Chelo Agundis, “Mi Vida es mi Farmacia”

Por Sandra Ríos

 

Chelo Agundiz

Consuelo Agundis, mejor conocida como Chelo, es una mujer llena de vida que a sus 80 años de edad, sigue siendo una apasionada del trabajo y orgullosa de su familia y sobre todo muy querida por la gente que iba a consultarla a su farmacia. Comprometida con la comunidad sanmiguelense fue invitada en el 2009 para posar en un calendario llamado “Las Dueñas” en donde participaron algunas empresarias de San Miguel de Allende para recaudar fondos y dar atención médica a niños que están perdiendo la vista.

Sandra Ríos: ¿De dónde eran sus papás y en dónde nació usted?

Chelo Agundis: Soy de San Miguel de Allende, mi padre era de San Luis Potosí y mi mamá de Morelia, ambos llegaron a San Miguel en los años ‘30s, aquí se conocieron, se casaron y tuvieron a todos sus hijos.

SR: ¿Cómo fue su infancia y adolescencia en San Miguel?

CHA: Los años cincuenta y cuarenta fueron una época de oro muy bonita, salíamos a la calle y todos nos conocíamos y saludábamos. El transporte más usado era el burro y todas las calles tenían un empedrado muy bonito, hasta se podían ver las hileras de piedritas, incluso en la explanada de la Parroquia el piso era así. Las calles eran como el patio de nuestra casa. En el Jardín todos los domingos había serenata y las mujeres dábamos vueltas alrededor del parque hacia la derecha y los hombres hacia la izquierda, para que en cada vuelta nos encontráramos y nos saludáramos, si a un muchacho le gustaba una muchacha le regalaba una gardenia en una de esas vueltas.

SR: ¿Cómo fue que empezó a trabajar en la farmacia Agundis?

CH.A: Todas mis hermanas se casaron como a los 15 años y se iban de la casa, pero yo empecé a los 15 años a trabajar en la farmacia con mi papá el Dr. Jesús Agundis, aunque antes practiqué durante un año en la farmacia del químico Don Pepe y Lupita Vega, ya que antes las medicinas se preparaban. Mi papá recetaba fórmulas y nosotros mismos las elaborábamos con morteros, probetas y básculas. Duré 64 años trabajando y nunca dejé de ir a trabajar. Mi papá en los años cincuenta era el doctor de la Fábrica la Aurora, los bancos, las telefonistas, del hospital, de salubridad y la maternidad, también hacía muchas cirugías, era muy buen médico y también un magnífico partero, desde las 8 de la mañana daba consulta y yo siempre estaba detrás de él, tanto en el hospital o en las visitas de urgencia a las casas o a los ranchos, y le ayudaba a suturar las heridas, en el hospital siempre le preguntaba que tenían los enfermos y que tratamiento les iba a aplicar.

SR. Cuéntenos sobre sus esposos, ¿Cuántas veces se ha casado?

CHA: Este es mi quinto matrimonio. A los 23 años me casé por primera vez, siempre seguí trabajando en la farmacia y viviendo con mis maridos e hijos en la casa de mi padres.

Mi primer esposo se llamaba Luis y era dentista, duré tres años con él y tuvimos dos mellizos, tuvo un accidente en el que falleció cuando iba hacia Querétaro con unos amigos suyos en un pequeño coche Fiat, no vieron un camión que estaba parado en la carretera y pasaron debajo de él, pocos días después murió en un hospital de Querétaro y fue el único que falleció del grupo que iba en el automóvil. Me volví a casar con el papá de todos mis hijos y duré 13 años con él hasta que falleció también en un accidente. Posteriormente vuelvo a casarme y mi esposo fallece en otro accidente. Mi cuarto marido era de Irapuato y tenía farmacias allá, un día al cruzar la glorieta del Pípila (que en aquél entonces no era glorieta) un camión lo atropelló y ahí falleció.  Ahora nuevamente me casé el año pasado, es mi quinto esposo y le gusta mucho cantar.

SR: ¿Cuántos hijos tiene usted?

CHA: Seis hijos, primero mis dos mellizos y luego los otros cuatro con mi segundo marido.

SR: ¿Cómo hacía para ir a la farmacia todos los días ya con hijos?

CHA: Mi mamá me los cuidaba y después las nanas, que por cierto eran muy exigentes. Estando embarazada iba a trabajar hasta el último día en que entraba en labor de parto. No me despegaba nunca de la farmacia.

SR: Actualmente la farmacia Agundis está cerrada, ¿a qué se debe?

CHA: Así como mi papá me regaló la farmacia y la casa en vida, decidí regalarle igualmente la farmacia y casa a mi hijo Roberto y trabajábamos muy bien juntos hasta hace un año que empezó a dolerme una pierna y como subía mucho las escaleras para ir por los medicamentos controlados en la farmacia, tomé un descanso para rehabilitarme y así estuve durante casi un año, hasta que mi doctor me sugirió operarme para lograr componerme del todo, eso fue en noviembre del año pasado. En ése momento, Robert ya no quiso quedarse a trabajar en la farmacia y decidió vender la casa y farmacia. Él es biólogo químico y le gustaría desarrollar su carrera en otro lugar, y yo lo apoyo ya que primero están los hijos.

SR: Y ahora ¿qué planes tiene?

CHA: Primero estar bien de mi pierna y después abrir una pequeña farmacia, porque estoy acostumbrada a trabajar y levantarme temprano, extraño mucho a mi gente. Ése es mi sueño, aunque pase un año más, pero si la quiero poner.

SR: ¿Le gustaría agregar algo más?

CHA: Que quiero mucho a toda mi gente de San Miguel, yo no podría vivir en ninguna otra parte del mundo más que aquí. Porque sales al jardín, al parque o caminas por las calles y mucha gente te conoce, aunque no tanto como en tiempos pasados pero sigue siendo nuestro pueblito. Tengo ochenta años y me gustaría vivir unos 20 años más.

 

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