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El Santo Entierro, una procesión de luz y oscuridad

Por Jesús Aguado

Es la procesión más importante y simbólica de todas. Sale del templo del Oratorio a las 5pm el Viernes Santo (03 de abril) y recorre las calles de Pepe Llanos, Juárez, San Francisco, Plaza Principal, Relox, Mesones, Pepe Llanos y entra al templo de nueva cuenta. El padre Josué Alejandro Perales del Oratorio, explicó el significado espiritual de este evento.

La procesión sale del Oratorio cuando aún hay luz de día y regresa cuando ya ha caído la noche. Esto tiene un sentido teológico, pues cuando muere Jesucristo cuenta la escritura que el cielo se oscureció debido a que la luz—Jesús—que fue arrebatada y trajo penumbra. La luz se va apagando conforme avanza la procesión. El recorrido es encabezado por acólitos y una cruz alta. En el caso del Santo Entierro es encabezada por el Cristo de la Expiración, que es bajado del altar mayor del Oratorio y representa que lo que está a punto de suceder es voluntad de Dios. Posterior al Cristo aparece una legión de romanos, que representa a los dos soldados romanos que resguardaban la tumba de Jesús, colocados ahí para evitar que los apóstoles robaran el cuerpo.

La cuarta etapa consiste en el paso de un grupo de niñas vestidas de angelitos quienes van perfumando el camino con manzanilla y mastranzo. Estas dos plantas, de acuerdo con el padre Josué “simbolizan la presencia de Dios, y van limpiando el camino. Las plantas que arrojan al piso representan la amargura de la pasión de Cristo, pero también representan la salud, ya que son medicinales, son plantas que alivian, destilan un aroma de paz y tranquilidad, se pisan, se destrozan, esa es la pasión pues Cristo tuvo que ser maltratado, pero siempre dan un aroma suave, sabroso, saludable”. Aparecen entonces niñas que cargan en andas ángeles pequeños (que se cree son los que se usaron originalmente en 1713) son cinco, en el pasado cada uno cargaba una insignia de la pasión (escalera, cruz, lanza, esponja, lavamanos y cofaina). Seguidos vienen ángeles de tamaño natural llevan: “el cáliz de la amargura, el silicio con el que fue azotado el Cristo, la corona de espinas que trenzaron los romanos para burlarse de Jesús, otro ángel lleva la Verónica (el verdadero rostro de Dios) plasmado en un lienzo, y el último trae los clavos y el martillo”.

Cargada por 36 hombres aparece entonces una urna con el cuerpo yacente de Jesús. Tras ésta, bajo palio aparecen tres sacerdotes, quienes en cada estación (parada) de la procesión rezan e inciensan la urna. Posteriormente aparecen un coro de niños, la orquesta y un coro de varones quienes cantan el Cristus Factus, composiciones hechas por el padre sanmiguelense José María Correa especialmente para la Semana Santa. Con un manto de aproximadamente 12 metros de largo y seis de ancho, cargada por 24 mujeres viene la Virgen de la Soledad, “una imagen preciosa, con un rostro de dolor pero no agresivo que demuestra tranquilidad”. Las mujeres solteras cargan el manto de la Virgen y las casadas llevan en andas la imagen. La procesión continúa con la imagen de San Juan, el único de los apósteles que acompañó a Jesús hasta la cruz “su cara está viendo al oriente, de donde vendrá el Salvador”.

La Magdalena aparece detrás de la imagen de San Juan, sus manos cubren su rostro. “La tradición ha considerado que es la mujer adúltera, a quien Jesús liberó de siete demonios (los siete pecados capitales) pero no se asegura si era o no prostituta. Fue tan santa, que es la primera a quien Jesús se aparece después de haber resucitado” dice el padre Josué. La procesión concluye con los Santos Barones, Nicodemo y José de Arimatea, que son los hombres de que bajaron a Jesús de la cruz. Uno de ellos lleva un pergamino, pues se dice que él tenía poder entre los romanos y a través de un documento pidió que el cuerpo del hijo de Dios le fuera entregado.

Historia de la procesión

El templo del Oratorio, era antes de 1712 únicamente una capilla de indios, en la cual se adoraba a la Virgen de la Soledad y al Señor de Eccehomo. Debido a que había en la Villa de San Miguel el Grande, numerosos grupos de indígenas que deseaban conocer a Dios, el padre Pérez Espinosa llegó a San Miguel para impartir pláticas de cuaresma un 10 de abril de 1712 y fue tanto el cariño que sintió por los indígenas que decidió quedarse. Así el 2 de mayo de 1712 se fundan la Congregación y el Templo del Oratorio. Para explicar el significado de la Semana Santa a los indígenas, el sacerdote comenzó a recrear las catequesis barrocas –transmisión del mensaje del evangelio por medio de imágenes conmovedoras, sangrientas y con ropajes amplios y vistosos—para causar un mayor impacto en las personas. El padre tenía una secuencia de la pasión de Cristo y realizaba once estaciones, incluyendo el Domingo de Ramos. Como característica es que todas las representaciones eran hechas con imágenes. El Santo entierro representa la sepultura de Jesús, que fue adaptada a la cultura de los nativos.

 

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