Grabados De Aurora Estrada (1940-1996)

Por César Arias de la Canal

Fue aquella época dorada de la actividad artística en San Miguel de Allende, a mediados del siglo XX. Todavía resonaban en el gran ex convento virreinal los pasos y las voces de los artistas plásticos connotados, mexicanos y extranjeros, quienes dieron vida a la singular Escuela de Bellas Artes—hoy Centro Cultural El Nigromante—, en un pueblo guanajuatense alejado de los circuitos culturales de México.

Arte
“Trashumantes”
Por Aurora Estrada
Jue, Jul 28, 7pm
Bellas Artes

En el contexto de una sociedad católica y conservadora, algunos jóvenes sanmiguelenses se acercaron a la naciente escuela, buscando respuesta a su vocación artística. Entre ellos destacó una bella muchacha originaria del Valle del Maíz, barrio tradicional indígena de San Miguel, quien desde muy niña mostró una obsesión por la creación plástica. “Pinto porque creo haber pintado aun antes de nacer”, escribió alguna vez Aurora Estrada, quien pronto consolidó su oficio creador. Guiada por los maestros de la escuela, exploró en una primera etapa la pintura al óleo y acrílico, pero pronto derivó hacia la litografía y el grabado en sus distintas técnicas, bajo la conducción, en sus últimas etapas, del maestro Erasto Cortés.

La desbordada imaginación de la artista y su acendrada rebeldía contra las costumbres impuestas (se dice fácil: fue la primera mujer que se asumió como artista plástica en San Miguel), conformaron un estilo original y un contenido fantástico, irreverente, humorístico, provocador, en el cual se combinan figuras e imágenes de las tradiciones indígenas locales con formas libres surgidas de la profundidad inconsciente. Los “reatazos de la vida” –que en la historia de Aurora fueron particularmente dolorosos–, dirigieron su obra cada vez más, como en los Esperpentos de Goya, hacia estas formas y personajes fantásticos y a veces brutales donde la sexualidad, la imaginación y la ironía parecen no tener límites.

La obra de Aurora Estrada trascendió pronto el ámbito local y fue expuesto y difundido en varias ciudades del país, incluyendo la Ciudad de México. La exhibición de sus grabados en esta ocasión, al cumplirse 20 años de su fallecimiento, y justamente en este espacio (fue la primera mujer reconocida en el Centro Cultural), representa la merecida reivindicación de una artista sanmiguelense extraordinaria. Y con ello, la necesaria recuperación de la memoria de una época irrepetible en la actividad artística local, la cual se desvanece en medio de la vertiginosa e incontenible transfiguración que experimenta San Miguel.

 

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