Tu moneda los ata a la calle

Painting workshop

Taller de pintura

Tere y Rosita caminando por el Jardín

Maestra Irazú y sus niños

Por Jesús Aguado

Calabacitas, flores, chicles e incluso tortillas son algunos de los productos que ofrecen “los niños de calle”. Son buenos negociantes, pues al final si el cliente no les compra, entonces piden para un refresco o un peso “para comer”.

Ellos son los niños que trabajan, ya sea porque los padres los obligan y no tienen otra escapatoria o porque les gusta por el beneficio económico. Pero el comprarle los productos no les hace bien, porque los niños “deben ser niños” y disfrutar de su infancia. Para ellos, y para sus padres; existen oportunidades infinitas de superación—esas posibilidades las ofrece el DIF municipal.

Vendedores ambulantes

Por las mañanas, el servicio de transporte público que llega a la ciudad, proveniente de comunidades como El Pueblito, San Lucas, San Damián, Agustín González; entre otras, trae consigo a las vendedoras que tienen un espacio fijo para vender sus productos en la zona de tianguis del Mercado Ignacio Ramírez o que de manera “ilegal” ofrecen sus productos en el Centro Histórico o en las colonias cercanas.

Con ellas, llegan los niños que no asisten a la escuela y que deben apoyar a la economía familiar. Diariamente y sobre todo en vacaciones, se les puede ver por las calles ofreciendo sus productos y cargando un niño en su espalda. En el Jardín Principal caminaba Rosita (nombre supuesto) ella tiene 16 años y la acompañaba su hermana Teresita de 10 años (nombre supuesto). Estaban vendiendo flores de jazmín y chicles. Sobre su espalda, envuelto en un rebozo, Rosita cargaba a su hermano de un año y medio. Indicó que terminó la secundaria, no encontró trabajo y vino a la ciudad a vender flores y a pedir dinero.

Para ser vendedor ambulante, la Dirección de Servicios Públicos entrega los permisos a través de su departamento de Mercados. El artículo 10 del Reglamento de Mercados es claro: las personas interesadas en ejercer el comercio en vía pública “están obligados a obtener una licencia” y uno de los requerimientos es tener 18 años o bien 15 (siempre que haya autorización de los padres)”.

Ángel Saavedra, jefe de Mercados, indicó para Atención que hasta ahora, no se entregan permisos a menores, y aclaró que en esta administración están prohibidos. Remarcó que en otras administraciones, cuando los menores estaban “desempleados” los padres—que ya son vendedores—solicitaban permisos para los menores “y se les otorgaban” pero ahora, están prohibidos.

Aunque no lo establece el reglamento, cuando la Dirección de Servicios Públicos entrega un permiso, se le pide a la gente que no tenga menores trabajando. Saavedra indicó que a las personas que ejercen el comercio ilegal, se les pide que se retiren del Centro Histórico. “Es gente muy humilde, son personas que se intimidan y no aceptan una recomendación para ir al Sistema DIF y buscar otras alternativas, sobre todo cuando traen niños. No son muy receptivas, pero nos apoyamos con los expertos del DIF que hacen trabajo de campo”.

Saavedra remarcó que muchas de las ocasiones los comerciantes ambulantes (sin permiso) se intimidan cuando los inspectores están hablando con ellos y eso puede llevar a los presentes a pensar que se les está agrediendo, “pero no es así, lo que queremos es canalizarlos a las instituciones competentes y además ver si podemos encontrarles un espacio para que ejerzan el comercio de manera formal”.

Los números de comerciantes con niños varían según la temporada y el día, indicó Saavedra, pues en ocasiones puede haber 10 y el fin de semana hasta 50 niños de calle.

La campaña

Emilia Vega, presidenta del Sistema DIF (Desarrollo Integral para la Familia) municipal indicó que es una campaña que pretende crear consciencia entre los visitantes y residentes de la ciudad, sobre cómo una moneda no soluciona la vida de los niños. Es una campaña que pretende erradicar el trabajo infantil en el Centro Histórico.

“Queremos que la gente sepa que el Sistema DIF está preocupado por la infancia y por erradicar el trabajo infantil” indicó Vega. Y para ello, hay 10 personas trabajando en el proyecto—consolidado—Casa Esperanza; un espacio en el que los niños están protegidos y además reciben diariamente alimentación mientras los padres trabajan.

No es que los niños sean de la calle, más bien están allí trabajando pero tienen una casa. Tampoco significa que los padres los obliguen, pero ven un beneficio económico. La campaña “Tu moneda me ata a la calle” es para crear conciencia, de que no por darle unos pesos se les va a mejorar la calidad de vida. Los niños no deben recibir ese dinero, los niños deben estar en la escuela” indicó Emilia Vega.

Casa Esperanza

Mientras los padres trabajan, los niños pueden y deben estar seguros. Casa Esperanza es un proyecto que después de 10 años ha madurado. Es un espacio en el que se atiende diariamente a 250 niños en situación de calle. Niños desde los tres hasta los quince años. En ese lugar, ubicado en la colonia San Rafael hay uno de los ocho kínderes comunitarios.

Los niños no únicamente reciben cuidado, sino alimentación, educación y formación en las artes y otras disciplinas como el Tae Kwon Do, box y judo.

En los talleres de Escuela para Padres, también los expertos del DIF platican con los papás para que estén conscientes de los riesgos a los que exponen a los menores al tenerlos en la calle. Vega invita a que no se den monedas a los niños, sino que más bien se reporten los casos al DIF y así el personal de Casa Esperanza pueda platicar con los padres y convencerlos de que sus hijos, en Casa Esperanza están seguros. Llame al 152-0910

Sobre los limosneros, Emilia Vega indicó que el DIF cuenta con 14 programas y a los adultos mayores se les da comida, talleres y actividades deportivas además de servicio médico. A ellos tampoco se les debe dar dinero y si son de mediana edad, el DIF tiene la posibilidad de apoyarlos con un proyecto productivo para que trabajen y generen economía.

En un taller

Me gusta compartir con estos maravillosos seres humanos lo que sé. Además aprendo de su dulzura, de la ilusión con la que trabajan” dijo la maestra Irazú para Atención mientras los niños trabajaban en una acuarela de naturaleza muerta. “Lo único que me interesa en este taller es que ellos vivan momentos felices y que aprendan; que puedan tener amor, que están en un ambiente seguro y que amen al mundo” dijo Irazú.

La Casa Esperanza trabaja con organizaciones civiles, una de ellas es La Biblioteca. Este año, Irazú decidió asistir a los niños de la Casa como voluntaria, brindándoles un taller de pintura en el que aprenden desde los colores hasta los tipos de papel y técnicas que existen para pintar.

“Estos niños han llenado mi vida de amor y cariño y quiero dejar huella en su alma. Quiero que vean al mundo con los ojos del amor” indicó la maestra, de quienes los niños también tienen buenas opiniones. Personas como William—de ocho años—dijo para Atención que con la maestra aprendió a distinguir los colores, pues no sabía ni cuál era el rojo.

Si usted desea ser voluntario o donar material para los diversos talleres comuníquese a Casa Esperanza al 154-9382 también puede enviar un correo a la maestra Irazúa iramarazul@hotmail.com.

 

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