Chica local se crea una reputación

Por Pat Hirschl

Lucina, alumna del 4to grado, sonrió cuando Miss Linder anunció que en la clase de educación física iba a aprender un baile, “Daisy, Daisy.” Al principio la maestra relegó a Lucina hasta la última fila, mala alumna de educación física que era…pero no se quedó allí por mucho tiempo. Después del segundo coro de “On A Bicycle Built For Two”, Miss Linder la cambió a la primera fila donde ella podía ayudar a las otras muchachas a mantener al compás.

Homenaje
Lucina Kathmann
Vie, Ago 26, 5pm
Teatro Tresguerras
Av. Torres Landa a El Saúz, Celaya
lucina.kathmann@gmail.com
Gratis

El ballet ya era el sueño de Lucina. Devoró todos los libros sobre el ballet en la biblioteca de la escuela y molestaba a sus padres sin cesar para que le dieran clases de baile. Para sus padres, su talento en matemáticas era más importante; el baile era una frivolidad.

Más tarde Lucina ganó suficiente como profesora de matemáticas en el Barat College en las afueras de Chicago para estudiar baile y fundar dos compañías de baile.

No fue fácil. Una noche en una implacable tormenta de nieve en la Ciudad del Viento, la última noche triunfante de una pieza fabulosa de baile y teatro, se encontraba sola bajando el escenario. Balanceando los accesorios arriba de su cabeza, luchaba en la nieve que alcanzó sus rodillas para llegar a su departamento. Vaciló: Tal vez sus padres tenían razón…Con las matemáticas se pagaba las cuentas, el baile fue una ruta a la pobreza.

La semana después, Lucina voló sobre el congelado Lago de Michigan a San Miguel de Allende. Allá, conoció a la mujer que cambió su vida, Mascha Beyo, la directora de baile en Bellas Artes.

“Me vio como una muchacha prometedora que ella podía moldear en una gran bailarina….aunque en ese entonces ya tenía 38 años de edad,” ella se acuerda.

“Después siguieron 18 años maravillosos, durante los cuales en las pastorelas navideñas siempre volaba por el aire sostenida por una alambre, interpretando papeles como un zopilote del infierno, mientras mi esposo judío Charlie salía de San José. Mis papeles favoritos incluyeron varios pájaros, un árbol, un dragón con tres cabezas, una bruja, un lagarto, una sacerdotisa maya, y cuando estuve embarazada, una gallina poniendo un huevo.

“En 1996 ambos Charlie y Mascha murieron de cáncer, una semanas antes del otro, y mis días de baile terminaron. Fui la única responsable de ocho niños, dos de ellos de Charlie y yo, y seis de una amiga y vecina querida que había muerto en el parto.

“Cuando la bebé dejada huérfana se graduó de la Facultad de Odontología hace cinco años, bailé a la música de una banda de rock en la fiesta pródiga tradicional hasta muy tarde del sábado por la noche.

“La compañía ha tenido miembros tan jóvenes que siete años, pero la mayoría de las bailarinas son adolescentes o en sus veintes tempranos. Yo soy la única que tiene 74 años. Algunas de las madres se preocupan de que es peligroso para una mujer con pelo blanco manejar a casa sola después de los ensayos, pero yo les digo que los narcos no tienen interés en una mujer grande en su vocho modelo 1994.”

En la tarde del viernes 26 de agosto, bailarina de toda la vida Lucina Kathmann recibirá el homenaje anual a la persona del año que más ha avanzado la causa del baile en el estado de Guanajuato. Bailará un solo de la Suite Maya de la compañía. Se invita a todos a este evento histórico en el Teatro Tresguerras en Celaya. Habrá transporte; para más información, contactar a lucina.kathmann@gmail.com.

 

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