Ofrendas y sus elementos

Por Jesús Aguado

Se ha tenido la creencia de que el 1 y 2 de noviembre los que han fallecido regresan a convivir con los vivos y para invocarlos, tradicionalmente se coloca una ofrenda que debe tener elementos esenciales; si faltara alguno de ellos, el alma viajera y  el encanto de la ofrenda podrían perderse. Estos son los elementos y su significado.

Vaso con agua Para que las ánimas mitiguen su sed después del largo camino y fortalezcan su regreso.

Sal Para purificar el alma y que el cuerpo del difunto no se corrompa y regrese el siguiente año.

Veladora Indica a los muertos el camino a sus antiguos hogares.

Incienso Se utiliza para limpiar la casa de los malos espíritus y el alma entre sin peligro.

Flores Indican festividad y son para tener contentos a los visitantes.

Petate Sirve como mantel para colocar la ofrenda y para que los muertos descansen.

Perro En las ofrendas de los niños para que se sientan contentos al llegar al banquete y para que al regresar al Mictlán, el perro les ayude a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan.

Pan Agregado por el catolicismo, representa el cuerpo de Cristo.

Caña y pan Representan los tzompantlis. El pan representa los cráneos de los enemigos vencidos y las cañas las varas en las que se ensartaban.

Elementos opcionales

Retrato de la persona en honor a quien se coloca la ofrenda—éste debe estar escondido y sólo debe poder verse por un espejo, indicando que la persona se puede ver pero no existe. Se puede agregar cualquier tipo de comida pero el más clásico es mole con pollo o guajolote. Se ponen tamales, atole, chocolate y licor (para los adultos). Se pueden agregar alfeñiques, papel picado de diferentes colores y cualquier otro elemento.

Según el CDI (Consejo Nacional para el Desarrollo de Pueblos Indígenas) en la cultura mesoamericana los cuerpos se incineraban y el alma encontraba su destino, que según la mitología, el alma podía ir a tres lugares: Tlalocan (paraíso del dios de la lluvia) si la persona había fallecido por ahogamiento; Las mujeres muertas durante el parto y los guerreros caídos en batalla se iban al lugar que habitaba el dios Sol Huitzilopochtli; mientras que al Mictlán iban quienes morían por cualquier otra causa. El viaje al Mictlán era largo; el alma cruzaba ríos, montañas y vientos de navajas, entre otros obstáculos; siempre conducida por un perro. Después de unos años, el alma se disolvía.

 

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