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Hacienda de Jaral de Berrio y sus propietarios

Por Magdalena H. Copado

Uno de los vestigios mas impactantes que podamos ver en la zona norte de Guanajuato, la que fuera la hacienda más rica en la época colonial, tan rica que se volvió un Mayorazgo compuesto por 99 haciendas distribuidas desde los alrededores de la Ciudad de México hasta Zacatecas, es la de San Diego del Jaral de Berrio, se dice que el ganado que pastaba en toda la zona centro del país lo hacía en las propiedades de la misma persona: el Marqués de Jaral de Berrio.

La historia de la Hacienda de San Diego del Jaral es muy interesante, al adentrarnos en ella nos podemos dar cuenta de cómo las relaciones y cargos políticos pueden acrecentar ilimitadamente la fortuna de alguien que con visión aprovecha su momento histórico, todo comenzó en Vizcaya, España en 1559 cuando nace Juan Zavala y Ferranga que a los 30 años llega a Zacatecas a dirigir la operación de las ricas minas de plata recién descubiertas. Tres años mas tarde continúa su labor pero ahora en las minas de San Luis Potosí. Con una acrecentada fortuna adquiere vastas extensiones en el Valle de San Francisco, el que se levanta al norte del Estado de Guanajuato y sur del de San Luis Potosí.

Supo aprovechar el agua de lluvia, concibió una presa e hizo producir las fértiles tierras del valle. El Camino Real de Tierra Adentro que unía a Zacatecas con Querétaro pasaba cerca de ahí, era el punto adecuado para conectar con las recién descubiertas minas de San Luis Potosí, la estratégica ubicación de la hacienda ayudó a fortalecer su prosperidad. En menos de veinte años Juan Zavala logra concentrar una de las fortunas mas grandes de la época, para 1609 deja la hacienda para irse a la Ciudad de México al ser nombrado Alguacil Mayor de la Ciudad.

Juan Zavala llama a uno de sus sobrinos para que se venga a México a hacerse cargo de sus propiedades y le renta la Hacienda del Jaral, esto sucede en 1613. Para 1631 es comprada por otro acaudalado, Prudencio de Ardentía. Cuatro décadas mas tarde es vendida una vez más. El hijo de su segundo administrador, ya había hecho la suficiente riqueza para comprar la propiedad y lo hace, se trataba de Juan Ruiz de Zavala y Lois, era ya el año de 1672, la Hacienda llevaba ya cuatro dueños en su corta historia.

Poco tiempo después aparece un nuevo comprador, se trataba del que fuera el Apartador General del Oro y la Plata en la Ciudad de México, el Capitán Caballero de la Orden de Santiago don José de Retes y Ortiz de Largacha y Salazar. Por la cantidad de apellidos nos podemos hacer una idea del tamaño de su riqueza. Es el quién por primera vez hereda la hacienda a uno de sus descendientes, todos los anteriores no tuvieron hijos, por eso fue que se vendió una y otra vez. En 1687 quien recibe la herencia es Teresa Francisca de Retes Paz y Vera, que casa con su primo hermano, Domingo de Retes, marqués de San Jorge y vizconde de San Román, Caballero de la Orden de Alcántara. Murieron sin dejar descendencia.

Tiempo atrás José de Retes trajo a su sobrino Dámaso Zaldívar y Retes, el cual se volvió administrador de la hacienda y con el tiempo propietario. Es el quién compra la mansión en la Ciudad de México, lo que actualmente conocemos como Palacio de Iturbide, sede de Fomento Cultural Banamex, esa mansión fue el edificio mas alto de la Ciudad durante la época colonial y sin lugar a dudas el mas lujoso de todos. La compra se pudo hacer debido a la fortuna enorme con que contaba, todo gracias a la prosperidad de la Hacienda de San Diego. Desembolsar en ese entonces 32,000 pesos en oro era privilegio que muy pocos podían hacer.

Dámaso deja varios hijos al morir y la hacienda se reparte en partes iguales entre sus nueve hijos, uno de ellos, Teresa Josefa Zaldivar y Retes de Paz y Vera quien se casa en segundas nupcias con un vizcaíno mas, el Capitán Andrés de Berrio y Díaz Palacios Ortiz de Landázuri y Ayala, Alcalde Mayor de la Ciudad de México. Van comprando a sus hermanos las partes heredadas y para principios del siglo XVIII la tienen ya como una sola propiedad.

Era 1779 cuando la hacienda tiene ya su noveno propietario, el heredero del marqués de Jaral y Berrio, José Calixto Miguel de Berrio y Zaldívar Ortiz de Landázuri Retes Palacios Paz Ayala y Vera, ni más ni menos. Apellidos suficientes tenía para impresionar a cualquiera.

Esta que parece hasta aquí una historia digna de un cuento en donde abundan los títulos nobiliarios y las riquezas  dejó de ser novela rosa para pasar a la tragedia, una de ellas se había dando antes, cuando un grupo de Chichimecas hiere mortalmente a don Dámaso. Sucede que la única hija del marqués de Jaral de Berrio, Mariana Guadalupe Ana “nacida en 1752, la que se unió en desastroso matrimonio el 6 de enero de 1768 en la capilla privada del palacio de sus padres en la Ciudad de México, con el aventurero y cazafortunas, nacido en Palermo, Italia, don Pedro de Moncada de Aragón Branciforte y Platamone, primer marqués de Villafont y conde de San Antonio… Doña Mariana Guadalupe Ana de Berrio y de la Campa y Cos llevó como dote al matrimonio la cantidad de $200,000 pesos que éste pronto derrochó en francachelas, parrandas, mujeres, vinos y malos negocios”.

El italiano hizo todo lo posible para administrar o, en todo caso, dilapidar la fortuna de los Berrio, cosa que no sucedió (lo de la administración) pues su esposa fue quien se puso al frente de la Hacienda con la ayuda de su hijo Juan Nepomuceno María de Guadalupe José Gumersindo Joaquín Miguel de Moncada y Berrio, era el año de 1799 cuando “celada y maltratada por su marido, sola, sufrida y triste, entregó su cuerpo a la tierra y su alma al creador”. La hacienda pasa a ser propiedad de Juan Nepomuceno.

“¡Para las mulas del Jaral los caballos de allá mismo!, era el dicho popular, muy antiguo que hace referencia a las buenas mulas y caballos que en esa hacienda se criaban; ganado de fama en toda la colonia por su corpulencia y buena resistencia para el trabajo de campo o de las minas y por su inmejorable prestancia y belleza, al grado que un brioso corcel de la cuadra personal del marqués sirvió para montar en él a Carlos IV, o sea que el escultor tolsá lo escogió como modelo para hacer la estatua ecuestre de ese rey que se terminó en 1803 y que todavía se conserva como gran obra de arte. El caballo que se inmortalizó se llamaba El Tambor.”

Casi medio siglo mas tarde, en 1850, su hijo hereda la propiedad, Juan Isidro de Moncada Berrio y Hurtado de Mendoza; marqués del Jaral de Berrio, conde de Mateo de Valparaíso y marqués de Villafont se convierte en el doceavo propietario de la Hacienda, eran los años aciagos que el México independiente no lograba estabilizarse ni política ni socialmente, sin embargo, la hacienda continua con su prosperidad. Para finales del siglo XIX la hacienda pasa al hijo de éste último de los Berrio mencionados, y le sucede Francisco Cayo de Moncada y Fernández de Córdoba, la dinastía de los de Berrio termina.

Entre 1950 y 1955 su viuda, Margarita Raigosa y Moncada, vende la propiedad a Rutilo Rojas Rodríguez. Según el libro Haciendas del Estado de Guanajuato publicado en 1996 es Pedro Morales González su propietario, pero, según lo dice el diario Correo de Guanajuato es Jorge Guajardo su actual dueño. Sea el que sea el dueño del inmueble, si hay algo extraordinario, magnífico, elocuente, grandioso, lleno de historia, en el norte de Guanajuato, esa es la Hacienda de San Diego del Jaral de Berrio.

La Biblioteca Tours realizará como cada mes.

Puede comprar sus boletos en La Tienda 1,200 pesos ó 70 USD.

Incluye: Guía en inglés y español, transportación, café, galletas, jugos, agua, botanas, mezcal y una deliciosa comida mexicana dentro de la Hacienda de Jaral de Berrio.

 

Cupo limitado.

 

Informes:

Magdalena H. Copado

houseandgardentour2015@gmail.com

 

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