La muerte anda suelta

Por Antonio De Jesús Aguado

En los aparadores de la ciudad, fijamente las calaveras observan a los paseantes desde sus nichos. Al pasar me sentí observado y por eso, antes de que decidieran invitarme a su mundo, las invité a dar un paseo por la ciudad; un paseo para que expandieran sus sentidos, la vista sobre todo, a ver el mundo que a veces no es visible para los vivos.

La Catrina, fue originalmente un grabado que realizó el artista  hidrocálido José Guadalupe Posada (1852-1913. Antes de ser Catrina, a la imagen de la muerte vistiendo un sombrero vistoso, se le llamó “La Calavera Garbancera”, haciendo alusión a personas que vendían garbanzo y además tenían sangre indígena pero pretendían ser europeas, aunque eran pobres y querían aparentar un estilo de vida distinto al que tenían. La calavera está originalmente desnuda y es una burla a la pobreza extrema en la que vivían los mexicanos de la época.

El muralista Diego Rivera se aprovechó de la imagen y le agregó un vestuario extravagante en su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” y la bautizó como catrina, imagen que sigue siendo una burla a la clase alta del Porfiriato (1876-1911).

Agradecimientos al bazar Santiago Apóstol (calle Relox), Casa Benito (Relox, esquina Mesones), Ono (Plaza Principal), Casa Michoacana de calle Mesones y La Tienda de la Biblioteca; por facilitar las estatuillas.

 

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