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Ojalá Niños crece y asegura a los niños de San Miguel Viejo

Por Jesús Aguado

San Miguel Viejo es una comunidad rural que se encuentra cerca de la estación del ferrocarril, por la nueva carretera a Guanajuato; en la comunidad hay menos de 400 personas que viven en 64 viviendas. En San Miguel Viejo 10 casas tienen piso de tierra y ocho son de una sola habi-tación. En la comunidad hay drenaje y 54 familias cuentan con una televisión. Durante seis generaciones, los jóvenes de entre 15 y 24 años han asistido a la escuela, sin embargo el tiempo promedio de estudio sigue siendo de cuatro años.

Debido a esa problemática, surge Ojalá Niños, una organización civil dedicada a enriquecer el talento de los niños de San Miguel Viejo, para evitar la deserción escolar y crear proyectos productivos que a la larga puedan favorecer a la comunidad.

A través de esta organización, los niños cuentan con un espacio en el que se les provee de materiales y guías para explorar y descubrir sus talentos; lo que les gusta y lo que pueden ser capaces de crear.

Actualmente el espacio donde se llevan a cabo estas actividades se ubica en la casa de Elsmarie Norby, creadora de Ojalá.  Sin embargo, ante la necesidad de expandir el proyecto, la organización recién adquirió el terreno adjunto a la casa de Norby, en el que se construirá un centro comunitario para los niños.

Ojalá y Elsemarie Norby

Ojalá es una organización sin fines de lucro que hoy en día ofrece a 110 niños de la comunidad un modelo educativo para después de la escuela a través de un programa completo que da a los niños la oportunidad de explorar sus fortalezas a través del arte, la música y la literatura; además enseña a los niños emprendedores el modelo de las cooperativas. Todas las clases son gratuitas.

Elsa—como la conocen los niños—es fotógrafa, músico y escritora. llegó a San Miguel en 1994; y desde el momento en que llegó a la ciudad supo que este sería su hogar. “Si realmente quieres experimentar la paz y alegría, ve a una comunidad rural en cualquier parte del mundo y siéntate, no tengas planes, los niños te encontrarán y te enseñarán…sigue a los niños”, comentó Elsmarie, estadounidense que después de 12 años de haber fundado y participado en la Fundación ONIEL, una organización que llevaba programas de música a escuelas públicas rurales, decidió retirarse en esta comunidad rural.

Al llegar a San Miguel Viejo, donde quería descansar y ser feliz, causó curiosidad entre los niños, quienes se acercaban a su reja y le gritaban “¡Elsa, Elsa¡”. Ella, sin planes, los dejó entrar a su casa y les dio papel, tijeras, puntillas y los niños comenzaron a dibujar y a entretenerse.  El número de niños fue incrementando gradualmente y fue como surgió entonces la organización sin fines de lucro Ojalá.

“La casa de Elsmarie”, comenta Verónica Ramírez, directora de programas de Ojalá, “se ha ampliado para los niños. Elsmarie vendió todo el equipo de su piscina para tener fondos y comprar material para que los niños trabajaran”. Ahora toda la casa, incluyendo la de Verónica, alberga cada día a unos 100 niños que van a expresar su creatividad después de la escuela. Elsmarie, quien tiene 75 años, no se cansa de trabajar.

La casa de los niños

Los estudiantes que van a la escuela de 8:30am-12:30pm en la primaria y de 7am-2pm en la secundaria; tienen la oportunidad de llegar a su casa, comer algo y posteriormente, a las 3pm asistir a la casa de Norby. Allí, los niños pueden pintar desde un árbol con manzanas junto a un río y ovejas pastando, hasta un falso Picasso. En otro taller, las niñas aprenden a hacer bolsas de tela, juguetes de tela para gatos e incluso vestidos. La maestra Adelita cuenta que las niñas son muy inteligentes y ya pueden hacer su uniforme; información que confirmó una jovencita de unos 13 años; quien aunque no le gustó la clase, hizo la falda de su uniforme escolar que aún utiliza este ciclo; sin embargo, la joven decidió cambiarse al taller de manualidades, en donde se encontraba preparando una tienda de conveniencia en miniatura, mientras otra niña mostraba contenta el llavero que hizo en la clase de hoy.

En la casa de Verónica, están los niños más pequeños, a los que la maestra Clara guía para que modelen frutas—a cada uno de los 10 niños se les asignó una fruta. La maestra voluntaria explica que una vez que los niños hayan terminado de hacer sus frutas, éstas se pondrán a secar al sol; en equipo construirán un frutero gigante en el que más tarde se colocarán las frutas de barro pintadas, “aunque sin cocer, porque no tenemos un horno”. Al lado, otro grupo de niños de la mano de Adelita construyen móviles con coloridos limpiapipas.

En otra parte Gustavo está haciendo un atrapa-sueños. Gustavo dice que colgará su trabajo en la ventana de su casa para que no entren los malos espíritus a su habitación y entonces no le causen pesadillas; otros niños curiosos se acercan y contentos muestran sus manualidades. Por otro lado, Adelita les explica que en muchas culturas se cree que la función de los atrapa-sueños es la de filtrar los sueños de las personas; purificándolos y dejando pasar sólo aquellos que son positivos. “Los sueños que los niños recordarán”, dice, “serán aquellos que bajarán por los limpiapipas. Por otro lado, las pesadillas quedan atrapadas en una pequeña piedra que a la mañana siguiente cuando sea tocada por la luz del sol, se quemarán para que no se cumplan”.

Al recorrer las dos casas en las que los niños trabajan, se les puede ver contentos, jugando y aprendiendo al mismo tiempo, construyendo sus sueños, descubriendo sus fortalezas y dando cumplimiento—de forma inconsciente—a la misión de Ojalá Niños. Tres de los muchachos—ya adolescentes—han estado en la casa de Norby desde que llegó a la comunidad en 2007. Ahora crean trabajos en vitral; manualidades que venden en La Abeja en la calle de Correo y en el Mercado Orgánico—que se instala los sábados en Ancha de San Antonio. El 80 por ciento de la venta de sus productos es para ellos y el 20 por ciento se va a su caja pues funcionan como una pequeña cooperativa. Ello cumple otro de los objetivos de Norby: “resucitar el paradigma de las cooperativas y no la del corporativismo”.

Ojalá en forma

En el mes de enero, se formó una nueva mesa directiva para la organización y actualmente la dirección ejecutiva está encabezada por Irma Rosado, ex-directora del Organismo de Vinculación con Organizaciones no Gubernamentales del Municipio. La tesorería quedó en manos de David González, quien se encargará de administrar sanamente los recursos de los donadores.

González explica que el primer logro de esta nueva mesa directiva acaba de suceder, y fue el de comprar 450 metros cuadrados de tierra que se encuentran al lado de la casa de Elsmarie y que ella siempre quiso adquirir con la intención de construir un centro comunitario y de aprendizaje para los niños de la comunidad. En ese espacio, se instalaría desde una sala de cómputo, hasta una biblioteca y un comedor; también se incluiría un teatro y los talleres podrían estar abiertos a adultos. Actualmente sólo se ha pagado la mitad del terreno y la organización está buscando fondos para cubrir la segunda mitad.

Norby asegura que ha dispuesto que no sólo el terreno sea propiedad de Ojalá Niños Foundation, sino también su misma casa, pues “cuando muera mi casa pertenecerá a Ojalá, y así el centro será mas grande”.

Para participar en la organización con su tiempo, talento o financiamiento contacte a Irma Rosado en direccionojalaninos@gmail.com o visite www.ojalaninos.org.

 

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