Crónica de la primera visita del Papa Francisco

Por Víctor Rodolfo Pérez

El obispo de Roma, el Papa Francisco estuvo de visita en nuestro país, en medio de la controversia y la división debido a los gastos que esta visita generó, y sobre todo, debido a su llegada a un México de contrastes.

El viernes 12 de febrero, por la tarde noche, arribó en un vuelo de Alitalia al hangar presidencial donde cerca de 5 mil invitados especiales tuvieron acceso a tres gradas, que se dividieron por pañuelos de colores que formaban la bandera de México; el acceso muy restringido y con previa acreditación, se convirtió en un lugar de fiesta y algarabía excesiva a la llegada del sumo pontífice, donde muchos llegaron a extrañar a Raúl Velazco en la conducción, ya que consideraron que mas bien parecía segmento del programa “México, mágico encuentro”.

Después de un recorrido hasta la Nunciatura Apostólica en el que fue notorio la falta de público en las calles (se habla de 9 mil voluntarios que faltaron y por ello se utilizaron policías de la SSP), las redes sociales se desbordabon en comentarios desmedidos, donde se insistía en una visita que considerada cortina de humo para tapar a los mexicanos la pésima situación en la que se encuentra el país; ese día, el dólar se vendía a más de 20 pesos en algunas casas de cambio y bancos México. Así, las redes, a favor y en contra, convertían la visita de Francisco al territorio nacional en trending topic mundial con el hashtag PapaEnMex.

Esa noche, la zona que más gente registraba era la cercana a la Nunciatura Apostólica, en la que un Papa notoriamente cansado, salió a rezar con los presentes y les pidió que se fueran a descansar, después de decirles que no vivieran con odio ni rencor y que perdonaran, porque “esa es la solución para vivir mejor y disfrutar la vida que nos toca vivir”.

Al día siguiente, muy temprano, un recorrido más, el segundo en “papamóvil”, con zonas de la ciudad más vacías que otras, se dirigía a Palacio Nacional, donde en el Zócalo Capitalino, el Estado Mayor Presidencial no dejaba cruzar a los asistentes para estar en la plaza más emblemática del país, pues las medidas de seguridad y la encomienda, eran cuidar la imagen del Presidente y evitar las rechiflas en la repetición del mensaje de bienvenida que se veía en las pantallas instaladas en el Zócalo.

Al interior de Palacio la clase política del país aplaudía, y al mismo tiempo era indiferente, y contradictorio al mensaje de Francisco aplaudían cuando se refería a la corrupción, a la falta de oportunidades y al bien común; los que habían criticado su visita se peleaban por la foto con él, los de izquierda y liberales querían que el presidente los presentara; los del PRI en primera fila, para después invadir sus redes sociales presumiendo sus fotos con el Obispo de Roma. Así pues, ¿Cómo no pensar que la visita de Francisco es una cortina de humo? ¿Cómo no pensar que el gobierno del presidente Peña está desesperado por tapar las problemáticas del país con este tipo de visitas?

Al día siguiente, El Obispo de Roma vio cómo su presencia evolucionaba después de esa visita a la Catedral. A su paso a la basílica, era más gente la que lo esperaba, el clima era más favorable. En Ecatepec y el hospital infantil “Federico Gómez”, se vivieron momentos de verdad emblemáticos de esta visita, pues a las afueras del hospital cientos de fieles vitoreaban su llegada. Al interior, los discursos de amor y fortaleza marcaban a los asistentes. Chiapas, Morelia y Ciudad Juárez, remataban con audiencias parecidas a las de Juan Pablo II, en la que los protagonistas fueron los ciudadanos y no la clase política del país o los privilegiados, a excepción de los del hangar y Palacio Nacional.

En el México actual, el Papa Francisco, se enfrentó a varios problemas que le importan a los mexicanos, como son los crímenes de odio, la homosexualidad, los matrimonios y la adopción entre parejas del mismo sexo, las parejas divorciadas, las que viven en unión libre, las que no predican ninguna religión. Con un México donde la violencia es peor que hace 25 años, donde el narcotráfico, la corrupción, el abuso, la indiferencia del gobierno, la apatía de la sociedad, la iglesia con sus abusos hacia pueblos indígenas, niños y niñas de manera sexual no han tenido castigo, donde la ostentosidad, el despilfarro, el saqueo y el robo son el pan nuestro de cada día, donde los muertos están desaparecidos o los desaparecidos están muertos, donde los feminicidios, el abuso a migrantes y secuestro, no tienen respuesta, ni resultados.

En la gira del Papa Francisco algunos públicos no pudieron llegar al él, por restricción, por miedo del gobierno, por miedo al rechazo de la gente al gobierno, por miedo del rechazo del mismo Papa. ¿Será que el Papa fue secuestrado por el Estado Mayor Presidencial, permitiéndole ver sólo lo que el gobierno quería que viera?

Ya el Papa se fue y lo que queda es la reflexión de su mensaje que es el de perdonarnos y perdonar, que dejemos de lado el odio, hacia uno mismo, los demás y los que nos rodea, y que vivamos en armonía y valoremos y luchemos por lo que queremos tener en nuestro México, mágico encuentro de contradicciones.

 

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