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Ciudad sin hambre, siembra semillas de nutrición

Maestra Lidia Diosdado y sus estudiantes

Diana Rodríguez

Voluntarios empacando

Valentín Patlán

Madres aprenden la importancia de una comida balanceada

Valentín Patlán

Por Jesús Aguado

En teoría, la venta de alimentos chatarra “está prohibida” en escuelas de educación básica—kínder, primaria y secundaria. En algunos centros educativos, Feed The Hungry ha llevado a la quiebra los puestos, a cambio de una alimentación: sana, deliciosa y nutritiva.

Con el Programa Escuelas de Tiempo Completo (ETC) el gobierno federal debe proveer alimentos en escuelas que ampliaron su horario de clases. En algunos centros educativos tráiler de alimentos llegan sin problema, en otros la comida es entregada, sin embargo no es variada—aunque basta. En otras ETC, Feed The Hungry complementa el desayuno y comida ofrecidos por la federación y por su cuenta, actualmente proveen de alimentación a más de 4500 niños (sobre todo en escuelas rurales).

Desde la cocina

Sobre la carretera a La Cieneguita están las instalaciones de ésta organización surgida en 1984; desde ese año la institución sin fines de lucro ha crecido y a través del tiempo ha equipado cocinas (36) en diferentes comunidades rurales, a las que gracias al trabajo de un centenar de voluntarios, cada semana llegan los alimentos que deben ser preparados de manera higiénica, deliciosa y sobre todo, atractiva para que los niños sanmiguelenses crezcan fuertes, sanos y con educación nutricional.

Cada lunes, temprano llegan unos veinte voluntarios a las instalaciones de FTH, el objetivo: desempacar, volver a empacar, pesar y distribuir “por comunidad” los alimentos que al siguiente día, a las 7am otras docenas de voluntarios llevarán “en sus propios vehículos” a las diferentes escuelas.

En la cocina de la organización, estaba Valentín Patlán, un sanmiguelense de 27 años que, en la escuela Miguel Hidalgo—en el Ejido de Tirado—recibió el beneficio de Feed The Hungry. Confesó que siempre le había gustado cocinar, y seguro eso lo heredó de su madre y padre “que tienen muy buen sazón”. Estudio gastronomía y sin planearlo ni pensarlo, llegó a Feed The Hungry para darse cuenta de que: esta era la institución que proveía de alimentos a su escuela primaria.

En la barra de la cocina, estaban cinco platillos listos “uno para cada día de la semana”. Éstos fueron preparados por varias mamás que asistieron a la cocina para recibir capacitación sobre cómo preparar los alimentos para la nueva temporadam, y es que el menú cambia cuatro veces al año y ya viene el tercer cambio.

Patlán comentó que las mamás aprenden en su cocina a preparar los platillos y sobre todo “a esconder los vegetales” que en algunas ocasiones son difíciles de que los niños puedan comerse “porque no están acostumbrados a ellos”. En las escuelas, también cuando es necesario; algunos salones de clase son adaptados con la intención de capacitar a grupos de hasta 50 mamás para que repliquen la preparación de alimentos sanos en sus cocinas.

El menú va primero

Diana Rodríguez es la nutrióloga responsable de que los menús incluyan primero semillas y verduras de temporada, pero también de que los alimentos que se vayan a cocinar sean balanceados y saludables. Y es que desde su experiencia, indicó para Atención, en las comunidades rurales en que trabajan, puede ser que los niños coman mucho, sin embargo debido al desbalance y a la poca variedad en los productos que consumen, la mala alimentación puede identificarse fácil: el cabello pierde pigmentación, hay manchas en la piel e incluso presentan uñas quebradizas; detalles que unos meses después de la llegada de FTH comienzan a cambiar.

Rodríguez dijo que lo que más se encuentra en la alimentación en las comunidades es “arroz, tortilla y frijol, sin embargo nada es completo, ni equilibrado ni inocuo”. También aseguró que en pocos lugares se incluyen los nopalitos, quelites u otros alimentos de temporada que los campesinos cultivan.

Una vez que FTH comienza a trabajar en alguna comunidad, Diana Rodríguez dice que lo más complicado es que los niños se coman las verduras “como el brócoli o el coliflor” por ejemplo, verduras que tiene que esconder bien entre los alimentos “a veces lo hacemos cortándolos en trozos muy pequeños” pero es una trabajo creativo en el que trabaja de la mano con el chef, Valentín Patlán.

Además de ofrecer los alimentos a los niños, se brinda una capacitación para las madres de familia; esa capacitación incluye conferencias y talleres de nutrición en los que aprenden a replicar los modelos de preparación de alimentos “de la escuela, a su casa”. En los talleres, las madres entienden que deben alimentar a sus hijos con: más lentejas, garbanzos, habas y otros vegetales para que la salud de los niños mejore. “Las mamás confían en la capacitación que brindamos porque les damos comida y nutrición” indicó Rodríguez.

Entre los obstáculos que enfrenta la organización para ayudar a una comunidad, son las tiendas de comida chatarra que muchas de las veces están dentro de las escuelas y “protegidas por el sistema”. Sin embargo, los logros han sido grandes y satisfactorios siempre que los padres de familia tengan la voluntad y se comprometan a trabajar. Cuando Feed the Hungry comienza a proveer los alimentos, las “tienditas” son accesorias, y la única forma de eliminarlas es “no dando dinero a los niños para que compren. Después de comer en nuestra cocinas no necesitan nada, ni un dulce” dijo la nutrióloga, pues incluso un postre, que más de las veces es fruta, va incluido en el platillo y “los niños pueden comer las veces que deseen”.

Para preparar los menús, Diana conoce que debe siempre tomar en cuenta la retroalimentación que las personas entregan “por ejemplo en Palo Colorado comen las lentejas con lechuga y eso lo tomamos en cuenta para el diseño del menú en esa comunidad”, dijo. Finalmente la nutrióloga agregó que en Feed The Hungry lo que hacen es también entregar “educación para la vida, algún día los niños serán padres y sembrarán nutrición, ellos dirán tuve nutrición y quiero que mis hijos tengan lo mismo, entonces la semilla habrá germinado”.

La colaboración es importante

Gifford Moody es el actual presidente de la fundación; después de retirarse buscó una organización en la que pudiera brindar un servicio que impactara a la comunidad y entonces encontró Feed the Hungry. Aseguró que la idea es que la fundación siga ampliando su cobertura “hay 520 comunidades rurales, aunque no todas lo necesitan” indicó. Aseguró Moody que hay incluso una lista de espera, escuelas que han solicitado sus servicios pero que en una se rechazó la idea por la falta de colaboración de los padres: “no les interesaba porque a través de su tienda escolar proveían de alimentos” dijo.

Moody invitó para que se visite la página electrónica de la organización y cualquier persona interesada pueda brindar sus servicios como voluntario. Una vez que se acerque a la fundación, se le asesorará para aprovechar sus talentos en el área que más convenga. feedthehungrysma.org

Feed the Hungry

En 1984, después de que varios indigentes se acercaban a la iglesia episcopal San Pablo para pedir comida, los entonces asistentes, entre ellos Bill Casselberry, tuvieron la idea de comenzar a alimentar a estas personas a través de una pequeña y humilde cocina que se encontraba en la iglesia. Años más tarde, al actual presidente emérito, Tony Aldelbert, le pidieron que tomara el programa y éste aceptó pero con una recomendación, que se implementara un modelo operacional sin filiación religiosa, y éste fue aceptado y soportado por la comunidad extranjera.

Desde entonces, Feed the Hungry San Miguel ha crecido  para proveer alimento a más de cuatro mil niños en edad escolar. Actualmente opera 39 cocinas adjuntas a las escuelas, distribuidas en todo San Miguel.  La organización, también provee de alimentación a cinco organizaciones de caridad para niños y otra para adultos mayores como ALMA.

 

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