Escenas Marianas de Miguel Cabrera

By  Jesús Ibarra

Las historias de la Historia

Miguel Cabrera fue un pintor novohispano, considerado uno de los máximos exponentes de la pintura barroca del virreinato. Nació en Oaxaca en 1695, de padres desconocidos y ahijado de una pareja de mulatos. El tema mariano, concretamente la Virgen de Guadalupe, ocupa gran parte de su obra. De mayo a septiembre, Banamex presenta en San Miguel de Allende, a través de Fomento Cultural Banamex, una selección de 25 obras de Miguel Cabrera y otros artistas novohispanos, que se distinguieron en la segunda mitad del siglo XVIII por plasmar en sus obras distintas advocaciones marianas, bajo el título de “Escenas Marianas de Miguel Cabrera”, en la Casa del Mayorazgo de la Canal, en la calle Canal.

“Escenas Marianas” plasma las influencias del estudio que, entre 1751 y 1753, realizó Miguel Cabrera al ayate de Juan Diego con la imagen de la Virgen de Guadalupe, que había suscitado gran interés entre los pintores de la época, por conocer las circunstancias de su factura y de su técnica. Este tratado fue publicado por Cabrera en 1756 con el título Maravilla Americana y conjunto de raras maravillas observadas en la prodigiosa imagen de nuestra señora de Guadalupe de México. Está compuesto por ocho párrafos en los que Cabrera pone de manifiesto las cualidades y valores pictóricos del lienzo guadalupano e incluye las opiniones de los artistas José de Ibarra (maestro de Cabrera), Manuel de Osorio, Juan Patricio Morlette Ruiz (sanmiguelense), Francisco Antonio Vallejo, José de Alcíbar y José Ventura Arnáez. Las obras de algunos de ellos también se pueden apreciar en la exposición.

“Escenas Marianas” incluye una Guadalupana pintada por el propio Cabrera; representaciones de las cuatro apariciones de la Virgen a Juan Diego, también de Cabrera; cuatro pinturas de distintas advocaciones marianas, realizadas respectivamente por José de Ibarra, Juan Patricio Morlette Ruiz, Francisco Antonio Vallejo y José de Páez; un díptico incluyendo dos pinturas de Cabrera, representando los esponsales de la Virgen y la Anunciación; y una serie de catorce óleos de Cabrera, representando diferentes etapas en la vida de la Virgen incluyendo una Inmaculada Concepción.

Elementos Iconográficos

La historiadora Graciela Cruz, directora de la Casa del Mayorazgo de la Canal, dijo que algunas de las características comunes que distinguen esta corriente artística de otras corrientes barrocas es que el dibujo es mucho más fino, la paleta de colores mucho más reducida y los puntos de luz enfocados en los rostros de las imágenes.  Explicó también la iconografía de algunas de las obras. La Inmaculada Concepción, de Juan Patricio Morlette, incluye elementos de la letanía mariana como la luna a sus pies y las estrellas que coronan su cabeza. La Dolorosa, de José de Páez, tiene elementos pasionarios o improperios, como son la Santa Faz de la Verónica y las siete dagas que representan los siete dolores de la Virgen; La Virgen del Apocalipsis de José de Ibarra, comparte características iconográficas de la Inmaculada Concepción, como las doce estrellas que la coronan. Cruz explicó que la Guadalupana ( de la cual se exponen dos pinturas,  la de Cabrera y otra de Francisco Antonio Vallejo) tiene también elementos iconográficos de la Inmaculada como la luna sobre la cual está parada y los rayos que la coronan, así como las manos unidas sobre el vientre. Otro elemento iconográfico que llama la atención es el de los Esponsales de la Virgen, de Cabrera (una de las obras del díptico, procedente de la Iglesia de La Profesa, en la ciudad de México), es que la túnica del rabino que desposa a José y a María, tiene ojos humanos que representan la omnipresencia divina de Dios.

Maravilla Americana

Según Cruz, Miguel Cabrera escribió el tratado conocido como la Maravilla Americana, a partir de un análisis realizado a través de una calca del lienzo guadalupano original, hecha con papel de cera, en donde manifiesta los trazos e imprime obras de la Guadalupana para las principales iglesias de la Nueva España, las cuales son conocidas como “obras tocadas al original”. En San Miguel hay obras de ese tipo, como la Guadalupana, original de Miguel Cabrera, que está a un costado del altar en el Oratorio.

En la Maravilla Americana, Cabrera hace el siguiente análisis:

En el primer párrafo asegura que el ayate o lienzo en que está pintada la Guadalupana, es de dos piezas iguales unidas por un hilo de algodón muy delgado y frágil, incapaz de resistir cualquier violencia. Sin embargo, dice Cabrera, el hilo ha resistido “por más de dos siglos la fuerza natural, peso o tirantes de los dos lienzos que son de género, por su naturaleza, pesados”.

Según Cabrera, la tela en que está impresa la imagen, es un tejido burdo vulgarmente llamado pita, que sacaban los indios de unas palmas nativas, y con los cuales hacían sus mantas, llamadas aytl en su idioma natural, castellanizado como ayate.

En el tercer párrafo, el artista asegura que el lienzo carece de aparejo, como consta en la declaración del análisis previo hecho en 1666, en donde se afirma que viéndolo por el envés, se pueden admirar todos los colores que se admiran en el haz, de donde necesariamente se infiere la total falta de aparejo. Asegura Cabrera que si tuviera aparejo sería imposible ver los colores transportados al reverso del lienzo.

Describe, en el párrafo cuarto, el dibujo de la Guadalupana como “singular y perfectamente acabado, manifiestamente maravilloso, con una bellísima y agraciada simetría”. Afirma que la Virgen está representada como una niña de catorce años, como es descrita en la historia de sus apariciones a Juan Diego.

El quinto párrafo se refiere a que la imagen de la Virgen está hecha con cuatro clases diferentes de pintura: el rostro y las manos están pintados al óleo; la túnica, el ángel y las nubes que le sirven de orla, al temple; el manto, al aguazo; el campo sobre el cual caen y terminan los rayos se perciben como pintura labrada al temple. Esto para Cabrera, es una “maravillosa y nunca vista combinación”.

En el párrafo sexto, Cabrera menciona que el oro con el cual está adornada la imagen, aunque a simple vista parece sobrepuesto, está tan bien incorporado a la tela, que parece estar tejido con el mismo lienzo, asegurando que estas características sólo se pueden dar en una imagen sobrenatural.

En el séptimo párrafo, Cabrera responde a las objeciones que se habían puesto a la imagen, entre las cuales están tener la pierna izquierda más corta, lo que el artista atribuye a la perspectiva que le da el movimiento y actitud de la Virgen; que las manos de la Virgen están desproporcionadas respecto a su cuerpo, lo que el pintor refuta diciendo que las manos tienen la misma medida que el rostro; que el hombro derecho se sale de la simetría, lo refuta diciendo que lo midió cuidadosamente y que concluyó que sí guarda las proporciones de la simetría.

En el último párrafo describe la imagen en detalle y concluye sobre las proporciones y belleza del rostro, asegurando que incluye “hermosura, suavidad y relieve” y alaba la belleza de sus ojos, nariz y boca.

La Maravilla Americana se puede consultar completa en:  http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01593963102364951882257/index.htm.

 

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