La mujer que murió oliendo a santidad

Por Jesús Aguado

Cuando Josefa Lina de la Canal murió, las exequias fueron pomposas y duraron varios días. Expedía un olor a jazmines y de su nariz salían orugas que después se convertían en mariposas. Por eso, y para recordar su aniversario luctuoso, la música y las campanas seguirán tocando y los fuegos pirotécnicos iluminarán la cúpula del lugar que fue su morada.

Para el templo de la Purísima Concepción—Las Monjas—este mes es de fiesta pues se festeja el aniversario de su fundadora, Sor Josefa Lina de la Canal, a Santa Beatriz y a Nuestra Señora de la Asunción.

El origen de Josefa Lina de la Santísima Trinidad

La historiadora Graciela Cruz, cuenta que la familia de la Canal siempre estuvo ligada al patrocinio de obras civiles y religiosas en San Miguel de Allende, específicamente Manuel de la Canal y María Gabriela Josefa de Herbás. A esta familia, se le atribuye la construcción de templos como el de la Santa Casa de Loreto del Oratorio, así como la construcción de caminos y casas reales del siglo XVIII. Este matrimonio tuvo nueve hijos, Josefa Lina fue la primogénita de la estirpe, naciendo un 7 de agosto de 1736.

Cruz explica que Manuel de la Canal siempre quiso comenzar una fundación religiosa para mujeres. En el primer intento se quiso situar esa congregación en los terrenos del oratorio, utilizando la Santa Casa de Loreto. Fue que ese lugar era para varones y no podía haber mujeres cerca, “aunque el fundamento es más complejo de lo que podemos imaginarnos, hubo muchos que repercutieron”, señala Cruz. El segundo intento fue cuando la familia de la Canal se trasladó de su casa solariega—ahora el Instituto Allende—a la casa de calle Canal 4. La idea era que el edificio de la casa solariega se utilizara como claustro, aunque por razones que se desconocen no se concretó.

Quiso cumplir el deseo propio y de su padre

Los padres de Josefa murieron cuando ella apenas tenía trece años María Gabriela Josefa de Hervás el 9 de abril de 1746 y Manuel de la Canal el 16 de abril del mismo año. Josefa, junto a dos de sus hermanos quedó a cargo de su albacea, Francisco José de Landeta. Éste acercó a la menor al padre Luis Felipe Neri de Alfaro (director espiritual y confesor de la joven). Él, más tarde, apoyando a la vocación religiosa de de la Canal, auxilió en las diligencias, junto con Landeta, para la expedición de la cédula del obispo y de la corona española.

“Josefa lo que hizo fue cumplir sus propios deseos de convertirse en religiosa, que desde pequeña tenía muy bien marcado. También quiso cumplir con el deseo de sus padres”, remarcó la historiadora, pues los padres siempre habían intentado la fundación y además siempre habían donado a las obras religiosas; no sólo de San Miguel sino de la región. Hoy se conoce que fueron benefactores de las fundaciones jesuitas del Valle de México (San Gregorio, Tepotzotlán, la misma Villa de Guadalupe que recibió un retablo). Esos deseos de la religiosa, aseguró Cruz, están expuestos en un documento al que ella tuvo acceso en el Archivo General de Indias, en Sevilla, España.

De acuerdo con la historiadora, las diligencias comenzaron en 1752 y se expidió la cédula en 1754. Bajo llave, en el templo se guarda la placa original—a la que Atención tuvo acceso—que se grabó cuando se colocó la primera piedra del Convento de las Hermanas Religiosas de la Purísima Concepción. La placa grabada en cobre sobre madera, señala que la construcción comenzó el 25 de mayo de 1756, siendo el papa Benedicto XIV y el rey de España, Fernando IV y el mayor de San Miguel era don Joachín Sánchez de Tagle.

En la época las diligencias para conseguir una licencia real—expedida por el rey y las autoridades eclesiásticas—eran muy difíciles. La complicación de los trámites era que los conventos eran de esperanza y reconocimiento para las zonas en que se construían. “Eran empresas económicas. El convento trasciende de un beneficio personal al de la comunidad sanmiguelense y trasciende del ámbito religioso a económico, porque las instituciones se vuelven las instituciones crediticias, por ello las diligencias eran complicadas”, señaló Graciela Cruz.

Ascenso, caída y ascenso

El convento abarcaba toda la cuadra, rodeada por calle Hernández Macías, Canal, Insurgentes y Quebrada. Ocupaba además lo que actualmente es el Centro Cultural, el Nigromante, la Casa del Estado Mayor y el lugar donde actualmente viven las religiosas. El capital que se invirtió fue la herencia de Josefa Lina de la Canal y además, la población consciente de que era un beneficio para el poblado, se volcó a ayudar económicamente, hasta concluir la actual construcción del templo.

El 12 de julio de 1859—cuando Benito Juárez era el presidente de México, se expidieron las leyes de Reforma y entró en vigor la Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos. Esa regulación decretaba que entraban al dominio de la nación todos los bienes del clero. Una noche de 1862 las religiosas fueron notificadas de que debían abandonar las instalaciones y así, a las 9pm, dejaron las instalaciones. La historiadora asegura que hay documentos en el archivo parroquial que indican que las religiosas fueron acogidas por las familias sanmiguelenses. Durante el gobierno de Porfirio Díaz—50 años después—algunos bienes le fueron devueltos a la iglesia, y fue entonces cuando a las religiosas concepcionistas les devolvieron el actual convento. Pero pasaron cincuenta años, en ese periodo muchas mujeres murieron; muchos bienes—muebles—regresaron a la iglesia, otros se perdieron como el Libro Becerro; que llevaba la crónica del convento “y creemos que está en alguna casa o se perdió con el movimiento, lo mismo pasó con imágenes y mobiliario”, sentenció Cruz. Así las religiosas reconstruyeron su historia y su presencia en San Miguel.

Muerte de Josefa Lina

Sor Josefa Lina de la Santísima Trinidad murió el 7 de agosto de 1770. Sor Lidia—que llegó al convento en 1960—cuenta que ellos saben que murió oliendo a jazmines. De su nariz salían orugas y se convertían en mariposas. La gente se abarrotó en la reja porque decían que “se había muerto una santita. Todos querían verla”, indicó. Aseguró que Sor Josefa siempre quiso estar en un lugar donde las religiosas “la pisaran” cuando tomaran la comunión y ese deseo se cumplió. Sus restos están en el coro de la iglesia.

La historiadora cuenta que las crónicas señalan que cuando murió, sus exequias duraron varios días, pues los sanmiguelenses la querían tanto que le hicieron una pira con velas, flores y poemas. Las razones de su muerte no se conocen, aunque se atribuyen al cansancio por las penitencias. Para celebrar el aniversario de su muerte, únicamente habrá misas privadas.

Fiesta en honor a Santa Beatriz y la Purísima Concepción

Sor Lidia contó que desde el 8 de agosto se ha comenzado con los preparativos para celebrar la asunción de la Purísima Concepción, quien falleció el 13 de agosto. Ese día desde las 3pm hay una imagen de la virgen yaciente que se levanta hasta el 14 por la noche, además cuando está tendida se reparten “herencias” pequeñas piezas de papel en las que la virgen “hereda sus manos, sus ojos, sus pies, su cabello, su corazón” a los feligreses.

El lunes 17 de agosto se celebra a Santa Beatriz—patrona de las primeras religiosas que llegaron a formar a las concepcionistas—y desde las 6am habrá misa, alborada y mañanitas. Todo el día habrá música en vivo en el atrio, comida a la venta—preparada por las religiosas—y fuegos pirotécnicos por la noche y “que la música no pare” finalizó entusiasmada sor Lidia.

 

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