Damián Alcázar

Damián Alcazar en La Ventana café

Personaje del mes

Por Jade Arroyo

Damián Alcázar es un  reconocido actor mexicano, quién pasa temporadas en San Miguel de Allende. Ha actuado en 28 películas mexicanas y seis películas extranjeras. Fue premiado con el Ariel en 1999 y en el 2004, por las cintas Bajo California: El límite del tiempo, de Carlos Bolado, y en Crónicas de Sebástian Cordero. Ganó también el premio al mejor actor en el Festival de Valladolid por esta última.

Recibió el Ariel por Mejor Actor de Reparto por El anzuelo, de Ernesto Rimoch, por Lolo de Francisco Athié, y por el éxito de Carlos Carrera, El crimen del padre Amaro. Ha sido nominado para recibir éste mismo premio en otras cuatro ocasiones.

Obtuvo el galardón al mejor actor en el Festival de Cartagena por la película Dos crímenes de Roberto Sneider. También ha trabajado en telenovelas, siendo la más reciente Secretos del corazón, producida por TV Azteca. En abril de 2013 fue galardonado con el Premio de Honor de la Muestra de Cine Latinoamericano de Lleida junto a José Coronado.

 

Damián Alcazar es reconocido por los sanmiguelenses como una de las celebridades locales, a quién a menudo se le puede ver paseando por las calles de sombrero y abrazado a su novia (quién vive aquí), tomando un café en La Ventana y departiendo con el grupo local de aficionados al teatro; alguien con quien todos se dan los buenos días y nunca rechaza la petición de firmar un autógrafo.

Su relación con SMA comenzó hace 22 años cuando vino a hacer algunas escenas de Dos Crímenes en San Miguel y posteriormente una obra de teatro, hasta que hace 15 años vino a hacer otra película: Villa as Himself con Antonio Banderas. Esta ocasión sí aprovechó para quedarse “un tiempito” a disfrutar del pueblo. Después de un mes, fue un lugar donde decidió que quería tener un ancla.

Es un hombre que por trabajo debe viajar mucho, “entonces no puedo permanecer demasiado tiempo en el mismo lugar”. Esta situación, más que darle un desarraigo, lo provee de mucha libertad. Damián impacta como alguien fuerte, pero también amable, de sonora risa y ojos (aunque esté serio) pispiretos.

El trasladarse constantemente parece venirle desde la temprana infancia: nació en Michoacán, aunque a los poquitos años de edad se mudó a Tlaxcala, a Guadalajara y a Veracruz, lugar donde se formó y desarrolló como actor, además de pasar largas temporadas en la Ciudad de México por su trabajo.

Le encanta participar en proyectos de teatro en San Miguel, aunque no puede participar en tantos como quisiera; siendo la última una pastorela de tipo sátira política llamada Dios nos coja confesados, escrita y dirigida por él. Un proyecto que siempre ha querido hacer es una pastorela para el pueblo en español y también poderla traducir al inglés.

A nivel local, admira el trabajo de gente que lucha por hacer un cambio y tiene el valor de señalar lo que hay que señalar. Uno de ellos es César Arias, por ejemplo, quien a través del increíble proyecto del Charco del Ingenio busca perpetuar la magia y los valores naturales de San Miguel; también a Jesusa Rodríguez, una creadora que no puede dejar de crear, y quien a través de su obra y dramaturgia hace mucha denuncia social.

Tanto en la vida personal y profesional, Damián es reconocido por ser una persona conocida por tu activismo político y compromiso social con el país. “Desde muy joven me di cuenta de la injusticia que sucede en el país y la desigualdad. Conocí la realidad de los campesinos pobres, de los obreros que son un sueldo miserable y trabajado largas horas deben mantener a una familia. Por mi trabajo he podido recorrer todo el país y eso me ha hecho ver la realidad de mi país, como es y quien lo tiene, sobretodo en la economía.”

En la Ciudad de México está muy comprometido con el desarrollo de la ciudad y la voz ciudadana, a menudo asociado con la izquierda mexicana. Aunque afirma que no le interesa ser político de carrera, dice que se considera un observador y recalca la importancia de darle voz a los problemas, de darle visibilidad. De hablar por quienes no pueden, representándolos. “A veces lo consigo, a veces puedo hacerlo.”

Damián habla sobre lo importante que es ver más cine hecho en México y reconocernos en él. “En México se hacen entre 70 y 80 películas al año, pero sólo se ven dos o tres y solo por una semana. Hace falta apoyar realmente a la cultura, donde el público pueda reconocerse y apoyar el arte. No se trata de hacer cine para festivales, se trata de hacer cine para la gente”, concluyó.

 

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