Bajo el Volcán

Por Luis Argudín

Margarette Dawit es una pintora sudafricana que después de un largo peregrinaje por África, Europa y Estados Unidos llegó a San Miguel de Allende desde la Escuela del Art Institute de Chicago en 1988. Se asumió como pintora de San Miguel y de Guanajuato, con una pasión que sólo viene de la convicción elegida libremente. Esta es otra extrañeza, especialmente en un país donde el influjo del centro gravitatorio de la política, la cultura y el poder está completamente centralizado en la ciudad de México. Margarette viene de fuera pero elige quedarse en San Miguel y decide pintar el paisaje y ser una pintora Guanajuatense.

Arte
Dawit-Maldonado
“Bajo el Volcán”
Vie, Nov 6, 7pm
Bellas Artes
Hernández Macías 75
Gratuito

Y lo mismo se puede decir de su marido, José Ignacio Maldonado, un escritor chilango que en algún momento cambió las palabras por la línea y el color y enfiló a las montañas de Guanajuato para dedicarse a la pintura. Estos dos pintores, se establecen en San Miguel para poder vivir su sueño romántico de pintar la vida y vivir la pintura, y claro está, muy importante también, vivir de la pintura.

Visitarlos en su casa taller, es adentrarse en el mundo personal de dos pintores que han apostado por la pintura con el entusiasmo y la perseverancia de los que saben han encontrado su camino tarde y por lo tanto deben aprovechar el tiempo. A ellos no les interesa sumergirse en las discusiones sobre la validez de la pintura frente al arte con-temporáneo, ni cuestionarse si la pintura es todavía un medio válido para crear obra importante. No tienen tiempo para estas distracciones; ellos están pintando. La obra de madurez de ambos se está encaminando por los caminos de Guanajuato, esto es, literalmente están pintando el paisaje de los alrededores de San Miguel, su mezcla de aridez y vegetación, de rugosidades y montañas. Margarette me decía cuando los visité la última vez, que quería ser recordada como una pintora del paisaje Guanajuatense, que ése es su principal mérito pues ha sido su objetivo más persistente, y creo, su logro más relevante. Y es un logro compartido, pues ambos están pintando paisajes soberbios, vivos y libres, pero a la vez rigurosos, sumamente pictóricos, pero con una fuerte dosis de realidad; una realidad que no enumera ni detalla para así adquirir más elocuencia.

Viendo al pasado,  creo que puedo llegar con justicia a esta conclusión: Margarette y Nacho no sólo han apostado a una vida juntos, sino también a un recorrido artístico compartido, lo que no quita las especificidades de la obra de cada uno. Pintan en el mismo taller, un galerón que antaño fue un supermercado, y lo comparten todo. El recorrido que cada uno tuvo que andar para llegar a donde están fue propio, pero el punto de convergencia en el presente es notorio. Y ese punto es el paisaje como forma artística.

 

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