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Un nuevo Muro emerge en El Obraje

Por Rosa Huerta Tovar

El nuevo lugar es un espacio lleno de luz, aire fresco y una vista, que a cualquiera roba el aliento. En el antiguo espacio, sólo quedó la ilusión de materializar un sueño; la convivencia con amigos y la meta precisa de mejorar. El 4 de noviembre, el nuevo lugar para alimentar el alma “y el estómago” abrirá y proyecta convertirse en un Destination Restaurant.

Era un Martes Santo de 1945, cuando en San Miguel de Allende se abrió el primer restaurante (Buganvilia); era de la familia Arteaga. La especialidad, comida mexicana y el concepto fue tan exitoso que, en unos años se abrió el Mesón de Buganvilia para rápido inaugurar Buganvilia Dos. Entre las cocinas, los colores y los sabores tradicionales de esta tierra, creció Gerardo Arteaga, un restaurantero Sanmiguelense que heredó el gusto no nada más de la atención y servicio al cliente sino de la comida de este país.

Arteaga, compartió su historia y la de Muro Café con Atención; recordando cómo cuando estudiaba preparatoria en Guanajuato, quería huir del olor a mango que había en las habitaciones de la casa de asistencia en que vivía, entonces su refugio era la cocina de “Doña Chole” en la misma casa. Aunque no le gustaba la cocina, allí comenzó a enamorarse del arte culinario mexicano, de las mezclas y del sabor, aunque nunca se visualizó como un propietario de restaurante (a pesar de que su familia le decía que estudiara restaurantería y turismo en lugar de abogacía).

Todo comenzó con un canta bar

En Tulane University, Arteaga era el extranjero y fue electo presidente de la comunidad estudiantil extranjera; la primera idea “organizar un concurso de comida típica de cada país para recaudar fondos”. Allí cocinó un mole “mezcla de muchos chiles, que era todo, menos mole”, que perfeccionó más tarde. Regresó a México, ejerció abogacía y después quiso tener su propio restaurante; aunque la política no le es ajena—es regidor del ayuntamiento.

El primer karaoke “en forma” en la ciudad, lo abrió Arteaga con su socio Carlos Muro. Al venderlo, quiso comprar el restaurante familiar Buganvilia, sin embargo no sucedió. Así que, indicó emocionado en la entrevista con Atención, la vida lo llevó al lugar indicado para encontrar el espacio perfecto para materializar esa idea de tener un restaurante, que además del sabor—“transporta al pasado y al origen; que llevara a los comensales a recordar a los ancestros y su sazón”—ofreciera desayunos “todo el día”. El espacio lo esperaba en Loreto.

En esa calle estuvo ese Muro Café, restaurante en el que el primer cliente fue el reverendo Farley W. Wheelwright y su esposa Virginia; el lugar fue lo que soñaron. Gente de la política—local, estatal y nacional—de los medios de comunicación y la comunidad internacional amó y quedó maravillada con el restaurante; porque para Carlos y Gerardo, no fueron un número más, sino personas que estaban en busca de “buen trato, atención, calidad y comida basta” a precios razonables.

Ahora, aquel bebé restaurante que llegó y operó por seis años y cinco meses, extiende sus alas para elevar el vuelo, para crecer su servicio y calidad, para consentir a las personas y ofrecerles una experiencia que no olvidarán, indicó Arteaga. Muro Restaurante-bar, a partir del 4 de noviembre—fecha sujeta a cambios—operará en San Gabriel 1, Barrio del Obraje, teléfono 152-6341.

 

 

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