Lorenzo, el torreonense lúdico

Personaje del mes

Por Jade Arroyo

Lorenzo es un personaje donde el hombre y el artista son indistinguibles, donde el artista es también la pieza. Un milennial adicto a Instagram y que a la vez busca reconectarse con lo auténtico y crear con las manos. Un juglar desapegado y amante de los animales.

Nacido en el Día de Muertos, recuerda que de niño pasaba su infancia en el panteón. Su abuelito (quién desde su muerte se le aparece en sueños) lo despertaba tempranito a las 7am para ir a llevar las flores y limpiar las lápidas. Su fiesta era entre los espíritus y las coloridas flores de cempaxúchitl. Tal vez de ahí su miedo a la muerte y las despedidas.

La mitad de su corazón es torreonense y la otra gitana. Nació en la perla del desierto, Torreón, (que según sus palabras debería ser conocido como pueblo olvidado por Dios), lugar que lo marca. “Para entenderme a mí hay que entender Torreón: es la ciudad del país con más locos per cápita. El desierto, las tolvaneras, la locura… Te obliga a crear cosas a partir de la nada.” Esa tierra hosca de viento imparable con tres torres Eiffel falsas.

Lorenzo es arquitecto de formación y artista de vocación. Su obra se caracteriza por ser lúdica y personal; ha coqueteado con distintos medios, decantándose por la ilustración y la cerámica como sus predilectos.
Para él, el arte es una búsqueda donde lo importante es enamorarse del proceso. “Mi arte expresa el proceso y el viaje de una persona que busca la felicidad.”

Lo suyo siempre es personal. El arte siempre fue un refugio; la manera de procesar y reflejar las jornadas que va viviendo. Como buen escorpión, las emociones lo fulminan.

Se declara fanático de los surrealistas y su manera de ver el mundo, a través de sueños. “El arte es una ventana a lo que no existe, si quiero realidad veo el Discovery Channel.” Su obra es irónica y naif, donde abunda el autorretrato y un trazo libre inconfudible.

Lorenzo pertenece a la generación de los milennial, condición que le causa una dupla de admiración/repulsión. Se declara el milennial más fraude de mundo; sin embargo la efervescencia y la inmediatez, y la revolución de la tecnología. Los milennial han revolucionado al mundo con sus formas, donde no importa el proceso sino los resultados: para el proceso creativo no hay horas.

 

Fan de Jodorowsky, le encanta la psicomágia y su manera de filosofar lúdicamente.

Como muchos de su generación, Lorenzo es hijo de la cultura pop, a la que celebra y se burla. Sus músicos predilectos son Alaska y Dinarama y “Alaska es mi Biblia (declara con seriedad después que cantamos al unísono Miro la vida pasar”. En su mundo de humor, no hay cabida para la pomposidad y el esnobismo que se ha menudo sirven para la definición de hipster. Cree que uno de los grandes retos de nuestra generación es la falta de autenticidad. “Creo que pocos hoy día son auténticos realmente, todos tienen miedo de ser quienes son, se esconden bajo títulos y claves sociales, obstinados por querer siempre encajar, y de una manera muy banal y ególatra.” Lorenzo nunca deja de ser él mismo y su obra habla claramente sobre ello – “nada nos va ser más felices como aceptarnos como somos, querernos como somos, solo así y podremos querer a los demás.”

Admira a sus padres, por haber hecho mucho con poco y por ser gente que ama. “Mi papá como buen sagitario le gustaba viajar y dentro de la posibilidades de la familia-, nos llevaba a ver el mundo. Eso influyó mucho en mí”

Salió muy joven de su ciudad natal, después de recibirse, y se fue a la Ciudad de México donde entró en el prestigioso taller El Chanate y se comenzó a relacionar con el circuito alternativo de artistas y diseñadores jóvenes. Después de algunos años de vivir y trabajar en la capital, vino a San Miguel a visitar a su hermana, e inesperadamente se enamoró de esta ciudad y también se enamoró en ella. “Yo no vine a San Miguel buscando vivir aquí, vine a ver a mi hermana y a diseñar una casa y a un break. Aquí vine a encontrarme, a encontrar muchas cosas de mí que tenía perdidas. Nunca tuve tantos retiros espirituales. Nunca había estado tanto solo y me encontré contigo mismo. Me reencontré con Torreón, con mi niñez, con la idea de la inocencia.” Actualmente, Lorenzo es director en su propio despacho de aquitectura y diseño Nosotros Los Barrócos y fabrica su colección de vajillas Lorenzo Lorenz desde el corazón de México. www.lorenzolorenzzo.tumblr.com

 

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