Revolución Mexicana ayer y hoy

Por Jade Arroyo

“Todos se pelean la silla/que les deja mucha plata/en el norte Pancho Villa,/y en el Sur ¡Viva Zapata!”

La Cucaracha, canción popular

La Revolución Mexicana corrió en tiempos convulsos, donde la sociedad mexicana estaba fragmentada por la desigualdad social. La rabia y el hambre de muchos se ocultaban bajo la máscara del régimen de Porfirio Díaz, de próspera oligarquía y aparente conservadurismo.

Carlos Fuentes, escritor de la entraña mexicana, decía que México es un país formado por sus heridas. Sin borrar los triunfos, pero tampoco el lado doloroso: sin memoria no hay historia.

La Revolución Mexicana fue un conflicto armado que tuvo lugar en México, dando inicio el 20 de noviembre de 1910. Históricamente, suele ser referido como el acontecimiento político y social más importante del México del siglo XX. Actualmente no existe una fecha específica de finalización, mayormente la sitúan en 1917, con la proclamación de la Constitución. Otras fuentes, en 1920, con la presidencia de Huerta o 1924, con la de Plutarco Elías Calles. Hoy, 20 de noviembre, arrancan oficialmente los festejos por la 105 conmemoración de su inicio.

Antecedentes sociales, económicos y políticos

Los antecedentes del conflicto se remontan a la situación de México bajo el Porfiriato. Desde 1876 el general Porfirio Díaz ejerció el poder en el país de manera dictatorial. La situación se prolongó por 34 años, durante los cuales México experimentó un notable crecimiento económico y estabilidad política. Estos logros se realizaron con altos costos económicos y sociales, que pagaron los estratos menos favorecidos de la sociedad y la oposición política al régimen.

Díaz es considerado el responsable del desarrollo del capitalismo mexicano. Su gobierno era apoyado por la aristocracia mexicana y los capitales de las empresas extranjeras (por ejemplo, la mineras en Guanajuato); estas alianzas impulsaron sus políticas antipopulares.

Cuando la mayoría mestiza comenzó a reclamar mayor participación en la toma de decisiones, el movimiento revolucionario cobró gran fuerza.

El campo se encontraba en manos de la aristocracia rural; las minas, el comercio, los bancos y las pocas industrias eran concesionadas al capital extranjero, principalmente estadounidense. Así, el Porfiriato era un resultado político de un pacto social entre los latifundistas y el capital extranjero, como ocurrió en forma general en el resto de América Latina.

Represión y esclavitud pre-Revolución

En el libro México bárbaro de John Kenneth Turner, importante contribución a la descripción de las condiciones sociales que existían en el México prerrevolucionario, se expone el estado esclavista que sometió a la mayoría de la población indígena y mestiza del país en pleno siglo XX: los “trabajadores-esclavos” debían someterse a los maltratos físicos, las largas jornadas de trabajo sin descanso, a condiciones de vivienda y alimentación precaria que generalmente los conducían a la muerte a corto plazo, a los engaños para ser “contratados-secuestrados”, las deudas impagables de las tiendas de raya y a los abusos de poder por parte del mismo gobierno para robarles sus tierras ejidatarias.

Estallido, etapas y personajes

Francisco I. Madero era el candidato representante de la oposición, poseedor de gran popularidad. Madero fue hecho prisionero días antes de la elección y Porfirio Díaz ganó las elecciones. Luego de recuperar la libertad, Madero se refugió en los Estados Unidos y promulgó el Plan de San Luis, un llamado al pueblo mexicano para tomar las armas en contra del gobierno porfirista.

Esto propiciaría muchos levantamientos armados en diferentes regiones de México, encabezadas por Pascual Orozco, Francisco Villa y Emiliano Zapata, cuyos victorias militares obligarían a la renuncia y el exilio de Porfirio Díaz en Francia y al inicio verdaderamente de la Revolución Mexicana. Francisco I. Madero sería electo presidente de México en nuevas elecciones en 1911.

Mujeres en la Revolución

Pese a que la actuación de las mujeres durante la lucha armada no ha sido tan difundido como la de los hombres, encontramos el papel y la influencia femeninas en el campo intelectual (como periodistas y difusoras), en el campo de batalla (tomando las armas algunas veces por voluntad propias y otras por necesidad), así como su lucha por la equidad de género. De esta forma, encontramos la imagen de la Soldadera, ícono de este periodo y de la mujer rebelde mexicana.

Lo cierto es que muy pocas se salvaron del anonimato. Como dijo Elena Poniatowska: “Las mujeres son las grandes olvidadas de la Historia.” Las mujeres de la familia Serdán participaron activamente en complots, paso de armas, correspondencia y difusión de noticias: Carmen Serdán, Carmen Alatriste y Francisca del Valle (respectivamente, hermana, madre y esposa de Aquiles Serdán). Por otra parte, Guadalupe, Rosa y María Narváez coordinaron las operaciones en el estado de Puebla, imprimieron y repartieron proclamas, y distribuyeron armas para luchar contra el régimen de Díaz. En el caso de las que le entraban a los balazos, la lista es más pequeña, pero se conoce el caso de dos coronelas que tenían gente a su cargo: Carmen Alanís se levantó en armas en Casas Grandes (Chihuahua) y participó en la toma de Ciudad Juárez con 300 hombres a su mando. Juana Gutiérrez de Mendoza y La China comandaron un batallón formado por las viudas, hijas y hermanas de los combatientes muertos.

Un poco de historia: Revolución en Guanajuato

El historiador Alejandro Luna compartió datos sobre como era la vida en Guanajuato y San Miguel. “La Revolución trajo beneficios de tipo económico, político y social, sin embargo fueron reflejados mucho tiempo después, ya que había que depurar el sistema. La pérdida en identidad, cultural, artística en San Miguel es que cuando estalla el movimiento ya estaba muy desgastado el pueblo desde la Independencia, le cuesta mucho recuperar. Durante el Porfiriato San Miguel era un pueblo olvidado, completamente olvidado: ni siquiera llegaban los sueldos para los policías.

Mayormente el trabajo era agrícola y se empezaba a desarrollar la Fábrica La Aurora y en talleres pequeños. Al estallar la Revolución, la gente quedó sin patrimonio ni forma de trabajo, lo que fuera causa importante para reclutarse o ‘irse a la bola’ como se dice popularmente, buscando una manera de sobrevivir y de escapar de la miseria y la marginación.”

Las haciendas quedaron totalmente destruidas y abandonadas y la gente cavaba sótanos donde esconder a las muchachas, la plata y los granos, mientras que escondían al ganado en el cerro, tratando de esconder a sus hijas y sus bienes del saqueo de los rebeldes o del ejército.

Madero viene a ser el primer candidato a la Presidencia en realizar una gira electoral por el país, lo que le ganó gran popularidad. Durante la etapa porfiriana, el estado se mostró más conservador debido a los beneficios (por ejemplo, la arquitectura de Guanajuato Capital es representativa del periodo), siendo que en siglo XIX fue muy liberal. El ferrocarril jugó un papel importante, ya que conectaba la parte norte San Luis Potosí con el sur: Celaya, Salamanca, Irapuato…El ferrocarril sacaba todo lo que se producía para su venta en el extranjero o otras entidades. Fue una forma no sólo de transporte, sino de sobrevivencia y comercio. Ahí fueron los bancos de sangre, hospitales durante la Revolución.” Fue un periodo largo, anarquista y de gran inestabilidad política, “La Revolución hay que entenderla por una serie de etapas” finalizó Luna.

Celebraciones

Aunque San Miguel de Allende no participó directamente en este movimiento, como sucedió con la Independencia, la ciudad se une a la celebración nacional con un desfile tradicional en la que los niños y jóvenes estudiantes exhiben sus destrezas deportivas y gimnásticas y se visten de revolucionarios y de adelitas. Es uno de los desfiles más vistosos de la ciudad, comparable únicamente con el del 16 de septiembre. Gustavo Vidargas, director de Cultura y tradiciones habló sobre la evolución e importancia del desfile: “El desfile es en si la conmemoración. El acto cívico ha evolucionado hasta volverse deportivo. Es muy desfile largo y vistoso donde participan todas las escuelas, universidades, la COMUDE, INJUVE.

Por la noche habrá la elección de la Reina Universitaria a las 8pm en la explanada del Jardín Principal, con música en vivo.

En entrevista, el director de la COMUDE José Alfredo Orduña Rodríguez, dijo que habrá una carrera conmemorativa el domingo 22. Partiendo de Atotonilco en el Km 19 a las 9am, los contingentes irán llegando a la explanada del Jardín sobre las 10:30. La carrera es de carácter libre de edad y género. La inscripción incluye medalla y playera conmemorativas e hidratante. Se estiman 58-60mil pesos en premios.

La Revolución hoy

Al margen de partidos políticos e ideologías, siete de cada diez personas (de acuerdo a una encuesta realizada previo a los festejos del Bicentenario) consideran que sí hay materia para festejar los logros conseguidos tras la Revolución Mexicana. Cuando inició el siglo XX éramos una sociedad de analfabetos en la que la inmensa mayoría carecía de lo mínimo, por lo que la esperanza de vida apenas rebasaba los treinta años. Éramos un país donde las libertades de expresión y asociación no existían; donde el sufragio efectivo era un sueño; una nación condenada al autoritarismo y a la injusticia producto de la reelección interminable de autoridades carentes de toda legitimidad. 105 años después, los mexicanos seguimos luchando por conseguir que realmente se cumplan todos los preceptos plasmados en la Constitución de 1917, pero sin duda tenemos mucho que festejar.

¿Ya acabó la Revolución Mexicana? ¿Qué fue de ella? ¿Cuánto duró? ¿Cuándo acabó? ¿Y si ya acabó, por qué sigue siendo meta, bandera y discurso de partidos y grupos políticos? ¿Logró su cometido?

En un país educado durante más de un siglo para idolatrar la Revolución, es difícil responder a muchas de estas preguntas. La revolución mexicana es parte de una especie de tabú colectivo. Cuestionarla y revisarla, a pesar de la alternancia en el poder, sigue siendo, en cierto sentido, algo políticamente incorrecto.

Es claro que tenemos dos revoluciones: Una es la revolución como hecho, el acontecimiento, el fenómeno en sí, y la otra, muy clara, es la revolución como narrativa, como cuento, como mito, como construcción ideológica y propagandística.

 

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