Una vida dedicada a la gente

Personaje del mes

Por Sandra Ríos

Luz María Maxwell, mejor conocida como Lucha Maxwell es una mujer llena de energía y vitalidad que a sus 98 años de edad, aún sigue involucrada en la medida de lo posible en el centro de rehabilitación que ella misma fundó y que ahora lleva por nombre CRISMA, antes CENCRE. Igualmente es una apasionada de su familia y junto a su esposo Robert Maxwell, disfruta de sus hijos y nietos.

Sandra Ríos: ¿Dónde nació y qué fue lo que estudió?

Lucha Maxwell: Nací en la Ciudad de México y estudié hasta tercer año de medicina en la UNAM, cuando llegue a tercer año no me gustó ir a las prácticas en el hospital ya que veía sufrir a la gente, sin poder ayudarla. Así que decidí hacer otra carrera que me hiciera sentir más a gusto y útil y me encontré con la fisioterapia. Me gustó mucho porque trata acerca de la recuperación, ayudas a la gente a levantarse.

SR: ¿En dónde trabajó después de estudiar fisioterapia?

LM: En el Hospital Inglés, en el Distrito Federal, en donde después me mandaron a estudiar con una beca a Georgia, Estados Unidos, durante dos años para una especia-lización en fisioterapia.  Cuando regresé al hospital me pidieron constituir un departamento para recuperación, porque en aquél entonces no existía. Así que empecé a trabajar y a organizar el departamento infantil para recuperación en el Hospital Inglés.

SR: ¿En que momento contrajo matrimonio?

LM: Yo daba terapias a pacientes difíciles y con uno de ellos, al cuál estuve dando tratamiento durante un año, me entendí muy bien y nos interesamos el uno del otro. Una de las pacientes del hospital , me decía “lo que pasa es que ustedes están enamorados y no saben que hacer con el paquete.” Mi esposo Roberto tuvo polio y se recuperó bastante bien, an-daba en muletas y silla de ruedas, y me propuso matrimonio. Él es pintor.

SR: ¿Cómo llegaron a vivir a San Miguel?

LM: Decidimos venir San Miguel porque antes mi marido trabajó con la señora Nell Harris en el Instituto Allende como maestro de pintura de paisaje y cuando llegamos aquí le ofrecieron el mismo trabajo. Pero con los desplazamientos a los cerros para pintarlos en lienzo, y con las muletas, ya no le fue posible seguir trabajando ahí. Yo en aquel entonces daba tratamientos en Taboada, me embaracé y tuve un aborto precisamente por estar dando tratamiento en la piscina. La doctora me dijo que si quería tener familia iba a tener que descansar un poco de mi trabajo.  Y nos quedamos propiamente en el aire, porque ninguno de los dos tenía dinero ni trabajaba.

SR:¿Y cómo fue que salieron adelante?

LM: Una mamá de un pequeño paciente que traté en el Hospital Inglés, tenía una tienda muy grande en la Ciudad de México y seguíamos en comunicación, me dijo que no me preocupara, y que ellos me podían dar las artesanías que vendían en el D.F. y mandarlas a San Miguel. En aquél entonces no había tiendas de artesanías aquí, abrimos la tienda en nuestro garaje, empezamos a crecer y alquilamos un local en la calle de Canal, posteriormente rentamos una casa y luego nos pasamos a lo que era la Casa Maxwell y fue todo un éxito.

SR: ¿Cuántos hijos y nietos tiene?

LM: Tengo dos hijos, el Dr. Roberto Maxwell que vive en San Miguel y a Ana María Maxwell que es psiquiatra y vive en D.F.

De mi hija Anita, que se casó tengo una nieta, Mariana, que acaba de cumplir 16 años y está trabajando muy bien. Y los gemelos de mi hijo el Dr. Maxwell, los dos tienen 7 años cumplidos en enero, uno se llama Mauricio, que es una dinamita y Rodrigo que le encanta el dibujo, los dos son muy buenos en la escuela.

SR: ¿Cómo fue que fundó el Centro de Crecimiento en San Miguel?

LM: Cuando llegué aquí me di cuenta que nadie atendía a los niños discapacitados. Así que yo empecé a tratarlos y a enseñarles a las mamás en como apoyarlos, ya que esa era mi profesión y lo que me gustaba. Empezamos en una casa prestada que tenía jardín.  Atendíamos a toda clase de discapacidades como ciegos, sordomudos y niños con efecto de polio, realmente había mucha demanda.

Enseñábamos a las mamás, pero también empecé a solicitar personas voluntarias que supieran algo de enfermería para que me ayudaran con los niños. Y así empezamos con el Centro de Crecimiento en una casa de Calzada de la Luz que fue la primera. Después nos pasamos a  la casa donde vivían los señores que tenían la Casa del Inquisidor y después de un tiempo nos la donaron; nosotros la vendimos y se compró el edificio donde estamos ahorita, en Zamora Ríos 6. En ese tiempo ya contábamos con personal preparado para dar fisioterapia, ya que a muchos de ellos los mandé a tomar cursos. Hacíamos fiestas para juntar dinero y mejorar la casa, así también empezamos como escuela y como centro de rehabilitación para los niños discapacitados.

SR:¿La gente pagaba por estos servicios del Centro de Crecimiento?

LM: Ya teníamos personas en la oficina, una mesa directiva  y teníamos una cuota establecida, aunque las mamás pagaban lo que podían según su presupuesto y dábamos el mismo tratamiento a todos sin importar lo que pagaban, se les hacía un estudio socioeconómico. También existía el problema de que muchos de estos niños no tenían comida en su casa y se pensó en una cocinera para darles de comer a todos los niños que entraban desde las 8am y salían a las 4pm.  Se les daba comida, tratamiento y educación.

SR: Ahora que el Centro se llama CRISMA y lo absorbió la fundación Vamos México de Marta Sahagún, cuál es su participación?

LM: Bueno, llegó un momento en que no podíamos continuar con los gastos del Centro, y entonces se empezó a prescindir de algunos maestros y ciertos servicios. Buscamos una asociación con la cual pudiésemos trabajar y nos contactamos con Vamos México, ya que tienen varios centros de rehabilitación. Marta es una gente sumamente activa, así como su esposo Vicente Fox que además tiene muchos contactos. El Centro continua con la misma filosofía de atender a las personas discapa-citadas y sobre todo a los niños. Ya no tenemos escuela ni alimentos, pero la atención a los bebés es importantísima y los atienden  de mil maravillas. Yo ya no voy con la frecuencia de antes pero sigo yendo y me doy cuenta de que están haciendo un trabajo increíble. Además tenemos un departamento de fisioterapia con terapistas perfectamente bien entrenados , yo los conozco y sé como trabajan.

SR: ¿Cómo era San Miguel cuando usted llegó a vivir aquí?

LM: El pueblo era muy seguro, podías salir a las 3 o 4 de la mañana sin problemas y la gente era muy respetuosa. Ahora ya no es lo mismo, si quieres salir en la noche tienes que tener mucho cuidado, ya hay muchos asaltos y sobre todo secuestros de gente con dinero, eso antes no se daba aquí en San Miguel.

SR: ¿Alguna otra cosa que quisiera agregar?

LM: Yo considero que las asociaciones, y que hay varias aquí en San Miguel, necesitan mucho de la ayuda social de la gente, ya que estas asociaciones tienen como meta el ayudar a quien más lo necesita, tanto aquí como en las comunidades rurales. Y es importante que la gente entienda que una gente discapacitada, tanto chiquitos como grandes necesitan no solo la ayuda de la sociedad si no también de los miembros de la familia.

SR: ¿Que le ha dado este Centro a Usted?

LM: Ver que las personas que uno ayuda siguen adelante. Como Francisco que ahora es locutor de radio, llegó al Centro de Crecimiento, gateando, chiquitito y le preguntábamos que le gustaría ser y nos decía que locutor y yo decía, pero si tiene problemas de lenguaje, se le dio rehabilitación de lenguaje y ahora Pancho es locutor en el radio a las 3pm y para mi es un orgullo.

 

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