Editorial

Por Tania Noriz

El domingo pasado me desvelé leyendo la entrevista que Joaquín “el Chapo” Guzmán le concedió a Sean Penn, y entonces comprendí, sin tanto drama, de donde viene el problema del narcotráfico en México. Para mi viene de la ignorancia. El Chapo ha dicho que no tenía opción. Que su envolvimiento en el mundo de las drogas se debe a que en su pueblo no había otra forma de “tragar” más que trabajando en los campos de amapola. Que ya había vendido refrescos y dulces, como esos niños que ofrecen chicles y que nadie les compra. Pero el Chapo no era como cualquier campesino. Éste era uno inteligente y motivado. Uno que gracias a la ayuda del gobierno, el sistema educativo y la tele en México, ha llegado a ser el delincuente más rico y poderoso del mundo. Un pobre campesino de Sinaloa. ¿Y si se hubiera encontrado con un maestro que le hubiera ayudado a encaminar su hambre, inteligencia y motivación hacia otro lado?

Como maestra rural he identificado a ese tipo de personas. Muchachos que tienen hambre y sueños pero que saben que están confinados a las cuatro paredes de su corral o a la tierra de temporal que les agrieta las manos o a la muerte en el desierto, tratando de escapar a eso que no tan fácil los quiere soltar. Muchachos que su único consuelo es llegar en la tarde a ver la tele o las novelas como La reina del sur o idolatrar al Komander porque es el juglar que les lleva las hazañas del Chapo hasta su corral.

Kate del Castillo es tan trivial y vacía como el sistema idiotizador para el cual trabajó por años y no tiene la más mínima idea de lo que está hablando ni en lo que se está metiendo. “Trafiquemos con amor, querido Don”, le mandó decir al Chapo… Al hombre en cuyos hombros se posan miles de cabezas que perdieron sus cuerpos y almas en una guerra producida al más puro estilo mexicano, donde todos participamos aunque sea como los chinos: “namás milando”; o no dando clases porque prefiero luchar por mi plaza; o produciendo tele para jodidos; o permitiendo que el gobierno, con el dinero que tanto nos costó ganar y perder, haga de todo: matar a nuestros hijos, sumirnos en la pobreza, contribuir a la ignorancia y cobrárnoslo muy caro con sus gasolinas de baja calidad o con tortillas hechas con Maseca. Se burlan todos de nosotros, y lo de siempre, nosotros lo permitimos. Se burlan con el “tuit” de la indecencia y descaro para decirnos que ya lo agarraron. Se burlan cuando destinan los pesos a despensas para repartir en campaña. Se burlan al abrir escuelas con programas genéticamente modificados para que los alumnos hagan como que aprenden y hagan como que piensan. No cabe duda que este país es de contrastes. Es hermoso y feo, es bueno y malo. Aquí donde se mata a la semilla y se ensalza a la obscuridad. Donde los malos nunca debieron convertirse en malos y cuando lo hicieron, son todo menos eso, son héroes, personajes de la cultura pop en la Rolling Stone, dioses mexicanos, ajolotes, con daga de pedernal y soplo divino, listos para dar y quitar la vida cuando se les da gana.

 

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