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El Charco del Ingenio es nuestro cañón, es nuestro santuario

Texto y fotos por Antonio De Jesús Aguado

En las montañas de San Miguel se encuentra un tesoro natural—ahora protegido—en el que el gran cañón guarda un río de temporal; santuario para aves, reptiles y plantas. La zona que se extiende en un espacio de 66 hectáreas, es ahora un Área Natural Protegida por la federación.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), dependencia de la SEMARNAT (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales) ha declarado como Área Natural Protegida una superficie de 380 hectáreas, dentro de las que se encuentra El Charco del Ingenio que comprende una superficie de 66 hectáreas, propiedad del Jardín Botánico; el área protegida también incluye la zona federal de humedales formado por la presa de las Colonias y el Obraje así como la cañada del Charco. La certificación es por 99 años. César Arias, presidente del Charco del Ingenio A.C.,  mencionó que con esta certificación, el Charco ha obtenido un compromiso más fuerte, no únicamente ante el municipio o el estado, sino con la federación para conservar el área, manteniendo el uso comunitario de ésta y continuar con los programas educativos.

Arias agregó que el proceso de certificación—voluntaria—de este santuario fue muy rápida debido al arduo y constante trabajo de conservación y documentación de los recursos naturales del área durante 23 años. Agregó que el Jardín Botánico tiene, después de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), la segunda colección de cactáceas y suculentas más grande del país (560 especies). El presidente de la organización agregó que ésta certificación voluntaria implica el compromiso de la organización para conservar el sitio, y no recibe fondos del gobierno, sino de la iniciativa privada.

El inició que marcó este logro

Durante la época de la colonia, el cañón del hoy denominado Charco del Ingenio, era un área poblada de manantiales que más tarde, y debido a la perforación de pozos, se fueron secando y únicamente quedó un pequeño manantial—charco—de donde viene el nombre de la zona. Arias indica que al lugar se le dio el nombre gracias al pequeño manantial que se encuentra en el fondo de la cañada y que tiene agua todo el año. Además porque en la época de la colonia, a todo aprovechamiento de agua se le llamaba ingenio; y en este espacio, el líquido se aprovechó para construir un batán—batidor—que usaba la fuerza de la corriente  del “ingenio” para golpear y lavar lana o triturar granos.

Arias indica que San Miguel está construido sobre siete  cañadas, entre las que se encuentran la de La Lejona, El Parque, Valle del Maíz, el Mercado, Atascadero, la que está cercana al CBtis, y la del Charco del Ingenio. En 1989, un grupo de ciudadanos, entre los que se incluyen el propio Arias, Bob Hass y Mario Mendoza, entre otros; tuvieron la iniciativa de proteger esta belleza natural que no había sido alcanzado por el desarrollo urbano que se encontraba creciendo desordenadamente. A través de organizaciones civiles y de la iniciativa privada, lograron recaudar el dinero suficiente para poder comprar “los primeros girones” que ahora conforman las 66 hectáreas. “El objetivo era conservar este sitio que guarda un tesoro natural, histórico y paisajístico” dice Arias, además de que la zona era usada como agostadero y estaba devastado.

Una vez que lograron comprar las 66 hectáreas, la asociación civil comenzó a hacer terrazas para evitar la erosión del suelo, después comenzaron a plantar fauna nativa, además inició la colección de cactáceas y suculentas y la fauna se recuperó por sí sola en el territorio.

El 11 de junio de 1991, no únicamente se produjo un eclipse que cubrió el sol por unos minutos, también fue la fecha y la hora en la que con una ceremonia autóctona se daba inicio a una nueva era en la zona alta de la ciudad; pues fue el día que los miembros del Charco eligieron para abrir la zona al público. Se invitó a los capitanes de danza de diferentes comunidades, realizaron una ceremonia en la que se invocó a los ancestros a los cuatro puntos cardinales, y se fundó una cruz de conquista.

La Santa Cruz, que se celebra cada 11 de julio en el Charco, fue colocada en la Plaza de los Cuatro Vientos de la zona protegida, en donde, debido a que no había notario—para seguir la costumbre mesoamericana—el hecho del eclipse, en el que la luna cubrió al sol, está grabado sobre piedra. Fue una conquista para los indígenas, dijo Arias, quienes fueron despojados de este lugar durante la colonia para construir la zona industrial de la época, y ahora se les estaba devolviendo.

La parte legal

Arias, que ha estado al frente de la organización desde su fundación, logró que por unanimidad el Ayuntamiento declarara en 2006 al Charco del Ingenio y otras 300 hectáreas como Zona de Preservación Ecológica y que se estableciera una zona de amortiguamiento de 300 metros, en la que las construcciones que se hagan deben ser únicamente de un piso, densidad habitacional baja; los propietarios deben respetar y cuidar la flora y fauna nativa así como evitar la excesiva introducción de flora exótica; los terrenos en la zona de amortiguamiento deben tener una medida promedio de mil metros cuadrados. Durante la administración 2009-2012, se emitió el Reglamento para la Zona de Preservación Ecológica y las Zonas aledañas, que debe ser observado no únicamente por los desarrolladores sino por el municipio. Aunque el área natural protegida actualmente abarca más de 380 hectáreas, únicamente 66 están bajo resguardo de la asociación civil, por ello, César Arias indicó “que el gobierno local se encargue de respetar y preservar la zona de amortiguamiento y el resto de las hectáreas, nosotros nos encargaremos de lo que nos corresponde.

Una visita

Al entrar al Jardín Botánico o Charco del Ingenio, los visitantes  son recibidos por enormes suculentas y todo tipo de cactus y arbustos. El recorrido está marcado por senderos y éstos llevan hasta la Presa de las Colonias, que en tiempo de lluvia escurre agua—proveniente de los Picachos—que a la vez alimenta el cañón y la Presa Allende.

El humedal de la presa es santuario de tortugas y todo tipo de peces y plantas. Mientras tanto, el agua sigue su ruta y llega a cascadas naturales a las que los amantes de este refugio pueden acceder a través de enormes rocas. Pueden observar lo mismo reptiles reposando sobre piedras, que mariposas revoloteando sobre las flores; golondrinas y palomas que  no únicamente cantan, sino que sobrevuelan la zona. Se puede disfrutar de una espectacular vista de la ciudad, que se acompaña con el ruido del agua que fluye sobre el arroyo—durante el tiempo de lluvia.

Actualmente, ambientalistas, ciudadanos y miembros de asociaciones civiles están trabajando con el gobierno del estado con el objetivo de lograr un nombramiento oficial de los volcanes de Támbula y los Picachos, además de la presa Ignacio Allende como Zona Natural Protegida, en un área de 34 mil hectáreas. El proceso será largo, dijo Arias, sin embargo el gobierno ya ha contratado a biólogos e historiadores que se encuentran realizando los estudios correspondientes para la determinación. En un año, podría tenerse una respuesta.

 

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