchas detonaciones seguidas. Se calmaba y luego seguía. De ida y vuelta. Fue toda una persecución, escuchábamos como se movían de un costado hacia la puerta de atrás del mismo punto. Todo estaba muy oscuro, y había muchas lámparas de largo alcance. Ningún vehículo oficial. Nos dimos cuenta que cerraron la carretera y nunca llegó ninguna ambulancia.

A las 7am salí a trabajar y solo había camionetas blancas. Estaba ejército y policía federal. Nunca vimos a ninguna autoridad municipal. No oímos voces, pero otros vecinos escucharon: “suelten las armas”.

A la mañana siguiente me acerqué a un oficial y le pedí seguridad; pregunté qué había ocurrido—fue un enfrentamiento muy fuerte—me dijo. Yo aún sabía lo de la muerte de los niños.”

 

 

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