El lugar donde brilla el sol

Charco del Ingenio

Festividad a la Santa Cruz

Mario Hernández

Reforestación del El Charco

Suculentas traidas del Querétaro

Por Jesús Aguado

Hace 2 decadas a la gente se le instruyó que se quedara en casa porque ver directamente el eclipse total de sol podría causar ceguera. Ese 11 de julio de 1991 muchos se quedaron en casa, viendo el eclipse por televisión.

Sin embargo los que sabían, se dieron cita en la parte alta de la ciudad, para que la oscuridad viera nacer el proyecto de conservación ecológica más ambicioso: el nacimiento del Charco del Ingenio que en estas fechas cumple sus 25 años.

Antes de la historia

Durante la época de la colonia, el cañón del hoy denominado Charco del Ingenio, era un área poblada de manantiales que más tarde, y debido a la perforación de pozos, se fueron secando y únicamente quedó un pequeño manantial—un charco—de donde viene el nombre de la zona. César Arias, presidente del Consejo de esta organización civil, previamente dijo para Atención que al lugar se le dio el nombre gracias al pequeño manantial que se encuentra en el fondo de la cañada y que tiene agua todo el año. Además porque en la época de la colonia, a todo aprovechamiento de agua se le llamaba ingenio; y en este espacio, el líquido se aprovechó para construir un batán—batidor—que usaba la fuerza de la corriente  del “ingenio” para golpear y lavar lana o triturar granos.

Arias cuenta que San Miguel está construido sobre siete cañadas, entre las que se encuentran la de La Lejona, El Parque, Valle del Maíz, el Mercado, Atascadero, la que está cercana al CBtis, y la del Charco del Ingenio. En 1989, un grupo de ciudadanos, entre los que se incluyen el propio Arias, Bob Hass y Mario Mendoza, Polo Estrada y otros; tuvieron la iniciativa de proteger esta belleza natural que no había sido alcanzado por el desarrollo urbano que se encontraba creciendo desordenadamente. A través de organizaciones civiles y de la iniciativa privada, lograron recaudar el dinero suficiente para poder comprar “los primeros girones” que ahora conforman las 66 hectáreas. “El objetivo era conservar este sitio que guarda un tesoro natural, histórico y paisajístico” dijo Arias, además de que la zona era usada como agostadero “y estaba devastado”.

Una vez que lograron comprar las 66 hectáreas, la asociación civil comenzó a hacer terrazas para evitar la erosión del suelo, después comenzaron a plantar fauna nativa, además inició la colección de cactáceas y suculentas y la fauna se recuperó por sí sola en el territorio.

El 11 de julio de 1991, no únicamente se produjo el eclipse que cubrió el sol por unos minutos, también fue la fecha y la hora (1:24pm) en la que con una ceremonia autóctona se daba inicio a una nueva era en la zona alta de la ciudad; pues fue el día que los miembros del Charco eligieron para abrir la zona al público. Se invitó a los capitanes de danza de diferentes comunidades, realizaron una ceremonia en la que se invocó a los ancestros a los cuatro puntos cardinales, y se fundó una cruz de conquista.

La Santa Cruz, que es celebrada cada 11 de julio en el Charco, fue colocada en la Plaza de los Cuatro Vientos de la zona protegida, en donde, debido a que no había notario—para seguir la costumbre mesoamericana—el hecho del eclipse, en el que la luna cubrió al sol, está grabado sobre piedra. Fue una conquista para los indígenas, dijo Arias, quienes fueron despojados de este lugar durante la colonia para construir la zona industrial de la época, y ahora se les estaba devolviendo.

La visita

Al entrar al Jardín Botánico o Charco del Ingenio, los visitantes  son recibidos por enormes suculentas y todo tipo de arbustos. El recorrido está marcado por senderos y éstos llevan hasta la Presa de las Colonias, que en tiempo de lluvia escurre agua—proveniente de los Picachos—que a la vez alimenta el cañón y la Presa Allende.

El humedal de la presa es santuario de tortugas y todo tipo de peces y plantas. Mientras tanto, el agua sigue su ruta y llega a cascadas naturales a las que los amantes de este refugio pueden acceder a través de enormes rocas. Pueden observar lo mismo reptiles reposando sobre piedras, que mariposas revoloteando sobre las flores; golondrinas y palomas que  no únicamente cantan, sino que sobrevuelan la zona. Se puede disfrutar de una espectacular vista de la ciudad, que se acompaña con el ruido del agua que fluye sobre el arroyo—durante el tiempo de lluvia.

Los tres puntos imperdibles

El director Mario Hernández dice que es un honor para él ser parte de este gran proyecto hecho para los sanmiguelenses, quienes deben conocerlo y cuidarlo.  Los lugares que no deben ser inadvertidos acorde con el director son:

La plaza de los cuatro vientos el primer espacio construido para la apertura de la reserva; un plaza que tiene como piso piedras coloridas ordenadas de forma que reproducen un códice Tolteca-Chichimeca y que representa la tierra, agua, animales y plantas. Es el lugar en el que está la Santa Cruz que se venera cada 11 de julio y el lugar donde se levanta la ofrenda que adorna el lugar 365 días.

Conservatorio de plantas mexicanas Es el lugar en el que se muestra la colección de plantas suculentas de diversas partes del país. Allí está la muestra del color, tamaño y forma de la biodiversidad del país. Además, el lugar, indicó Hernández, es tranquilizante y lleno de paz además de que su estructura de herrería y policarbonato asemeja las bóvedas de cañón que se usaban en las construcciones coloniales del siglo XVI.

El cañón allí se encuentra el manantial que le da nombre al charco. Se puede acceder por las escaleras secretas. “Si el visitante cierra los ojos y guarda silencio, durante todo el año puede escuchar cómo brota el agua y corre por el arroyo. Pero estamos tan acostumbrados a los sonidos de mensajería de los celulares, que a veces esos detalles nos pasan inadvertidos” dijo el director.

La fiesta de cumpleaños

“Lo que los mayordomos de la Santa Cruz realizan, no es una artesanía; es un ritual que los visitantes deben respetar” recomendó Mario Morales.

El viernes 8 de julio a las 8pm los residentes de El Valle del Maíz comienzan a tejer y a velar el súchil; esta ofrenda autóctona que se ofrece a los ancestros y a la Santa Cruz; la ceremonia se extiende hasta la mañana del sábado cuando la ofrenda es llevada al Charco del Ingenio.

El sábado 9 de julio a las 4:30pm el súchil es entregado en el Charco del Ingenio, y después de una ceremonia especial es levantado en el espacio que permanecerá todo el año. A las 5pm se colocará la placa del 25 aniversario y continuará la fiesta con la inauguración de una exposición fotográfica del pasado y presente del Charco del Ingenio.

A las 8pm los mayordomos de diferentes comunidades indígenas comienzan a llegar al lugar, trayendo consigo pequeñas cruces de madera que representan a sus ancestros fallecidos. Traen con ellos ofrenda—fruta, comida—para compartir más tarde con sus colegas. A las 11pm comienza la velación de la Cruz del Charco, que se prolonga hasta que la mañana los alcanza para despedirla con una alborada, reparto de atole y otras bebidas calientes.

El domingo es intenso pues después de la alborada a las 10am comienza la carrera pedestre en el Parque Landeta—adyacente al Charco. A las 12pm comienzan a danzar los concheros y también hay música por la Banda de Viento “La Amistad”. A la 1pm la Santa Cruz es llevada en procesión y en cinco calvarios se colocan ofrendas.

Del otro lado, en el parque Landeta la fiesta continúa con música en vivo, danzas, mojigangas y a las 2pm el guapango arribeño de Guillermo Velázquez.

 

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