Haciendas, brújula hacia un pasado opulento

Por Jesús Aguado

La leyenda de Lucas, aquel gavillero que robó 600 mulos cargados de oro y plata para después enterrar el metal cerca de la hacienda de Trancas; o la de aquella mujer que decidió inmolarse debido a que su pecado fue ser hermosa y por ello, su esposo el hacendado no la dejaba salir, son parte de la magia, el misticismo y la historia que envuelve los caseríos, las caballerizas, las tierras de cultivo e incluso las iglesias de las haciendas del estado de Guanajuato.

Respirar, sentir, tocar la historia de la época de oro de esas grandes extensiones de construcción y tierra, es posible al caminar por habitaciones interconectadas por puertas que repiten una y otra vez las construcciones, no así el diseño de techos de madera pintados a mano, de frescos con ángeles e incluso restos de tapices y plafones europeos. Hacer un viaje al pasado, a la época de esplendor de estos lugares no es complicado, si el visitante se instala en medio de los patios, cierra los ojos y se deja envolver por la atmósfera de las construcciones en las que incluso, se han visto fantasmas. Mensualmente, la Bibliteca organiza tours hacia diferentes cascos de haciendas, mas información en las páginas centrales.

El Camino Real de Tierra Adentro

La historia indica que desde antes de la conquista del actual territorio mexicano, ya existían entre los nativos caminos bien trazados para el comercio; caminos que fueron aprovechados (para el mismo fin) por los conquistadores después de la caída de la Gran Tenochtitlan—1519). Posterior a la gran conquista, indica el experto en haciendas, Santiago González, los españoles comenzaron expediciones en el territorio con el objetivo no únicamente de expandir sus dominios, sino de conseguir más riquezas para el reino español. Esas expediciones llevaron al descubrimiento de las minas de oro, plata y otros metales que forzaron la instalación paulatina de lo que posteriormente fue conocido como haciendas. Grandes extensiones de tierra concedidas por la corona española a los expedicionarios que podían disponer de la tierra, el ganado y cualquier otro bien que en ésta se encontrara.

Las haciendas, ascenso y caída

Ganado, azúcar, carne, granos, vino y  minerales como oro y plata eran sólo algunos de los bienes que se producían en las haciendas de México. Estas grandes edificaciones, sus bienes y sus servicios formaban el sistema económico de la Nueva España en el siglo XVI.

González cuenta que las haciendas estaban formadas por un casco o casa grande en el que vivía el hacendado con su familia. Dentro de la misma construcción existían casas más modestas, destinadas al personal de confianza que laboraba para la “empresa”; entre esas personas estaba el administrador, el mayordomo y algunos capataces.

La edificación de los grandes complejos también incluía una capilla en la que se brindaban servicios religiosos a los habitantes de la propiedad. Las trojes (espacios cerrados para almacenar los granos) y las eras (espacios abiertos para moler granos) también incluían establos para los animales y un sistema hidráulico bien estructurado. Contaban además con amplios patios y jardines sin mencionar las grandes extensiones de tierra.

Existían dos tipos de haciendas en la Nueva España; las de beneficio que se dedicaban a la explotación de minas y las agro-ganaderas en las cuales se producían todos los artículos de primera necesidad.

Con el tiempo las haciendas de beneficio decayeron debido a la falta de producción y la demanda creciente de vivienda que dio origen a determinadas ciudades, como en el caso de la ciudad de Guanajuato que se formó cuando los latifundios mineros fueron repartidos.

Las haciendas guanajuatenses alcanzaron su época de gloria en el siglo XVIII y eran tan importantes que el estado se conocía como “El granero de la Nueva España”. En esa época el actual estado ocupó incluso el segundo lugar en población únicamente superado por el Valle de México. La época de oro de las haciendas duró hasta inicios del siglo XX ya que eran vistas por los nativos como lugares de explotación indígena.

Información de la Secretaría de Relaciones Exteriores indica que en 1910, bajo el liderazgo de Francisco I. Madero, Francisco Villa, Venustiano Carranza y Emiliano Zapata, cuyo lema era “Tierra y Libertad”, se inició la Revolución Mexicana, misma que era contra el latifundio y la prolongada dictadura de Porfirio Díaz—que aunque impulsó el crecimiento económico del país, incrementó las  desigualdades sociales durante más de 30 años. Al final de la Revolución se proclamó la Constitución de 1917 (vigente actualmente) y se implementó una reforma agraria mediante la cual las grandes haciendas fueron repartidas entre los desposeídos mexicanos, provocando la caída de los latifundios.

La Quemada

La construcción de esta hacienda incluye amplios caminos, un puente—declarado patrimonio de la humanidad—y su propia presa, que aún se conservan. En su época de esplendor llegó a tener hasta 50 mil cabezas de ganado. La sola entrada a la Quemada es un viaje al México prerrevolucionario en el que se encuentra la tienda La Norteña a un costado de lo que en su momento fuera la casa del duque de La Quemada. Al frente está el patio de trabajo y en el otro extremo el casco de lo que fuera el granero, las caballerizas y otros espacios habitacionales.

La propietaria cuenta que la hacienda tiene cientos de años (inició la construcción en 1600) de historia y desde 1800—durante cinco generaciones—se ha conservado por la familia Langenscheidt. Hay dos versiones que dan origen al nombre del lugar, la primera es que la esposa del duque era tan bella que éste no la dejaba salir de la casa, por ello la mujer decidió quemarse. La otra “que es la más lógica” indica la señora Langenscheidt, es que cuando la hacienda se estaba construyendo, los indígenas del lugar quemaron los alrededores para que los españoles no se instalaran “de allí el nombre”.

En los años 1800 el propietario de la hacienda fue Joaquín Obregón González, quien era gobernador de estado; él reactivó el lugar y lo convirtió, por la producción de bienes y servicios, en una de las mejores comunicadas del país, pues hasta tenía su propia estación de tren desde la que se cargaban los bienes que eran enviados a la ciudad de México.

Obregón, para construir la presa, trajo a un ingeniero alemán de apellido Langenscheidt, quien se enamoró de la hija de éste, se casaron y Obregón al tener solo hijas, heredó a esta pareja el emporio. La hacienda está en proceso de rescate por la joven familia, que además ha reactivado las tierras de cultivo para proveer de trabajo a los hombres de la zona. Igualmente han adecuado un espacio del edificio para proveer educación de calidad para los estudiantes de la comunidad, a través de una AC. www.facebook.com/LaQuemadaProspera/info

Las Trancas

Actualmente el lugar, es un hotel con 12 habitaciones, cancha de tenis, alberca, spa y servicio de cocina. Es el lugar de las bodas por el rumbo. En lo que resta de la otrora hacienda, está la habitación en la que dormía Miguel Hidalgo—padre de la Patria—cuando acudía al área a revisar las cuestiones religiosas. A través de un túnel, el religioso se desplazaba para ir a la iglesia (a unos doscientos metros) para celebrar la misa. En la misma habitación—con un jacuzzi en el basamento—habría dormido Francisco Villa durante la época revolucionaria.

González indica que en este lugar, lo importante son los vestigios, es también una hacienda “pegada al Camino Real de Tierra Adentro, era una hacienda para la estancia”. González indicó que en el lugar—Atención lo presenció—aún pueden verse los vestigios de los mesones a los que llegaban carretas cargadas de grano; en esos espacios se dejaban los granos, y la gente descansaba en la hacienda a la que entraba con los cargamentos de oro y plata “por eso el lugar contaba con torre de vigilancia. El edificio data de mediados del siglo XVI y la extensión era de 50 mil hectáreas.

La historia que rodea los vestigios de la exhacienda—contada por los locales—indica que había un gavillero llamado Lucas, que robó 400 mulos cargados de plata y 200 de oro. En un mapa, que habría dejado y que está “por allí” se habla de que el tesoro está escondido en la zona cercana a la hacienda y por ello se ha escarbado por años en las áreas circundantes, sin embargo no se ha logrado encontrar nada. www.haciendalastrancas.com

Jaral de Berrio

Sobre más de 16 mil hectáreas se encuentra una construcción emblemática, testigo del pasado suntuoso, glorioso, opulento. La construcción en tres etapas cuenta con tres casas, su propia iglesia y capilla; caballerizas, silos para almacenar granos y campo de trabajo. Esta hacienda en su época fue la principal proveedora de productos agropecuarios para el país.

La fachada de la tercera etapa guarda en la cúspide al marqués Miguel de Berrio, hombre acaudalado de la Nueva España que además, contaba con otras 99 haciendas a lo largo del país. Entre los edificios que poseía se encuentra la construcción que alberga el Banco de México, que fue su casa y entre la que se exhiben sus pinturas y un mapa de la hacienda de Jaral de Berrio. La construcción de la hacienda inició en el siglo XVI. Las habitaciones que se suceden—conectadas por puertas interiores—fueron decoradas con coloridos tapices traídos de Europa. Además en el techo cuenta con un túnel de unos 100 metros, con orificios a través de los cuales, solados observaban para saber quién se acercaba a la hacienda y si era un enemigo, por esos mismos espacios se disparaba. En 1820 en el lugar se abrió una fábrica de mescal, que se ha reactivado y se ha vuelto la más popular del estado. www.jaraldeberrio.com

 

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