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Arte Público

Por Janice Zimolzak

En el momento en que una obra de arte, que haya sido realizada en el contexto del “el Arte por el Arte” es colocada en un espacio público, debe satisfacer dos objetivos básicos. Primero debe acentuar las características inherentes del área en la que se le sitúa y además, ser altamente visible. En el caso de dos poderosas esculturas del finado artista David Kestenbaum, “Toro” y “Caballo Relinchando” puede decirse con certeza, que ambas piezas cumplen a cabalidad con los preceptos planteados.

“Toro” fue instalada en Julio del 2014 en conjunto con la exposición retrospectiva “Luz y Sombra” que mostró el trabajo que Kestenbaum realizó durante su vida. Como era de esperarse, se desencadenó cierta controversia acerca de la instalación de una escultura  de tan grandes proporciones; pero los curadores estaban seguros de que a la escultura “Toro” le correspondía ese lugar frente a Bellas Artes. Sin embargo, tenían una preocupación. Sabían que la cabeza del toro debía quedar mirando de frente a la grandiosa entrada del edificio, pero ello implicaba que la cola quedara frente al busto de Doña Carmen Massip. ¡Impensable!

Mientras la retrospectiva de Kestenbaum permanecía en las galerías de Bellas Artes, Mai Onno, madre de David y albacea de su herencia, aceptó donar “Toro” a la ciudad, permitiendo que la escultura permaneciera en el lugar donde hoy se encuentra. Gracias a este ejemplo, el municipio tomó conciencia de que la exhibición de piezas de arte de calidad, en espacios públicos, aumenta la reputación y el valor de la imagen de la ciudad como un centro dedicado al arte.

Poco tiempo después, César Arias, cuyo nombre es sinónimo del Charco del Ingenio, se puso en contacto con Mai y le expuso su deseo de algún día poder instalar en el jardín botánico, una de las esculturas de Kestenbaum. Ella supo que “Caballo Relinchando” sería la obra perfecta para ese sitio y la donó también a la comunidad de San Miguel de Allende.

Es muy apropiado que estos dos obsequios de arte, producto del talento de la asombrosa “primer familia de arte” de San Miguel, sean exhibidos de manera tan prominente.

En la primera mitad del siglo XX, el finado Lothar Kestenbaum y Mai Onno empezaron a dar clases de arte al mismo tiempo que producían su obra en San Miguel. Lothar, un escultor nacido en Alemania, llegó a a San Miguel en 1956; por otro lado Mai Onno llegó a San Miguel al obtener una beca para estudiar arte en el Instituto Allende. Después nacería David en 1965. La familia regresó a San Miguel en 1970. Lothar entonces se dio a la tarea de crear y desarrollar el departamento de escultura de Bellas Artes.

Si bien David tuvo una fuerte influencia de ambos padres, desde pequeño mostró una afinidad natural hacia la escultura. Estudió también otras técnicas, y antes de obtener su título en Historia del Arte en la Universidad de Texas, regresó a San Miguel para establecer su propio estudio y taller de fundición. Al igual que su madre, obtuvo la beca del FONCA. David creó un sustancial cuerpo de trabajo en madera y varios metales, expresando siempre su inata habilidad para interpreter la naturaleza de cada elemento con gran inteligencia y claridad. No olvide pasar por el Charco del Ingenio para disfrutar de “Caballo Relinchando.”

Mai Onno presentará su treintava exposición en el Centro Cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante (Bellas Artes) el próximo 30 de Julio.

 

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