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Caminos de San Miguel

San Isidro de la Cañada

Celda solar en San Isidro de la Cañada

Don Isidro Juan

Construccion del sacerdote

Camino hacia el nuevo Cimatario

Por Jesús Aguado

Recorrer los caminos de esta ciudad es fácil así como llegar a la última comunidad rural (El Nuevo Cimatario) sobre la carretera a Juventino Rosas. Arribar a San Isidro de la Cañada, después de una hora de conducir por un camino de terracería, también es sencillo, porque al final vale la pena visitar la comunidad donde el agua que se bebe viene directo de la montaña; el campo se trabaja y la luz solar se convierte en electricidad utilizando celdas.

El Nuevo Cimatario

Sobre la carretera a Juventino Rosas, está la salida para llegar a este lugar. El camino que lleva a la comunidad tiene una extensión de unos 15 kilómetros. Así, conduciendo hacia el lugar el camino está flanqueado en la primera parte por bosques de encinos, la segunda por campos de cultivo y la tercera por campos de mirasoles y las casas de unas 70 familias que habitan la comunidad desde hace 40 años.

Cinco kilómetros de carretera, fueron rehabilitados por la administración local, la inversión fue de 1.5 millones de pesos. El camino es de tepetate y está a punto de entregarse. En un campo de cultivo estaba el señor Isidro Juan, cortando pastura que llevaría en una carretilla, para el ganado.

Para Atención, Isidro Juan indicó que en la comunidad hay unas 70 familias. Administraciones previas les han ayudado para tener: agua potable, electricidad y ahora la rehabilitación del camino. Aseguró que es muy importante que el camino esté en buenas condiciones porque así pueden llegar a la carretera con mayor facilidad en casos de emergencia. “Anteriormente los carros se quedaban atascados, no se podía pasar y hasta se volcaban, era una carretera llena de hoyos” dijo don Isidro Juan. Agregó “Ahora es más fácil salir, repito, sobre todo en emergencias, es un camino que ha salvado la vida de nuestros enfermos”.

 

La comunidad cuenta con un kínder, primaria y secundaria. Los que se quedan—gente joven, en edad escolar—se dedican a estudiar y al cultivo de temporal; los que se van—adultos jóvenes—a los Estados Unidos, ayudan para la construcción de hogares y a la economía familiar.

Las leyendas

Sobre la carretera a Guanajuato, está el acceso a San Isidro de la Cañada, llegar allí por el camino de terracería—rehabilitado por la administración pública—toma alrededor de una hora. Sin embargo, la espera lo vale. En la carretera se pueden encontrar aves de todo tipo, animales pastando, vistas hacia la presa Ignacio Allende y hacia la ciudad, a los Picachos y otras cañadas.

Al lado del camino está una pequeña capilla. La leyenda—indicó más tarde el señor Gabriel Núñez—dice que allí vivía un sacerdote que robaba a los comerciantes, y como Robin Hood, lo entregaba a los pobres. Más tarde fue asesinado y su cuerpo dividido en cuatro partes para sepultarlo en cuatro puertos: Calderón, Robledad, Novilleros y Chalayote.

Varias puertas deben cruzarse, se pueden ver bordos artificiales sobre los que nadan patos migrantes. Cerca de un bordo, también está la Cruz tendida. Ha estado allí desde que el señor Núñez era pequeño; algunos dicen que un rayo cayó y el impacto formó una cruz sobre roca. Ahora, las tradiciones en ese espacio son variadas, pues la Cruz es utilizada por curanderos “para curar a algunos y enfermar a otros, con magia blanca o negra” indicó el señor Núñez. En el espacio se pueden ver veladoras, dulces y flores que son utilizadas para hacer el bien, o el mal.

San Isidro de la Cañada

Rodeado por Montañas se pueden ver pequeñas casas, algunas de adobe, otras de ladrillo y sobre ellas, celdas solares—la administración pública a través de su dirección de Desarrollo Social entregó 33 celdas solares, cinco de ellas en esta comunidad. Al pasar la última puerta, está un manantial, el agua escurre de las montañas y ésta—aunque no muy cristalina—es para beber y para los quehaceres domésticos.

El señor Núñez, junto a su esposa Remedios, su nuera Eva García y sus nietos: Valeria y Alan, nos recibió en su casa, nos mostró la pequeña habitación sobre la que descansa la celda solar y explicó que ha vivido en ese lugar por 30 años. Él tenía ocho hermanos, vivían en Cañada de la Virgen pero cuando su padre vendió la tierra, se reusó a trabajar con el nuevo patrón y compró veinte hectáreas de tierra para cada uno de sus hijos. Así llegó él a este lugar, en medio de las montañas en el que ahora ya no hay tanta agua, pero él construyó (con apoyo de presidencia municipal) un bordo en la parte alta, que guarda el agua durante todo el año, “aunque ahora no ha llovido mucho” agregó, pero eso no es problema porque con algunos tambos, irán a otra comunidad para traer agua potable.

Ahora, en la comunidad hay unas 40 familias, pero todas dispersas. Él nunca había tenido electricidad (tampoco cuando dejó Cañada de la Virgen) pero ahora con las celdas solares no sólo cambió su economía, sino su forma de vivir las noches, ahora ve las noticias, enciendo algún bulbo y escucha el radio para mantenerse enterado de las noticias—pues no hay recepción celular.

Entre las rocas jugaban Alan y Valeria (quiere ser doctora) y comentaron que les encanta ver las caricaturas. Con ellos estaba su mamá, Eva García. Ella era de la comunidad de Ojo de Agua de García y hace siete años se casó y tuvo que migrar a esta comunidad. “Yo ya sabía a lo que venía, en mi comunidad sí tenía luz, pero tuve que acostumbrarme. Nos alumbrábamos con veladoras, pero ahora todo cambio” agrega que no se pierde la novela de las 7pm Sueño de amor. Lo único malo de los páneles es que el voltaje no es suficiente para conectar un refrigerador o un horno de microondas “pero ya con que tengamos televisión y radio es suficiente” comentó García.

Francisco Carmona y Gloria Morín dejaron la comunidad hace treinta años (cuando se formó) en busca de mejores oportunidades en la ciudad de México. Ahora que el señor Francisco se jubiló, decidió regresar a su lugar de origen, construir una casa y “vivir al natural”. No le preocupaba el hecho de no tener luz, pero quería vivir entre la naturaleza, en donde pudiera tener incluso un jardín. Su época sin luz fue pasajera, pues después de un año de haber llegado, se vieron beneficiados con el programa de celdas solares.

Los habitantes de San Isidro de la Cañada salen una vez cada quince días, por la distancia, ya sea a San Miguel o a Comonfort. Siempre para comprar despensa, “pasear” o para realizar algún trámite.

Desarrollo Social

Osvaldo García, director de Desarrollo Social de la presidencia municipal, dijo para Atención que en San Miguel hay 120 comunidades y 90 colonias. Para la ciudad, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL, que mide la pobreza) ha señalado 73 zonas prioritarias para el desarrollo social; 67 son en comunidades (dos de ellas las que visitó Atención) y seis en la zona urbana, más de ellas en el Ejido de Tirado.

En esos espacios, indicó García, continuarán trabajando con programas de proyectos productivos, mejora de centros educativos y de vivienda y otros programas estatales y federales que mejoren la calidad de vida de los habitantes.

 

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