No es No: La Marcha Violeta

Marcha A24 foto Azu Chin

24A en CDMX

Hubo saldo blanco, sólo se hicieron una pintas en violeta en edificios públicos

Gourp of Mexican feminist during the parade

#VivasNosQueremos

Por Jade Arroyo

“La marcha propone una alternativa: una vida en la que no prime el silencio, la soledad y la impunidad, sino la denuncia, la fuerza y la solidaridad. Una vida en la que tengamos la posibilidad de transcenderlo todo.”
—Estefanía Vela

Ante el grave panorama de violencia contra mujeres en México y la falta de información y cifras al respecto, analizamos el concepto de violencia de género y acoso y cómo lo viven las mujeres en la vida diaria. El problema planteado no se encuentra en la aplicación de las políticas, sino en el contenido de las mismas. México junto con otras nueve naciones latinoamericanas, se ubica entre los 25 países con la mayor tasa de feminicidios en el mundo. No sorprende que sus mujeres sean sistemáticamente víctimas de acoso sexual en todas sus formas.

Siete de cada 10 personas de origen mexicano (mujeres y hombres) afirmaron que alguna vez vieron a un varón acosar física o verbalmente a una mujer en la calle, aunque es probable que más mexicanas se nieguen a aceptar que fueron víctimas o testigos (según una encuesta de la empresa Parametría).

24A

El pasado 24 de abril se llevó a cabo en CDMX y otras 30 ciudades prominentes del país, una marcha violeta, una marcha masiva con miles de mujeres asistentes, provenientes de 30 distintos estados, donde las mujeres marchaban juntas para exigir—con respeto y no—violencia un fin al acoso, a los feminicidios, a los abusos contras las mujeres.

Bajo el lema de #VivasNosQueremos las convocantes recordaron que de acuerdo con el INEGI, siete mujeres son asesinadas diariamente en nuestro país por violencia machista y que sólo en un porcentaje muy bajo de los casos se obtiene justicia. Esto no significa que la violencia contra las mujeres sea algo nuevo, sino que estamos hablando más de dichos temas. Casos como el de Los Porkys donde jóvenes con educación y de buena familia violan como parte de su rutina de diversión a mujeres menores de edad, son de suma indignación y profunda tristeza. Casos como el de Andrea Noel, que fue agredida en la vía pública y después en redes sociales por el hecho de denunciarlo, son una muestra fiel de los valores arraigados en una sociedad machista e ignorante.

#MiPrimerAcoso

A raíz de la marcha y su gran convocatoria, se desencadenó una oleada de denuncias en las redes sociales bajo la etiqueta de #MiPrimerAcoso, que rápidamente se convirtió en un fenómeno mediático. Miles de mujeres contando sus historia personales de acoso y abuso.

Para muchas, fue la oportunidad de desahogar lo que habían callado por años, y al leerlas, muchas empezaron a recordar y reconocer sus propias experiencias de acoso.

Dulce Ortiz, es integrante de Aministía y sicóloga especializada en atención a victimas de abuso sexual, cuenta con estudios sobre sexualidad y derecho con enfoque de género: “El éxito de ese hashtag se debe a que somos muchas las que estamos hartas y exigimos un mundo más justo, que nos incluya y nos respete. La marcha buscaba visibilidad esta situación y decirle a las victimas, que hay vida después de la violencia.”

Una violación, más allá de sus definiciones legales, consiste en hacerle a una persona, en su cuerpo, algo que ella no ha aceptado o se ha negado a que le hagan. En algunas ocasiones es imposible dar consentimiento, como cuando la persona está alcoholizada o inconsciente.. En otras, como en el caso del acoso laboral, hay una desigualdad de poder en la relación que no permite que la otra persona de un consentimiento verdaderamente libre.

“Miles de mujeres hemos sido agredidas y este es un problema de género. Porque tiene que ver, entre muchas otras cosas, con la forma en la que la sociedad piensa, una sociedad que actúa y reacciona a agresiones que durante años han pasado sin ser denunciadas, que la violencia se normaliza y nuestros ataques se minimizan, nos enseñan a que nos callemos.”

Cecilia Garibi es maestra en Estudios de Género y activista en Colectivo 41. “Durante la marcha, las feministas dijimos: autonomía. Yo tengo la perspectiva de las feministas y también de los gays (C41). La homofobia y la misoginia tiene el mismo origen: la desvalorización de lo femenino hacia lo masculino. En vez de estarnos pelando, vayamos juntos y juntas en colaboración. El origen es mucho más profundo. Si nos mantenemos fijos cada quién en su política, nuestra lucha es más lenta y también nuestro avance.”

Testimonios

Entrevistamos a varias mujeres quienes han sufrido acoso. Éstas son sus historias.

Ana González, 33 años, Sicóloga y maestra en sociología

“Quien me conoce sabe que soy intensa y que mi compromiso feminista es prioridad en mí vida. Lo digo por que en teoría una debería saber reaccionar de otra manera o como hacer frente a estas situaciones. Para mi esta experiencia resume todo lo que implica el acoso, el abuso, las violencias machistas. Era muy temprano y me dirigía al banco, iba en pants, playera y acabada de salir de la cama, nada glamoroso o digamos atractivo. Iba caminando y en la calle no había nadie. De la nada salió un taxi a contrasentido mío y el taxista se me quedó viendo. Seguí caminando y el mismo taxi estaba detrás mío, con el taxista completamente desnudo y tocándose, diciéndo una cantidad de vulgaridades. Seguí caminando, muerta de miedo y paralizada, yo solo quería sentirme a salvo… A cinco casas estaba un vecino regando las plantas. Le dije lo que estaba pasando y el señor lo único que pudo decir fue que me regresara y no saliera de mi casa. Pero sirvió, por que el taxista se fue, y yo pase la siguiente hora temblando de miedo y de asco, pensando que de alguna forma era mi culpa, por que tres días antes me habían agarrado una nalga, y dos días antes un baboso me dio un arrimón y un día antes un tipo en bicicleta me gritó “gorda sabrosa” en la calle… Seguro algo estaba haciendo para que todo eso me pasara. Y no. Me di cuenta que no era mi culpa, que hay algo llamado patriarcado que permite y alienta todas estas cosas, que nos deja solas e indefensas. Y esa noche mis compañeras de Colectivo me escucharon, me abrazaron y se indignaron. Ya no me sentía tan sola, otras mujeres fueron quienes me hicieron sentir segura y valiente de nuevo. Debemos levantarnos y gritar juntas. Todas. Por que somos manada.”

Beatriz Suárez, 28 años, Docente

“No sé si fue la primera vez que me acosaron, sé que fue la primera vez que me sentí violentada, asustada y avergonzada, como si hubiera sido mi culpa. Tenia 11 años, mi papá (era maestro) junto con otros compañeros de trabajo tenían que entregar una papelería en unas oficinas, como era verano, otros niños y yo nos quedamos jugando en el parque que estaba enfrente. Un tipo se nos acercó y se sentó a vernos, yo no me sentía cómoda, de repente el tipo se sacó el pene y se empezó a tocar viéndome directamente. Mi miedo era mas por los mas pequeños… Traté de protegerles llamando su atención con juegos para que no notaran nada. Yo me quedé con el miedo y el asco. Él solo terminó, se rió y se fue.”

Alma Tellechea Martínez, 34 años, Diseñadora gráfica, fotógrafa y madre

“Recuerdo perfectamente mi primer acoso. Saliendo de la escuela, (tenía siete) iba con mi madre en el autobús y había un hombre sentado a mi lado izquierdo, de pronto sentí algo dentro de la falda… Me quedé en shock por un momento sin entender lo que pasaba, mi única reacción fue pedirle a mi madre que me cambiara de lugar, ella me ignoró y sin poder decir nada, esperé hasta que llegara el momento de bajar del autobús. Nunca se lo conté a nadie. A los 11 años un chico 10 años mayor que yo me pidió que lo acompañara a por unas cosas cerca de casa. Éramos vecinos, vivíamos en un fraccionamiento lejos de la ciudad y en algún punto llegamos al campo, en dónde intentó violarme… Escapé como pude y me escondí en casa. Nuevamente me quedé callada por miedo a sus amenazas.

Hace un par de años acudí a un especialista, un psicólogo amigo mío. Fui a varias sesiones y de alguna manera el se había convertido en un pilar importante en mi recuperación.

 

Una noche yo había bebido demasiado y llegué a su casa buscando apoyo. Recuerdo ver su rostro sobre de mi, jamás olvidaré su mirada: me había violado. A mis 34 años no hay un día en que el acoso no forme parte de mi cotidianidad: sin importar lo que lleve puesto, sin importar el puesto de trabajo. Soy madre de dos pequeñajos, levanto mi voz por ellos y por los que vienen.”

Cecilia Garibi, 36 años, Maestra en Estudios de Genero, Activista en Colectivo 41

“Lamentablemente, hemos normalizado la violencia. Yo misma lo he normalizado. Nunca me ha ocurrido nada que podamos denominar grave. Damos las gracias porque un tipo sólo nos agarró en el metro, pero no nos violó. Y encima nos sentimos culpables de los que nos pasó. Eso es algo muy fuerte y que perpetua la minimización del problema.

Mi visión es que empezamos a hablar sobre el acoso, pero hay que hablar de todas la otras formas de violencia. La sociedad nos minimiza y nos violenta constantemente.

Muchas mujeres tenemos miedo de denunciar, por miedo perder lo que hemos ganado con tanto trabajo, ¿cómo vas a acusar a tu jefe si tienes un hijo en casa que mantener?

Posterior a la marcha, platicando con amigos hombres heterosexuales y sensibles al tema, se mostraban muy sorprendidos ante lo fuerte de las historias, me decían: yo sabia que ustedes vivían violencia, pero no sabia a tal grado. Ese ha sido el impacto más potente de la marcha: la visibilidad.”

 

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