Esta es la ciudad de los muertos

Por Jesús Aguado

Dicen que los muertos se quedan solos; que cuando uno muere, los sentidos desaparecen: gusto, vista, oído y tacto son solo un recuerdo que permanece distante; sin embargo el olfato se expande, y si no, pregúntenselo a los muertos, que alegres regresan cada 1 y 2 de noviembre para olfatear los grandes banquetes que en su honor se preparan.

Estos días de noviembre los muertos regresan para convivir con sus seres queridos, y aunque son imperceptibles, hay quienes dicen que sienten su presencia y que incluso cuando prueban la fruta o la comida de la ofrenda después de uno o dos días, ya no tiene sabor, y es que a través del olfato, los muertos se han llevado la esencia; pero la del tequila o el mezcal, esa permanece, por eso es importante que si se coloca alcohol en la ofrenda, éste no esté sellado.

Y pensar que esta costumbre milenaria de celebrar a los que se han ido—según información del director de Cultura y Tradiciones, Gustavo Vidargas—estuvo  a punto de desaparecer en San Miguel a inicios de 1980, gracias al Halloween y a la gran cercanía que se tiene con la cultura del norte. Sin embargo, como siempre, la muerte ganó, asustó a los monstruos de películas extranjeras, a las momias, a los superhéroes, brujas y duendes.  Y cómo no se iban a rendir ante la Catrina, que elegante camina por la ciudad, con coloridos vestidos y sombreros; con esa sonrisa desdentada y esos huesos tan delgados; ese personaje tan etéreo, de ensueño. Así se celebra en San Miguel, el Día de Muertos.

Ofrenda gigante

La Comisión Nacional de los Pueblos Indígenas (CDI) asegura que el Día de Muertos como culto popular “es un acto que lleva de la oración a la fiesta”,  pero sobre todo a la fiesta; en la que los muertos deambulan y hacen sentir su cálida presencia entre los vivos. Ese día, la muerte ¿baja o sube a la tierra? Para convivir con los vivos; aunque claro, siempre con el rasero afilado.

La creencia popular indica que el 1 de noviembre es dedicado a los “angelitos” o personas que murieron siendo niños; el 2 a todos los fallecidos adultos. La CDI indica que en algunos lugares del país, se dedica el 28 de octubre a las personas que murieron a causa de un accidente y el 30 a los que murieron  antes de ser bautizados y que están en el limbo.

Desde 2004, en el Jardín principal se instala una mega ofrenda dedicada a personas célebres y honorables de la ciudad. Este año no será para una, sino para muchas personas, pues varias organizaciones y familias se han unido para colocar alguna porción de la ofrenda y dedicarla a sus seres queridos.  Entre tanto, alrededor del Jardín, en coordinación con la dirección de Educación, indicó la directora Verónica Rodríguez, escuelas, organizaciones civiles y familias, colocarán ofrendas dedicadas a personalidades que han hecho obras en beneficio de la comunidad.

Las ofrendas comenzarán a colocarse el viernes 31 de octubre por la mañana, y lo más importante es que incluirán vistosos tapetes prehispánicos, hechos no con aserrín colorido, sino con granos y semillas. La inauguración será el mismo día a las 8pm y habrá música prehispánica, danzas, poemas del padre Alfaro y pan de muerto, horneado por los alumnos de la Universidad Tecnológica; los estudiantes de turismo de esa institución ofrecerán recorridos guiados por las ofrendas, explicando a detalle el significado de cada elemento. Las ofrendas se quedarán hasta el 3 de noviembre. Revise las páginas centrales de Qué Pasa, encontrará las principales ofrendas que se colocan en San Miguel.

La original Catrina

A la muerte se le representa de muchas maneras; mediante un esqueleto, o un personaje vestido con capucha y una guadaña o una simple calavera. Pero la majestad, es sin duda La Catrina; una osamenta de mujer, vestida elegantemente como en la época pre y posrevolucionaria. La calavera Garbancera fue el retrato de la pobreza que la sociedad mexicana vivía. De hecho, fue el caricaturista José Guadalupe Posada (1852-1913) quien la creó, aunque sólo vestía un sombrero de plumas y el resto del esqueleto estaba desnudo; ello era una burla a las personas que teniendo raíces indígenas, pretendían ser europeas. Más tarde, el artista Diego Rivera vistió a la calavera en su mural Sueño de una tarde dominical en la alameda Central, y le dio el nombre de Catrina.

Aunque actualmente hay dos desfiles de Catrinas en San Miguel, La Original Catrina es Peggy Taylor; “yo soy la original Catrina” cuenta para Atención, revelando su identidad. La  primera vez que decidió disfrazarse del ser legendario (hace 16 años) para salir a pasear por las calles de esta ciudad, no había quien maquillara, entonces decidió utilizar una máscara. Todo mundo quería retratarse con ella, nadie la reconocía, ni siquiera su familia “yo me atacaba de risa, me divertía mucho,” dice.

Peggy respeta a la muerte y a la original Catrina de Posadas y Rivera, por eso trata de imitarla a detalle. Seis años atrás, su amigo Raúl Henderson, decidió unírsele y así, se les ve juntos—Catrín y Catrina—caminando elegantemente por el centro histórico, incluso bailan tango, banda, música folklórica o lo que se les atraviese en el camino. Causan sensación y por eso aparecen en miles de imágenes. Este año, se le podrá ver danzando por las calles el 1 y 2 de noviembre, aunque sus horarios son impredecibles.

El domingo 1 de noviembre, a ritmo de mariachi y acompañadas por mojigangas, más de 400 catrinas caminarán por la calle del Parque y Sollano para llegar al Jardín Principal en donde se premiará a la mejor catrina. Otro desfile saldrá de Mesones 58 y recorrerá esa calle e Hidalgo para llegar al Jardín. El paquete que incluye: sombrero, maquillaje, dulces y una bebida de bienvenida en Rosewood se puede adquirir por 250 pesos, y si prefiere con cena, el costo es de 700 pesos. Contactar a Gretel Cházaro, 121-5615

Otro de los desfiles que se ha vuelto popular, es el que organizan los grupos de Casa de la Cultura. Este año, la procesión saldrá de la Casa de Cultura el lunes 2 de noviembre a las 5pm. Esta es una invitación general a las personas que quieran integrarse al contingente. Se pide llegar a las 4pm a Bajada del Chorro 4, para que se maquille, o 15 minutos antes de las 5pm si ya está vestido y maquillado. El recorrido va por: Parque Juárez, Nemesio Diez, Zacateros, Canal, Hernández Macías, Mesones, Juárez y San Francisco para concluir con un programa especial en el Jardín Principal.

Más vivos que muertos en el cementerio

Los días 1 y 2 de noviembre la “muerte de mil amores,” sí que es “de mil colores,” pues en el cementerio de Nuestra Señora de Guadalupe—en salida a Celaya—se pueden ver globos, flores, comida, papel picado, fotografías y todo tipo de ornamentos sobre las tumbas. La gente come con sus difuntos—llora, baila, duerme, se divierte y vuelve el ciclo—desde las 8am hasta las 7pm; para entenderlo hay que vivirlo.

El cementerio de San Juan de Dios—ubicado en el barrio del mismo nombre—es más bien un vestigio histórico, después de haber sido restaurado, fue abierto al público general en 2010. Aunque guarda algunos restos, es menos la celebración, pero una ofrenda es colocada por la dirección de Cultura y Tradiciones y hasta se incluye un programa especial.

Curiosamente, indica la historiadora Graciela Cruz, este cementerio recibió a su primer morador un 2 de noviembre de 1770; el hombre era un completo desconocido, una persona que fue encontrada moribunda en el descanso de la Parroquia de San Miguel Arcángel y llevado al hospital, actual escuela Hermanos Aldama,  en donde murió, siendo enterrado en el cementerio adyacente.

La historiadora señaló que el cementerio había estado cerrado por 50 años, pero que funcionó de 1770 a 1970, 200 años durante los cuales recibió gente de todas las clases sociales, etnias y lugares, puesto que San Miguel era en aquel tiempo un cruce de caminos importante, visitado por viajeros y comerciantes de todo México y también de diferentes países. “

“Se puede decir que fue el primer cementerio público  pues pertenecía a un hospital administrado por el gobierno, aunque estos términos no se usaban en aquella época” dijo Cruz. La historiadora añadió que los periodos en que el cementerio recibió  más gente fue durante las epidemias y las hambrunas, principalmente la de  1785-1786. Durante la guerra de independencia, indicó la historiadora; el cementerio recibió muertos tanto del bando insurgente como de las tropas realistas.

 

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