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El Personaje del Mes: El Dandy

Por Jade Arroyo

“El Dandy”, más que un sobrenombre cariñoso para Carlos Arana, bien podríamos decir que es su verdadero nombre y el epítome de su personalidad y la indumentaria que porta con tanto garbo. Un dandy como en los viejos tiempos, siempre gastando bastón y sombrero y armado de una sardónica sonrisa.

Nacido en San Miguel hace más de siete décadas, poco escapa a sus ojos ágiles y a su gran simpatía, hasta el más tímido se hace su amigo. Podríamos decir que El Dandy sabe quién es todo mundo en San Miguel de Allende. Ordenar cronológicamente su vida es difícil, dado las incontable profesiones y oficios que ha practicado y aprendido a lo largo de su vida; empero, trataremos de esbozar una idea general de su vida a través de los años.

La imagen mental que la mayoría de la gente tiene de él, es vendiendo Atención las mañanas de viernes en la calle de Correo, donde ejerce el rol de portero y guardián oficial del edificio y (aunque ya no se dedique a esto) acompañado de los cachitos de lotería y sus promesas de riqueza.  El nombre de El Dandy lo lleva desde su más tierna infancia, cuando su madre lo vestía de manera sartorial y de blanco en total look, y al verlo tan guapo lo congratulaba diciéndole “¡pareces un dandito!”.  “Y por costumbre se me quedó, hasta mi familia me dice así”. Al verlo se nota que este gusto por el buen vestir y el nombre le vienen desde niño.  A los diez  o doce años comenzó a trabajar  –aun estando en la escuela-  como aprendiz de panadero, siguiendo los pasos de su abuelo Juan Aranda, en la panadería de don Miguel Sierra. Desde entonces, no ha dejado de trabajar ni un solo día. Posteriormente, paso por varios oficios: mecánico (su menos favorito, no le permitía mantener su elegancia), mesero, bolero, carpintero, zapatero, dependiente de mercería…  Entre todas las chambas intentadas,  finalmente, se decantó por la de peluquero de caballeros. Esta parecía ser su profesión ideal: era limpia, estética; le permitía expresar su hedonismo y además cultivar el arte de la conversación y la amistad con sus parroquianos y además es una profesión “que pagan luego-luego.”
“No es por presumir, pero la mía era la mejor peluquería de la ciudad. Acudían desde cargadores, albañiles hasta licenciados y presidente municipales.”
Al principio comenzó en la calle de Sollano 4, luego se mudó a un local en Corregidora y por último a Correo, calle donde ya tiene más de 40 años.  Al mismo tiempo de la peluquería, comenzó con el negocio de la lotería como no queriendo la cosa. El Dandy era el único vendedor de lotería entonces; en la peluquería también tenía casetas de teléfono.  Dice que no sabe el porqué, pero hasta modelo ha sido este hombre orquesta. Uno de sus retratos más famosos es el hecho por Russell Monk.  El Dandy tiene varios hijos, nietos y hasta bisnietos. No es necesario enumerar a los vástagos, pero el mayor tiene sesenta y tantos y la más joven es adolescente.
Tal vez, entre todo, podemos decir que su verdadera profesión es ser comerciante, hacer negocio. El Dandy se auto proclama como un hombre que ama la vida y quien afirma que San Miguel es bonito tal cual, sin más ni menos: “La vida me la dio el Señor para vivirla, me vaya mal o bien, yo nunca estoy amargado.  Imagínese, ¿amargado a mi edad? ¡Tan joven! (risas)”.  “De San Miguel me gusta todo,  de sus nieves hasta sus muchachas (o tal vez empezando por ellas)”.

 

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